Un Tenorio 'delicatessen'

Notables interpretaciones y escenas enriquecidas con cuadros artísticos, las danzas folclóricas y la música de alumnos del Conservatorio destacaron en la 25ª edición de un Tenorio Mendocino que fue más carnal y más fluida.


Delicado y de alta gama. Como un bocado 'delicatessen'. El Tenorio Mendocino no dejó concesiones a la improvisación y, de la mano de la buena metereología, cobró vida un año más. Aunque no fue ésta una edición cualquiera. Rescató a personajes de otras ediciones como el actor José Luis Matienzo, que interpretó maravillosamente al escultor que labra las estatuas del panteón de la familia Tenorio; a la actriz Marta Gutiérrez-Abad que después de 18 años, volvió para ser una doña Inés joven y menos casta que otras veces brillando en sus monólogos -especialmente en el convento- y al actor Juan Carlos Naya, que se dejó la piel de nuevo, como hace dos años, encarnando a ese don Juan maduro, que vuelve a Sevilla para reencontrarse con su pasado, sus muertos y ajusta cuentas con su vida.

Este Tenorio que en Guadalajara se torna mendocino ha estado a la altura de su 25º cumpleaños, con notables interpretaciones en general y momentos álgidos. Como el encuentro entre el escultor y don Juan; como esa Brígida llamada Angélica Santos, que es una portentosa celestina que se debate bien entre la coquetería más pícara y la personalidad de quien sabe poner límites. Ciutti fue un ejemplo anoche. El guion le invitó a pasarse más de la cuenta en los tocamientos y se llevó más de un 'cachete'. No sólo esta pareja hizo de este Tenorio, un Tenorio más carnal. El beso (los besos) que se prodigaron don Juan y doña Inés se pasaron un poco de decibelios. Pero nada más. Porque Jorge Bermejo -que convence en su papel de don Juan- bordó ese momento en que parece que la luz de la luna brilla más pura y se respira mejor. Verdaderamente, destiló amor.

Fotos: E.C.

Las escenas se enriquecieron con bellos cuadros artísticos que recibían al visitante antes del inicio de cada acto. En la Hostería del Laurel, hubo el tradicional desfile de personajes históricos. Desde Isabel de Valois y Felipe II a los príncipes de Éboli, sin olvidar al cardenal Mendoza, en un intento de mostrar las diferentes jerarquías del siglo XV. Acertada fue la contribución de un grupo de alumnos del Conservatorio de Música Sebastián Durón, que amenizaron algunos prólogos, como la escena de la Quinta de don Juan y las que ocurren en el panteón; dirigidos por el trompetista y director del centro, Pascual Piqueras.

Se agradeció la fluidez en el verso y la agilidad en las escenas. La de la Hostería del Laurel, una de las más largas, se alegra con las danzas y los bailes que dirigen Gemma Mínguez y Ricardo Manglano. Los aldeanos destilan mucha alegría y contribuyen a hacer creíble el arranque de este Tenorio: el encuentro entre don Juan y don Luis Mejía -bien en su papel, Jaime García Bonacho-, que dejó además otras buenas presencias como la del mesonero, este año, Isaac Urrea o la del padre de don Juan, que recayó en Juan Aylagas, hasta ahora director técnico del montaje y que se estrenó como actor -su actuación no desmereció- en esta edición tan especial.

Papel pequeño pero brillante fue también el retrato que logró la actriz Beatriz Ortega como Hermana Tornera, encargada de avisar de que doña Inés no está en su celda y se ha escapado del convento a esa apaciguadora madre abadesa que construye desde hace años con soltura la actriz Carmen Niño. En general, la escena del convento brilló de principio a fin, con unas monjas más marchosas de lo habitual, cantando con guitarra, pandereta y flauta; el tradicional recorrido por el claustro y unas interpretaciones redondas. Destacable fue también la actuación de un don Gonzalo al que Jose Mª Sanz Malo imprimió en la obra un resentimiento interior muy inteligente.

El Tenorio más clásico volvió al final, con esa doña Inés angelical y perdidamente buena (estupenda, María Nieva) que concede misericordia a las puertas del cielo a un don Juan ante el que fue imposible no rendirse. Los aplausos llovieron al final mientras las hojas de los árboles del jardín del Liceo Caracense caían y se sucedieron las sonrisas emocionadas de los actores y su directora, Abigail Tomey, agradeciendo la presencia a los espectadores, que llenaron todas las escenas y hasta hicieron cola para conseguir una silla en el patio de los Leones del Infantado. 

Apoyo de las instituciones

La consejera de Cultura, Reyes Estévez, asistió a la cita para mostrar su apoyo a la asociación Gentes de Guadalajara, tras cuatro años sin representación de la consejería en el Tenorio Mendocino. En su intervención ante los medios felicitó al colectivo por la celebración de sus bodas de plata y por enmarcarlo en "estos espacios que son tan emblemáticos de la ciudad". Respecto a un futuro apoyo económico ala cita, Estévez se comprometió a intentar recoger en una orden estos eventos que son especiales en la región. Por último, lanzó un mensaje de reconocimiento para la directora artística, Abigail Tomey; el presidente de Gentes de Guadalajara, Pepe González Vega y la "jovial" actriz Josefina Martínez, la única del reparto que se mantiene en este evento desde su fundación.

También quisieron mostrar su apoyo a "la cita cultural más genuina de Guadalajara", el alcalde, Antonio Román, y la vicepresidenta de la Diputación, Ana Guarinos, quienes recordaron el apoyo a la edición del libro publicado con motivo del XXV aniversario del Tenorio así como la subvención económica concedida a Gentes de Guadalajara por el Patronato de Cultura y la institución provincial, 17.000 y 7.500 euros, respectivamente. Román destacó además los escenarios elegidos en este montaje, "algunos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, lo que constituye una excelente oportunidad para que todos podamos disfrutar de su belleza”. Este sábado habrá una segunda representación, a partir de las 21 horas. 


Y si te perdiste la función del sábado, te contamos la 'traca' final de este 25 aniversario: "La sorpresa final del Tenorio Mendocino".

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