No es tan fiero el lobo…

La compañía serrana Elfo Teatro presentó ante un Teatro Moderno repleto su ‘Crónica del lobo’, una defensa de la supervivencia de esta especie con títeres, música en vivo y dibujos animados marca de la casa.


No es tan fiero el lobo como lo pintan los cuentos clásicos. Al menos no es tan fiero como nosotros, los seres humanos, que también devoramos carneros, cerditos y cuanto se nos pone por delante, que devastamos bosques y ponemos contra las cuerdas la supervivencia incluso de la más temible de las alimañas de nuestros montes.

En defensa del lobo de los cuentos, pero también del que ha regresado últimamente a los pies del Pico Ocejón, ha salido la compañía Elfo Teatro, afincada precisamente en Tamajón. ‘La crónica del lobo’ es un canto ecologista para público familiar que la compañía presentaba este domingo en un Teatro Moderno lleno, a cuyas puertas actuó en su día, por cierto, para exigir la reapertura. La función, durante casi una hora, rapasó tres conocidísimos cuentos de Charles Perroult en los que el lobo es el malo de la historia, pero lo hizo cambiando el sentido de la moraleja para restaurar la honorabilidad de la fiera.

Este trabajo dirigido por José Luis Luque que la compañía afincada en Tamajón presentó el año pasado en el Certamen de Barroco Infantil de Almagro mantiene las señas que ya son marca de la casa, con sus fantásticos títeres elaborados por ellos mismos, con música en directo de saxofón y clarinete de Santiago Puente y con una sorprendente capacidad para contar con tanto arte como sencillez las historias a los más pequeños, que incluía algunos pasajes a modo de dibujos animados en gran pantalla. El teatro de Elfo entra por todos los sentidos y envía destellos de poesía en las estupendas coreografías de sus títeres.

La propuesta original en esta ocasión presenta al lobo llegando a la ciudad, en un ambiente que recuerda al Nueva York de los años veinte. En su lucha por la supervivencia, la bestia ya no tiene más remedio que vagar por las calles. El lobo nos da pena. El lobo no es fiero, tiene sentimientos, y ataca por instinto, justifica ante el público convertido en tribunal que tal vez acceda a amnistiarlo. No hay maldad en el hambre voraz del lobo, a diferencia de lo que ocurre con esos humanos que le han colgado el sambenito de fiero y sanguinario y que le reservan siempre los finales más crueles en los cuentos. Esos humanos que –ayer se vio durante la función– tampoco son siempre capaces de enseñar a sus cachorros a comportarse debidamente en un teatro: prestar atención, guardar silencio, no levantarse de las butacas, dejar la merienda para cuando caiga el telón. Porque conviene no confundir al lobo con un villano ni la función infantil del domingo con un parque de bolas del Burger King.

 

Fotos: E.C.