"Va a ser muy difícil que a los cómicos nos hagan callar"

El último Premio Max al Mejor Actor de Reparto es el actor de Yunquera, Joaquín Notario. • Con él charlamos de teatro, los clásicos y el oficio de actor, una profesión que "se queja demasiado poco con lo que está sufriendo, que es mucho", afirma. • Notario está de gira con 'El Alcalde de Zalamea', donde encarna a don Lope, papel que le ha valido el prestigioso premio de las artes escénicas, y acaba de estrenar 'Julieta', de Almodóvar.


La vida ha sido alguna vez sueño para Joaquín Notario. Volvió a serlo para este actor yunquerano el pasado 26 de abril cuando recibió el premio Max -el más preciado galardón de las artes escénicas en España- por un papel que conoce bien, el de don Lope de 'El Alcalde de Zalamea'. No oculta que este “premio tan maravilloso” se lo debe a Calderón de la Barca, el autor que “hace cientos de años escribió unos personajes maravillosos que me hacen tocar el cielo". Lo conoce bien. Ya fue Segismundo sobre las tablas y también don Pedro Crespo, el regidor del pueblo salmantino a donde dirige a sus soldados en este drama sobre el honor y la justicia.

El rostro menos conocido de esta edición de los Max -el resto de actores premiados fueron Pepe Viyuela, Aitana Sánchez Gijón y Julieta Serrano- ha intervenido en más de 30 montajes, es miembro de la Compañía Nacional de Teatro (CNTC) y ha sido dirigido por Helena Pimienta, Miguel Narros, José Carlos Plaza o Pilar Miró. En cine ha participado en casi 20 largometrajes trabajando a las órdenes de David Trueba, Carlos Saura, Fernando Colomo, Daniel Sánchez-Arévalo o Montxo Armendáriz. En su dilatada carrera como actor, ha sido el duque de Braganza en la serie 'Isabel'; Julio, el novio de juventud de Vicenta, la ama de llaves de 'La Señora' y últimamente, el padre de 'Julieta', la protagonista de la última película de Pedro Almodóvar.     

En esta entrevista, hablamos con Notario de teatro, del oficio de actor, de los clásicos y de ese Max que llega en un buen momento. En realidad, confiesa, "cualquier Max es bueno para que te llegue, pero creo que lo que es especial también es la obra". Con 'El alcalde de Zalamea' volverá a Madrid el próximo enero. Por delante, espera una gira, con parada en el Festival Internacional de Teatro de Almagro, pero no en Guadalajara. Esta ciudad, afirma, "es muy difícil para llevar este teatro. No he estado nunca ni con la Compañía Nacional de Teatro Clásico ni con el Centro Dramático Nacional. Digamos que con el teatro institucional no he estado nunca. Sólo he estado con compañías privadas. Pero tampoco hemos ido a Ávila, por ejemplo. Creo que sufren estar tan cerca de Madrid".

No oculta que 'El Alcalde de Zalamea' es una obra a la que tiene mucho cariño.

Son personajes que me tocan muchísimo y este personaje en concreto, don Lope, es un personaje que tenía muchas ganas de interpretar. Ya había hecho el alcalde hace unos años [en 2010, bajo la dirección escénica de Eduardo Vasco] y quería hacer don Lope porque don Lope y Pedro Crespo son como dos amigos inseparables.

Pedro Crespo es el actor Carmelo Gómez. La crítica dice que lo suyo en el escenario es “esgrima verbal”

Sí, son unas escenas muy potentes, de vértigo, y ningún día sabemos cómo vamos a hacer la escena. Salimos al escenario a ver qué ocurre con el otro. De ahí lo de la esgrima. La diferencia es que aquí sabes que nadie te va a matar y vas a caer en un colchón blando porque Carmelo es un actor muy grande y los dos nos entendemos muy bien en el escenario. Nos lo ponemos difícil para que el público se enganche. 

Aunque se trate de un clásico, la directora de escena Helena Pimienta ha dado una vuelta de tuerca a este Calderón.

Es una obra muy dinámica, con una escenografía muy esquemática, con canciones muy mediterráneas, del Sur de Europa, un montaje que busca tocar más por las sensaciones que por el lado visual, aunque visualmente tiene una estética muy concreta. Es una versión muy vertiginosa, impactante y la gente sale muy emocionada porque no tiene ni un segundo de respiro. Empieza con una tensión muy fuerte y se lleva hasta el final.

¿Qué le da Calderón, por el que confiesa sentir pasión?

Hacer un Calderón es ir sobre seguro. Creo que es un autor que pinta personajes como nadie, es muy muy grande. Es uno de nuestros tres grandes autores españoles y crea funciones y personajes de mucha profundidad. Tal es así que en Europa es más conocido como filósofo que como autor, asi que es un disfrute. Él siempre nos formula preguntas, estemos en la época que estemos.

Desde su puesto de observador privilegiado tras más de una década en la Compañía Nacional de Teatro Clásico ¿diría que los clásicos se asocian con el aburrimiento o por el contrario, percibe que al espectador sí le atrae este tipo de teatro?

Claro, claro que lo percibo. El Teatro de la Comedia, que hemos reinaugurado el pasado 16 de octubre con 'El Alcalde de Zalamea', colgó el cartel de 'No hay localidades' y continúa con el resto de funciones que están ahora en cartel. Hace ya mucho tiempo que el teatro clásico dejó de ser esta cosa de cartón piedra, aburrida, donde la gente hablaba y hablaba... ahora es el sitio donde se encuentran conflictos y preguntas que nos pueden interesar en la actualidad y es, además, nuestra propia lengua y raíz. Desde que Adolfo Marsillach fundó la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha habido un cambio muy grande en la forma de concebir a los clásicos.

¿El teatro es el género donde más cómodo se siente como actor?

Es mi medio pero también hago cine, televisión... no dejo ningún medio por tocar porque sería absurdo perdérselo. Somos actores.

Acaba de estrenar 'Julieta' de Pedro Almodóvar, donde interpreta a Samuel, el padre de la protagonista. ¿Cómo definiría la nueva película del cineasta manchego?

Es una película que habla del dolor y habla del dolor prácticamente sin lágrimas, duro, y sobre cómo cada personaje responde o convive con ese dolor y cómo saca adelante su vida, sobre todo, en las relaciones padre-hija y madre-hija. Estoy muy contento con mi personaje porque es muy agradecido y además, consigue salir adelante con su vida de la mejor forma que cree para todos.

Hablemos del sector. Las compañías de artes escénicas llevan quejándose varios años de que la crisis, la precariedad y los recortes les están afectando hasta el punto de que hay muchas que cierran. ¿Usted lo percibe así?

Como cualquier persona que vive en este medio. Somos un medio muy castigado por la llamada crisis y no sólo es que se hayan cerrado compañías sino que se han destruido muchas estructuras de producción, que permitían sacar adelante proyectos. Se tarda mucho en construir y nuestro sector se queja demasiado poco con todo lo que estamos sufriendo, que es mucho.

Tanto Pepe Viyuela como Aitana Sánchez Gijón dijeron en sus discursos al recoger sus Max que no había libertad creativa en este país.

Bueno, hablaron de un hecho muy concreto, el de los titiriteros y esto fue una manera de avisar para que todos estemos calladitos y formales. Estamos en una democracia y es muy difícil que nos callen pero sí ha habido avisos para que no nos expresemos de manera que no sea conveniente para determinadas personas. Pero es muy difícil, nuestra historia es muy grande. Los cómicos, los titiriteros hemos sido gente muy sufrida y muy sufridora y va a ser muy difícil que nos hagan callar.

Los cómicos nos jugamos la vida”, dijo en su discurso de agradecimiento.

Lo dije por la función pero... es que es muy duro. Actores que para mantener a su familia están haciendo ochenta mil trabajos que no les cunden porque se nos han cerrado no los grifos del dinero sino los de las estructuras por las cuales accedíamos a sacar proyectos adelante.

¿Por qué es tan difícil convencer de que la industria cultural mueve más riqueza que otras industrias mucho más subvencionadas?

La del automóvil, por ejemplo.

Por ejemplo.  

Cuesta mucho porque creo que hay un problema en España respecto a nuestro patrimonio cultural. Decimos: ¡ah, nosotros tenemos mucha cultura! pero realmente no la vivimos y si la cultura no se vive no es cultura sino algo que se llena de polvo y se deja en un rincón. Creo que la gente debería defender más el patrimonio cultural y no me refiero sólo a los políticos sino a cada ciudadano, asumir que tenemos grandes genios: Picassos, Calderón, Lope de Vega, Joaquín Turina... que hay mucha gente impresionante en la cultura y el arte y que es un alimento no sólo económico sino también cultural.