Tragaluz mágico

El festival 'Por Arte de Magia' abrió su novena edición este viernes con el primer pase de la gala de magia de cerca. • La sala Tragaluz, llena prácticamente, disfrutó con los trucos y la ilusión de los magníficos magos Luis Olmedo, Miguel Ajo y el mexicano Joaquín Kotkin, que usaron cartas, diamantes, monedas, fuego y hasta escorpiones.


Desde la magia empapada de humor a la magia sofisticada, pasando por la magia surrealista y bizarra. Y todo en hora y media de ilusión. Así arrancó la IX edición del festival 'Por arte de magia', que tuvo su primer pase en la Tragaluz a las seis de la tarde, con una sala prácticamente llena de público. El maestro de ceremonias fue el ilusionista Jorge Blass, director artístico del festival, que dio paso al número de su amigo desde la infancia, Miguel Ajo.

Con mucho humor, Ajo fue enseñando un truco tras otro y buscando la complicidad del público ("si esta tarde es especial, si hay feeling...", repetía). El mago, que piensa que la magia sobrepasa lo imaginable, logró asombrar con cartas, cubiletes, pelotas de papel, fuego, creencias que al final se hacen realidad, monedas especiales, cuerdas que arden y objetos que desaparecen, recortes de periódicos que se convierten en un diario de papel y tarjetas de crédito que echan humo.

El mago de la media barba Joaquín Kotkin empezó tragándose un largo globo, continuó jugando a la ruleta rusa -aprendiendo a conocer el miedo-; después, se comió un pequeño diamante cuadrado que apareció por su ojo y terminó con su show más internacional, adquirido por el mismísimo Copperfield -no obstante, es uno de sus asesores-, 'The Scorpion', donde un escorpión negro es el encargado de escoger con su pinza la carta de tarot que un espectador elige.El mexicano estará el sábado en la gran gala internacional.

Del tramo final se encargó el malagueño Luis Olmedo, que hizo disfrutar con las pequeñas ilusiones provocadas con la baraja francesa de naipes y que una cámara captaba para visualizar la imagen en la gran pantalla y ayudar así a que se siguiera con detalle cada número hasta en las últimas filas.

Olmedo practica una magia elegante, tranquila, donde las monedas viajan de carta a carta, de mano en mano, se esfuman, donde se guardan secretos, se adivinan cartas y se buscan ases. Es esa magia de cerca que destella y es imposible descifrar aunque pase a pocos centímetros de los ojos. Será, porque como dijo Olmedo, "la magia es sólo una ilusión y dura un segundo". Magníficos.