Repescando una de piratas...a sartenazos

Más de 900 espectadores acuden a la representación infantil ‘Tortuga. La isla de Teodoro’. • La compañía La Pera Limonera recurre al universo pirata para tejer una historia divertida y con sello propio. • La recaudación irá a parar a Cáritas.


La isla de Tortuga tiene el mejor de los tesoros. Lo saben los casi mil niños y mayores que han acudido esta tarde de jueves al espectáculo de La Pera Limonera en el Buero Vallejo. Aunque, en realidad, la verdadera naturaleza del tesoro no se conoce hasta el final de la función, después de que los piratas corran mil aventuras y de que sólo dos actores hagan un esfuerzo sobrenatural para dar vida a media docena de personajes diferentes.

En realidad, la historia de ‘Tortuga, la Isla de Teodoro’, es una historia muy vieja. El público conoce este relato después de que dos pescadores sufran un encuentro no del todo amistoso en un muelle donde la pesca está prohibida, pero ambos acuden con sus cañas. Pescarán peces –de goma, pero incluso voladores y espada– y se tirarán una y otra vez el anzuelo el uno al otro –y pican también una y otra vez– para acabar repescando. ¿El qué? Una historia de piratas: porque ambos tienen antepasados piratas.

El segundo acto convierte el mismo escenario en un barco, con una serie de retoques que los espectadores observan a plena luz. De nuevo la historia, anterior en el tiempo, se repite: los dos piratas, abuelos “al cuadrado” de los pescadores del principio, discuten hasta que al final la existencia de una isla con un tesoro acapara toda su atención.

En adelante, la función será una historia de piratas clásica, con sus naufragios, sus duelos y sus bestias marinas. Pero el recurso a la piratería no es gratuito: la compañía logra dar una personalidad propia a los protagonistas, un capitán audaz y temible como los auténticos lobos de mar y otro ‘sancho panza’ de agua salada que divierte con su simpleza y su aparente torpeza. La asociación sobre el escenario funciona a la perfección.

Ochenta frenéticos minutos

El montaje ha contado con todos los ingredientes básicos para un espectáculo de animación infantil: fantasía, diversión, dinamismo y una duración de ochenta minutos que lo hace soportable incluso para los más pequeños. El texto pone en marcha un universo conocido por todos, pero con apuntes muy personales y giros para todos los gustos, desde el público de apenas tres años hasta los padres y madres, que han podido reconocer algunos guiños de actualidad.

La Pera Limonera ha logrado que las transiciones entre escena estén integradas en la función –fenomenal, por ejemplo, el naufragio con el simple efecto de la luz azul sobre una sábana– y ha ofrecido algunos pasajes especialmente surrealistas, como el almuerzo en alta mar o la curiosa cojera del capitán, que tampoco le impide batirse en un duelo a sartenazos.

Golpes, sustos y rimas, muy reídos por el público, han ofrecido un ritmo frenético a la función. Los niños han podido ver de cerca al capitán pirata en los últimos compases de la representación y han acabado cantando, es decir, convirtiendo la función teatral en una fiesta infantil en toda regla.

Un éxito de público

Lo ha demostrado el teatro Moderno en incontables ocasiones, durante los fines de semana, y lo vuelven a confirmar las Ferias: la respuesta del público al teatro infantil rara vez defrauda. El Buero ha servido en esta ocasión la posibilidad de llevar un espectáculo de formato mediano a un patio de mil butacas. A cambio, como apuntaba alguna madre con sobrada veteranía en las butacas, el abismo del foso entre el público y el escenario se ha hecho a veces insalvable incluso para la imaginación de los más pequeños.

La recaudación del espectáculo, que casi llenó el Buero Vallejo con sus más de 900 butacas ocupadas, se destinará a beneficio de Cáritas, a razón de un euro por entrada. Otra buena noticia para la organización benéfica en un acto que de nuevo organizaron codo con codo IberCaja y la concejalía de Cultura, cuya titular, Isabel Nogueroles, aprovechó para saludar a los asistentes segundos antes del inicio de la función. Ella entonces no lo sabía, pero tenía el tesoro muy cerca.


Fotos: R.M.