Emocionante Butterfly

La soprano japonesa Hiroko Morita hizo vibrar al público con su Madame Butterfly ante un Buero Vallejo prácticamente lleno. • Las casi tres horas con música en directo, terminaron con un auditorio rendido, que ovacionó largamente a los intérpretes.


Hacía casi seis años que la soprano japonesa Hiroko Morita no venía a Guadalajara como Madame Butterfly, la geisha de Nagasaki que muere de amor por un marino norteamericano. Más de 75 veces ha representado un papel que, se nota, ha interiorizado con maestría. Cuando llora, cuando sufre desesperadamente, cuando se abraza a su hijo, cuando discute y llama víbora a su criada Suzuki, cuando es repudiada por su tío Bonzo. Esta noche ha vuelto a encarnar a a esa frágil mariposa que el espectador sabe pronto que terminará sufriendo de amor pero que ve cómo se aferra a la vida con una fe absolutamente ciega.

El Buero Vallejo se llenó prácticamente para ver de nuevo a esta 'Madame Butterfly' en esta mini-gira por Castilla-La Mancha -con paradas sólo en Guadalajara y Toledo-, que llega de la mano de la compañía Opera 2001, que firma una notable producción con vestuario de Sartoria Arrigo (Milán).

El libreto de Giusseppe Giacosa y Luigi Illica, que musicó Giacomo Puccini, es una historia ambientada en Nagasaki, que deja entrever las rígidas costumbres niponas. La joven Ceio-Cio-San se casa con un marino estadounidense, F. B. Pinkerton (interpretado por el tenor Paolo Lardizzone), se enamoran, se aman y se separan. Él regresa a Estados Unidos y ella lo espera durante tres años con el hijo que ambos han tenido y que nació después de que Pinkerton se fuera. Son tres años duros para Butterfly, acostumbrada a las cosas pequeñas y silenciosas, a una ternura sutil y profunda. Son años de espera y esperanza que son narrados en el segundo acto, donde destacó el precioso y emocionante aria 'Un bel di vedremo'.

Cuarenta músicos, la Orquesta Sinfónica de Ópera 2001, desde el foso, dirigidos por el eslovaco Martin Mazik, y los Coros de Hirosaki, de Japón, a imitación de los coros griegos, se encargan de pregonar la desgracia: cuando ya no vas a poder vivir con honor, es mejor que acabes con tu vida, resuelve Cio-Cio-San. Y ella lo hace, en un final trágico, emocionantísimo, en una escena impecablemente iluminada.

El público brindó una larga ovación a los intérpretes -en especial, a Morita y a Liliana Mattei- y hubo quien, incluso, se puso en pie para aplaudir a la soprano japonesa, que se sentía feliz y sonreía. No era para menos. En esta Madame Butterfly, de correcta escenografía -enriquecida con diferentes planos- no sobra nada. Si acaso chirría la bandera estadounidense que lleva el hijo de la protagonista en la mano en todo momento y que, por obvia, es absurda. Pero es un mal menor, imperceptible. Por encima de todo, esta 'mariposa' llegó al corazón y con su dulzura y su extrema bondad, se metió a todos en el bolsillo.