La Guadalajara que revolucionó a Buero Vallejo

El Archivo Histórico Provincial remarca el contexto político y social de la Guadalajara en la que creció el dramaturgo, con una exposición y una conferencia. • El historiador Juan Pablo Calero reivindicó “la generación del 36” conformada por Buero, Garciasol, Herrera Petere y Lera. 


El Buero más guadalajareño es, también, el Buero más concienciado y comprometido, el escritor en ciernes que se desenvuelve en un ambiente académico republicano y que publica en periódicos de izquierda revolucionaria, que antes que dramaturgo es un joven que hace gala de un compromiso por cambiar las cosas que llevará también a los escenarios a lo largo de su laureada trayectoria.

El Archivo Histórico Provincial de Guadalajara rindió homenaje ayer a la figura de Antonio Buero Vallejo poniendo el acento en la infancia y en la primera juventud para subrayar los lazos con una Guadalajara prerrepublicana que marcó al futuro escritor con una inclinación por la literatura y por la política que permanecerían ya a lo largo de su vida.

La doble propuesta, con la inauguración de una exposición y con una conferencia del historiador Juan Pablo Calero, sirvió para una suerte de puesta de largo del programa de actos del centenario de Buero que ha impulsado la Junta -cabe recordar que también el Ayuntamiento y la Diputación han diseñado sus propios programas-. A la cita acudieron el viceconsejero de Cultura, Jesús Carrascosa, la viuda y el hijo del escritor, Victoria Rodríguez y Carlos Buero, el concejal de Cultura del Ayuntamiento, Armengol Engonga, y una amplísima representación de cargos públicos socialistas, entre otros ediles y diputados.

Los manuales de texto académicos que estudió el futuro Premio Cervantes nacido en la Alcarria, los dibujos que publicó en un programa de festejos de la Guadalajara republicana, la impronta de la Academia de Ingenieros y del instituto de una ciudad que se puede recorrer en un montaje 3D (imaginen un Google Earth para un urbanismo de los años treinta) o algunos programas de mano de sus obras son algunos de los materiales que ofrece la muestra ‘Guadalajara, siempre al fondo’, hasta el 23 de diciembre el Archivo, en su sede de Julián Besteiro.

El recorrido tiene cuatro paradas que refuerzan el vínculo del escritor con la ciudad como vecino, estudiante, joven comprometido y dramaturgo. No está todo el Buero alcarreño, pero sí muchas muestras poco conocidas de ese vínculo siempre controvertido. “Es una exposición intensa, muy recogidita y significativa de lo que fue Buero en Guadalajara”, aseguró el director del Archivo, Rafael de Lucas, para quien los actos organizados por esta institución, la Asociación de Amigos del Archivo y el Instituto Brianda de Mendoza tiene como objetivo “mostrar a ese Buero niño que se hace hombre en Guadalajara, que aquí se ideologiza y llega a ser el gran dramaturgo que es”.

Entre los fondos, algunos que incluso han sorprendido a la familia. “Ha sido muy emocionante, hay algún aspecto de su vida que estaba fuera de nuestro conocimiento, que me ha sorprendido a mí de manera biográfica y existencial y que si me aporta a mí de nuevo, lo será absolutamente también para todo el mundo”, reconoció el hijo, Carlos Buero Rodríguez, en un arranque de la cita en la que el viceconsejero Carrascosa remarcó la prioridad de la Junta por “promocionar a uno de los nuestros, que siempre luchó por la libertad y porque la cultura ayudase a transformar la sociedad”.

Reivindicación de la Generación del 36

En la primera de las conferencias que ha convocado el Archivo en su ciclo para profundizar en la figura del dramaturgo, el historiador Juan Pablo Calero se encargó de repasar los vínculos de infancia y juventud de Buero con una Guadalajara marcada por la impronta de la Academia de Ingenieros y de unos círculos intelectuales que anticiparon la reforma educativa de la República en Guadalajara en los años veinte.

Calero, que empezó reconociendo que “hubo frialdad en el trato entre las autoridades, fuerzas vivas y la cultura de la ciudad” con Buero, remarcó la influencia del padre del escritor, Francisco Buero García, pero también la menos comentada de la madre, María del Carmen Cruz. Repasó la primera afición por la literatura y el teatro que por vía familiar heredó el futuro escritor, pero se detuvo sobre todo en la impronta que tenía la Academia Militar en la ciudad y en el ambiente que se vivía en los círculos intelectuales, a los que un jovencísimo Buero accede una vez que ingresa en el instituto.

Guadalajara fue laboratorio de la escuela de la República”, subrayó Calero en referencia a que un grupo de profesores experimentaron en esta provincia y en la vecina de Cuenca muchos de los métodos que luego imprimirían, a veces ya desde el gobierno, en la reforma educativa de los años treinta. En ese ambiente creció el Buero que se comprometió políticamente y que publicó sus primeros dibujos y escritos en periódicos de izquierdas.

Pero, sin duda, fue mucho más apasionado en la recta final, cuando reivindicó el nombre de Buero ligado al de otros tres autores de su misma generación, su amigo Ramón de Garciasol, el también poeta Herrera Petere y el no tan conocido Ángel María de Lera. “Tengo que pedir por favor que se reivindiquen, no un día o dos sino para siempre, el recuerdo de estos cuatro autores, de cuando Guadalajara fue tan importante”. Calero insistió en que nunca como en la Generación del 36 el peso de unos autores nacidos en la provincia tuvo tanta importancia.