Un año dentro del Moderno

En marzo se ha cumplido el primer aniversario de la reapertura del céntrico teatro, con el paso de 10.500 espectadores. • El Ayuntamiento destaca la política de puertas abiertas a las asociaciones y artistas locales. • La recién disuelta asociación de Amigos del Moderno considera que el proyecto debería ser más ambicioso.


La asociación se creó para que el teatro abriese y ya está abierto: el objetivo se ha cumplido”. Estas fueron las últimas palabras de Amigos del Moderno, que se disolvía el sábado 2 de abril en medio de un ambiente festivo al que puso música la charanga Klandestinos. Un año después de que consiguiesen la reapertura, asumida por el Patronato de Cultura frente al cierre sin solución de continuidad de la Junta, los socios han decidido poner fin a una aventura de tres años. “Ya no tiene mucho sentido”, admiten en público y en privado. Las puertas están abiertas. Y no parece que haya peligro de que se cierren.  

Durante los casi mil días que transcurrieron entre finales de julio de 2012 y marzo de 2015, la Asociación de Amigos del Moderno (AAM) reivindicó la reapertura del céntrico teatro arriacense, propiedad de la Consejería de Cultura que entonces dirigía el albaceteño Marcial Marín. Entendía que esta sala era mucho más que un teatro. Por varios motivos: por su vinculación con el Ateneo Obrero, porque durante años suplió la ausencia de una casa de la cultura en la ciudad y porque dejaba huérfanos de espacio a muchos creadores locales. Sólo entendido así, como algo más que un teatro, se explica la tenaz resistencia al cierre, con concentraciones de protesta, cartas a los medios por San Valentín y los Reyes Magos o convocatorias de músicos, cuentacuentos, comediantes y titiriteros a sus puertas, contando, cantando y actuando para denunciar que la administración estaba sellando las puertas de un teatro que seguía teniendo su público.  

Que había público se vio en ‘la puñetera calle’, como se llamaron aquellos ciclos reivindicativos de los domingos, y se ha seguido demostrando a lo largo del último año de reapertura. Desde marzo de 2015 han pasado por su taquilla 10.516 espectadores, según el dato que traslada el Patronato. Una cifra considerable para un auditorio con 200 butacas. Y, pese a todo, la razón de ser de este teatro no sólo reside en la respuesta del público, que es positiva, sino fundamentalmente sobre las tablas. Porque hay otro motivo, se diría que el más importante de todos los esgrimidos contra el cierre, que explica bien la implicación directa de integrantes de asociaciones culturales y artistas en su combate para evitar que el Moderno acabase convertido en otro solar del centro: la necesidad de mantener este espacio al servicio de los creadores alcarreños, frente al Buero Vallejo, un escenario eminentemente comercial.

La mejor noticia a día de hoy es que muchos de los artistas que actuaron en los ciclos reivindicativos han podido hacerlo también dentro del teatro a lo largo de este primer año de reapertura. Estrella Ortiz, Ultramarinos de Lucas, Elfo Teatro, Doctor Sapo o el Cineclub Alcarreño han trasladado sus propuestas bajo techo. A ellos se ha sumado una larga lista de asociaciones y de artistas arriacenses. La sala ha acogido festivales como el de Narración Oral del Maratón de Cuentos y ciclos como Arriversos de poesía o ‘ATAquilla 3.0’ de la Agrupación Teatral Alcarreña. La Fundación Siglo Futuro, que sólo en lo que va de 2016 ha organizado siete actos, ha repetido varios llenos. Gentes de Guadalajara lo escogió como escenario para algunas de sus citas del XXV aniversario y la Consejería de Educación volvió a trasladar hasta allí uno de sus clásicos, ‘El Teatro Viene de la Escuela’, como también han pasado por allí alumnos de la Escuela Municipal de La Cotilla, la Escuela Municipal de Teatro o el Conservatorio de Música. Complejo de Electra, la Agrupación Fotográfica Alcarreña, el Orfeón Santa Teresa, el Coro Novi Cantores, la asociación Libros y Más, Toromundial (con la revista ‘La talanquera’) y Contrapicado Films son otros nombres guadalajareños que han hecho parada a lo largo de este año.

Es el camino a seguir”, asegura Armengol Engonga, el concejal responsable del Patronato de Cultura, organismo que gestiona el teatro tras la cesión de la Junta –que sigue siendo propietaria del edificio y del Ateneo–. El edil se muestra satisfecho con la asistencia de público, donde destaca el alza incluso en algunas propuestas que empezaron muy por debajo de las expectativas, como las proyecciones de cine. “Hemos conseguido que combinen perfectamente los dos teatros de la ciudad [el Moderno y el Buero Vallejo]; el grande para eventos de artes escénicas con gran calidad y el Moderno, con gente de Guadalajara y algunas obras de la red de Artes Escénicas”, entre ellas las infantiles, que siempre fueron una garantía para los domingos. Además de que el Moderno se haya convertido en el nuevo destino de algunos ciclos del Patronato como el de jazz, Engonga reconoce que parte de los buenos resultados de asistencia globales se deben a lo que denomina “gestión mixta” entre la administración municipal y las asociaciones.

La visión no es tan autocomplaciente cuando la ofrece Amigos del Moderno: “Nosotros reivindicamos que se abriera, se ha conseguido y tenemos que estar contentos, porque es un espacio importante para la ciudad, pero lo cierto es que esperábamos un poco más; no está a pleno rendimiento, digamos que está abierto pero sólo un poco, no tiene personal propio y eso hace que la apertura sea limitada”, expone Susana Martínez, que ha sido presidenta de la asociación hasta su reciente disolución y que desde junio es también concejala en el Ayuntamiento por Ahora Guadalajara. “Hay que hacer algo más que rellenar un coladero de programación con ayuda de las asociaciones. No se ha hecho un trabajo serio con las compañías, falta un proyecto de gestión de verdad, no sólo recibir propuestas de espectáculos y decidir luego cuáles se llevan a cabo sin saber muy bien qué criterio, porque muchas asociaciones ni siquiera tienen claro cómo se regula el uso del Moderno”. Y suma y sigue: quedan también pendientes algunas cuestiones por abordar como “la apertura de la cafetería, que ofrecería otras posibilidades”.

Y el Cineclub, ¿vuelve?

Si hay una asociación que resultó especialmente batalladora en la reapertura del Moderno fue el Cineclub Alcarreño. Su cierre les dejo sin su sala de proyecciones en versión original y, de rebote, el tapiado del Ateneo a raíz de su ‘okupación’ en junio de 2013 les privó de su sala de reuniones. Desterrados del centro de la ciudad, la asociación fue de las más beligerantes contra el cierre, en parte a través de su presidente, Alberto Sanz, pero también de otro de sus integrantes, Juan Antonio Lázaro, presidente de la Federación de Asociaciones Culturales. El Cineclub organizó llamativas actividades de protesta, como proyecciones de cortos al aire libre en la fachada del Moderno o una jornada de “exilio” a Alcalá de Henares. Y lo primero que se encontraron cuando el alcalde Antonio Román anunció la programación para la reapertura del Moderno, hace un año, es que no se contaba con ellos y que el Patronato estrenaba un ciclo de proyecciones de cine los mismos días y a la misma hora que la asociación tenía sus citas en los Multicines. En otras palabras: no sólo nadie les llamó para volver al Moderno, sino que se les contraprogramaba.

Las cosas cambiaron con Engonga, como reconoce el presidente del Cineclub: “Desde el primer momento nos llamó, nos ofreció el Moderno y nos abrió las puertas”. Pero la asociación, que arrastra de media a unos 250 espectadores cada semana, sigue hoy en los Multicines. En primer lugar, porque sus socios parecen a gusto con las prestaciones de esta nueva ubicación. Pero también porque el Ayuntamiento ha evitado hacer una inversión de más de 50.000 euros en un proyector de nueva tecnología para que regresen allí con las garantías de que la programación no se resentirá, frente a la alternativa del Blue-Ray que les proponen y que en el Cineclub descartan tras constatar su fracaso en Alcalá y Benicasim. “Nos dijeron que no había partida para hacerse con ese proyector”, de DCP (Digital Cinema Package).

Aunque la polémica es más larga, se resume fundamentalmente en estos términos. Para la ya expresidenta de Amigos del Moderno, “el Patronato debería haber hecho más esfuerzos para el regreso del Cineclub allí, porque la inversión se habría amortizado”, en vez de conformarse con “programar un ciclo [alternativo] que es un fracaso de público y que no aporta nada nuevo a la ciudad”. El presidente del Cineclub asegura que mientras no se dé la inversión que demandan, su junta directiva no planteará a los socios en asamblea la vuelta de la programación al Moderno, aunque sí siguen dispuestos a colaborar “puntualmente” con otras actividades, como las proyecciones que ya han tenido lugar a lo largo de este año y otras dos que hay previstas para abril y mayo. Y ojalá, dice Sanz, también con el regreso de la Linterna Mágica, un ciclo dedicado a los niños a modo de vivero de cinéfilos que cayó con los recortes de las administraciones y que todavía hoy sigue sin financiación. “Si volviese, sería genial hacerlo en el Moderno”, sostiene Sanz.

Consolidada la reapertura desde hace un año, la idea del concejal Engonga pasa de momento por reordenar usos y espacios, con un reimpulso a la Sala Tyce del Fuerte, actualmente con muy baja intensidad. “Tenemos la intención de integrar en tres escenarios principales la oferta de la cultura de Guadalajara”, asegura el edil, que fija aquí el horizonte más próximo de la gestión cultural en la ciudad. Con 12 salas de ensayo, tres aulas taller, un escenario y una sala de exposiciones, hay múltiples opciones por explotar. Y, con ello, un margen para un debate en el que ya no estará como tal Amigos del Moderno, que aún así se despide con propuestas para el Tyce: reforzar disciplinas menos apoyadas hasta ahora como las artes plásticas y la danza, instalar una escuela de cine… “que serían perfectamente complementarios con el Moderno, porque podría nutrir su oferta”, dice Martínez. Sanz, del Cineclub, invita al Patronato a que el espacio abierto se alimente de actividades asesorándose “con expertos de cada campo”, aprovechando que se han tendido puentes antes rotos para reforzar “una programación que es bastante mejorable”.

La reapertura del teatro hace un año no ha acabado con la vieja discusión sobre los espacios para los creadores de la ciudad, pero sí lo ha desplazado: ahora suma espacios, en vez de restarlos, y orienta las expresiones artísticas hacia dentro (y no fuera) de los escenarios.


Reportaje publicado inicialmente en el número impreso de
Cultura EnGuada número 11 correspondiente a primavera de 2016.

 

 

 

Artículos Relacionados