Tres finales para una Caperucita bilingüe

Ultramarinos de Lucas presentó ante más de un centenar de espectadores en el Moderno su versión en inglés de Caperucita Roja, una historia contada con una técnica japonesa, el ‘kamishibai’, con tres finales alternativos.


Un tipo tuvo la ocurrencia a finales de los años veinte en Japón, en plena crisis, de meter un teatrillo de madera en una maleta y recorrer lugares contando historias con unas láminas deslizantes que combinaban imágenes y diálogos. Esta técnica tradicional, llamada ‘kamishibai’ y que significa “drama en papel”, se extendió entre algunos desempleados con arte. De modo que los teatrillos, llamados ‘butai’, se convirtieron en un instrumento recurrente para contar historias a los niños reunidos en corro.

Ultramarinos de Lucas se ha servido del ‘kamishibai’ para montar su propia versión del clásico de ‘Caperucita Roja y el lobo’, que este sábado llevó al Teatro Moderno con una doble función que logró reunir a más de un centenar de espectadores. Sobre el escenario, el enorme Luis Orna condujo la narración y conectó a la perfección con los chavales, hizo algún truco de magia y dio vida a las marionetas, se metió en la piel de todos estos personajes bilingües y contó una historia con tres finales para que cada cual escogiese o inventase, incluso, el suyo propio.

El ‘butai’ para esta función es una suerte de biblioteca de la que brotan todo tipo de libros con toda suerte de historias. Las letras se encojen o se estiran a gusto del lector y los volúmenes de colores dan idea del amplísimo catálogo de fábulas entre las que puede optar cada lector.

De todas ellas hay una que nunca falla. La historia de la inocente niña que va a llevar la merienda a su abuela enferma y se topa, en el bosque, con el malvado lobo que intenta engañarla para convertir a la niña y a la anciana en su merienda particular.

Once upon a time…

El cuento de Caperucita de Ultramarinos en su versión en inglés se titula ‘Little Red Riding Hood and the wolf’ y comienza con un “0nce upon a time”, un ‘érase una vez’ que conduce a los pequeños a través del clásico con el inesperado encuentro con la fiera, los dos caminos –el corto y el largo: “the wolf takes de short way”, mientras que Caperucita, todos lo saben, tomó el “very, very long way”–, hasta el famoso reencuentro entre ambos en la casita, ya con el lobo vestido de abuelita y la sorpresa de la niña al ver sus muy grandes ‘legs’, ‘eyes’ y ‘mouth’.

Pero la versión de Caperucita que cuenta Orna sobre el escenario tiene tres finales. Algunos más trágicos que otros. En uno de ellos, el dramático final lo sufren Caperucita y la anciana: se las come el lobo y se acabó; en otro, intermedio, la abuela y la niña consiguen escapar; y en el último, en cambio, Caperucita tira de astucia y engaña al lobo, que muere envenenado.

Este último montaje de Ultramarinos ya se había podido ver en diferentes escenarios, entre ellos Karaba o algunos colegios, pero lo cierto es que había un motivo especial para asistir a uno de los dos pases que la compañía alcarreña ofrecía este sábado: su retorno al Teatro Moderno. Y se notó en las butacas, donde no faltaron amigos y, entre otros, la presidenta y el vicepresidente de la Asociación de Amigos del Moderno, Susana Martínez y Joseba García. Probablemente Ultramarinos haya sido el grupo teatral que más ha batallado para que este espacio escénico haya vuelto a reabrir sus puertas. De modo que su presencia allí suponía la celebración de un feliz. Su “very very happy end”.