El grito de Federico (García Lorca) al mundo

El Teatro Moderno acogió el jueves el montaje ‘Los caminos de Federico’, de la actriz Flor Saraví, un espectáculo de casi hora y media que se enmarcaba en el Festival Arriversos de Poesía y donde la argentina desgrana e hila, sola en el escenario, poemas del gran García Lorca. 


La actriz argentina Flor Saraví transitó por la senda personal de Federico García Lorca, sus poemas, sus pasiones, su Andalucía, en el montaje ‘Los caminos de Federico’, segundo acto del Festival Arriversos de Poesía, que finaliza este sábado. Durante hora y veinte minutos soportó todo el peso de una función que resulta un monólogo intensísimo donde entra y sale de la apasionada dramatización con una naturalidad pasmosa. Es Federico cuando habla, es la actriz apasionada cuando se mete en la piel de cada estrofa creando postales visuales y sonoras, llegando a emocionarse hasta llorar.

La primera vez que Flor Saraví se incursionó en la obra de Federico fue en su Buenos Aires natal hace 21 años cuando ensayando ‘Las delicadas criaturas del aire’ tuvo que comprarse las obras completas. Todavía hoy le acompañan y sus páginas siguen marcadas con los mismos papelitos de entonces. Eso explica la pasión con la que hace llegar ‘Los caminos de Federico’ al público –casi media entrada en el Moderno-, un respetable que respondió con muchos aplausos y bravos –en pie, algunos espectadores- esta propuesta que mezcla teatro y poesía pero que, sobre todo, es un homenaje al gran poeta granadino, que creó a doña Rosita la Soltera, que plasmó sus sensaciones en Nueva York, que lloró en versos a su amigo el torero Sánchez Mejías con 'La sangre derramada' y el impresionante ‘La cogida y la muerte’ –“Eran las cinco en punto de la tarde…”- y que Saraví declamó seria y desgarrada mientras daba las campanadas con un cajón flamenco.

Flor, vestida de blanco, de novia, también fue la Genoveva de ‘Suicidio en Alejandría’ -“dame el pañuelo, que voy a llorar hasta que de mis ojos salga una muchedumbre de siemprevivas”-, fue el zapatero y su joven esposa, la zapatera, y hasta el amante de ésta y hasta el caballo y hasta la titiritera que en ‘Romance de la guardia civil española’ descubre la ciudad de los gitanos y mueve la luna, el sol, la Virgen y San José cual marionetas. También fue la dulce intérprete de ‘Verde que te quiero verde’ y el famoso ‘Anda jaleo, jaleo’, convertido en copla. 

Saraví parece obligada a decir todos estos textos porque como ella misma ha confesado “Federico es el autor que mejor dice todo lo que siento”. Porque, también, “es fundamental que se vuelvan a decir estos textos, en ese orden, en voz alta”. A Flor le hace falta decir y llorar con vehemencia estos versos “en este mundo, aquí y ahora”, como si fueran un grito de esperanza, como si realmente confiara en que la poesía es capaz de hacer de nuestro mundo un lugar mejor.

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