Sara Baras: zapatos que hablan

Por tres veces, el teatro Buero Vallejo se puso en pie la noche del viernes para ovacionar a Sara Baras y su compañia en su espectáculo 'Voces', que anoche agotó entradas en Guadalajara. • El montaje, de casi dos horas, enmarcado dentro de los actos del IV Centenario de Cervantes, es un homenaje a maestros del flamenco como Morente y Paco de Lucía.


De la tristeza surge la alegría. Así es 'Voces', el último espectáculo de la bailaora gaditana Sara Baras que anoche agotó entradas en el Buero Vallejo, puesto en pie por tres veces para ovacionar la maravillosa puesta en escena que regalaron desde el escenario Sara Baras, el bailarín invitado, José Serrano; el cuerpo de baile, de toque y de cante. Porque 'Voces' reúne todo cuanto el flamenco puede ofrecer. 

'Voces' es un espectáculo de casi dos horas, muy completo desde el punto de vista artístico y lleno de fuerza, empapado de puro sentimiento. En 'Voces' hay amor por quienes se fueron demasiado pronto y dejaron un hueco muy grande, maestros que contagiaron a Sara Baras la pasión por la música y el baile. Desde el cantaor Camarón de la Isla, cuyo homenaje abre el espectáculo, a Moraíto Chico. "Desde la libertad de un corazón flamenco nace 'Voces", se oye como prólogo en la voz en off del periodista almeriense Carlos Herrera; de la partida inesperada de Paco de Lucía a los 66 años hace dos años, como ha confesado la propia Sara. De la admiración, del profundo respeto a los genios. Pero en este recorrido, no hay tanto tristeza como sentimiento y corazón. Y agradecimiento. Porque de Camarón, Antonio Gades, Enrique Morente o Moraíto sigue bebiendo para alimentar sus propias raíces. 

Esas voces que sirven de hilo conductor al espectáculo sirven también para dar aliento a Sara Baras y a su compañía en cada paso, en cada taconeo, en cada cante -fantástico el trío de voces de Rubio de Pruna, Miguel Rosendo e Israel Fernández-, en cada rasgueo de guitarra de Andrés Martínez y Keko Baldomero, director musical, que ha compuesto una banda sonora llena de belleza.

Mecida siempre por la presencia omnipresente de los retratos-espejos de los maestros flamencos, Sara Baras enciende la llama con una 'Canción de amor' de Paco de Lucía y sigue, acompañada con su cuerpo de baile, la Bulería de Chabo. Se oye entonces la voz en off del guitarrista: "el mar ha sido y sigue siendo muy importante para mí... como el que va buscando una droga o una medicina...". Y fluye la música. Una seguidilla que baila y taconea, con mucha complicidad, junto al bailarín José Serrano, su marido y artista invitado. Los primeros aplausos se suceden y ya no acabarían, salpicando cada número. "El flamenco es amor", dice entonces Camarón. "Y aunque sea amor y el amor es una pena... todo es pena y alegría. El flamenco no tiene nada más que una escuela, transmitir o no transmitir..."

Sara regala entonces por tarantas un número lleno de luz y elegancia, enfundada en un vaporoso vestido blanco que florece en cada giro.

Después, un intermedio gratificante donde el cuerpo de baile homenajea al bailarín Antonio Gades. Sus palabras sobre la técnica y la exigencia y la necesidad de transmitir sentimientos y la obligación, por dignidad, de sacarse el máximo provecho a uno mismo inunda la escena. Aparecen 'Las Cármenes': tres mujeres con vestidos rojos, un cuadro de pasiones, amor, sexo y muerte donde al final suena el Romance del Negro del Puerto, cantado a capella, escalofriante, por Rubio de Pruna que se va envuelto en una oleada de aplausos.

Sara aparece de negro, en pantalón y entre espejos, para seguir homenajeando al maestro con una farruca acompañada únicamente por la guitarra de Keko Baldomero, dando una lección de zapateado. Después, en la recta final del número, se sumaría un trío de percusionistas que tiñeron el momento de sonidos étnicos embelleciendo aún más la propuesta, enérgica y llena de libertad. La misma que abanderó Enrique Morente para el flamenco, defensor de que el arte no debía tener cortapisas. Sus palabras sirvieron de prólogo a una alegre coreografía interpretada por el cuerpo de baile -primero por tientos- y por José Serrano después, en una soleá que transportó al público a una tarde de taberna en un tablao. Serrano, acompañado de los cantaores, bailó con libertad y con arrebatadora chulería en un número redondo, que levantó a muchos espectadores de sus butacas.  

En la recta final del espectáculo, "el necesario dolor que alegra el alma" y que pregona Moraíto Chico, "se transformó en fuerza..." Sara, vestida de verde en un traje de flecos, apareció para redondearlo todo con una soleá por bulería, llena de giros perfectos, braceos y vueltas de riñón. Como número final, se marcó una bulería junto a José Serrano y el resto de artistas. El teatro era ya una fiesta: ¡toma ya!, soltó al salir para recibir los aplausos.

La bailaora aprovechó entonces el micrófono para dar las gracias en este homenaje a los maestros, entre los que incluyó a Cervantes. 'Voces' se ha incluido en una gira por la región dentro de los actos del IV Centenario de la muerte del escritor, organizado por la Junta de Comunidades. Por este motivo, entre el público se encontraban la viceconsejera de Educación, Universidades y Educación, María Dolores López y la directora provincial de Educación, Cultura y Deportes, Rocío López, que destacaron "la enorme calidad artística del espectáculo" y el "éxito cosechado".  

Dieron fe de ello los piropos recibidos, los besos toreros lanzados desde el escenario, las sonrisas y el regalo final, un corto bis que dejó al público saciado por completo. Todos estuvieron soberbios. 

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