Las segundas oportunidades de la vida

Lleno en el Buero para ver a Lola Herrera y Ernesto Alterio en 'El estanque dorado', una comedia con toques de melodrama donde los conocidos actores interpretan a una pareja en la última etapa de su madurez. • Los actores Luz Valdenebro, Camilo Rodriguez y el joven Adrián Lamana son un buen contrapunto en esta historia de segundas oportunidades.


En el estanque dorado, la vida pasa ante los ojos de los espectadores. Héctor Alterio es Norman, a punto de cumplir los 80. Lola Herrera es su positiva esposa, Ethel. Por primera vez se les ve juntos en un escenario y es una ocasión que no merece ser desperdiciada. El Teatro Buero se llenó para la ocasión.

Los dos son la columna vertebral de este texto teatral que se hizo famoso en el cine y que protagonizaron los inolvidables Katherine Hepburn y Henry Fonda en una película menos cómica que la versión española que ha realizado Emilio Hernández del original de Ernest Thomson y que ha dirigido la también actriz Magüi Mira. Ante todo, este estanque dorado está impregnado de respuestas cómicas por parte de un Alterio que hace constante humor negro para hablar de la muerte, del miedo, de la necesidad de ser útil y que tira de ironía para enmascarar que, en realidad, con la única que se lleva bien es con su bella esposa, que lucha por imprimir vitalidad a un cascarrabias simpático que sufre de los achaques propios de la edad y una incipiente pérdida de memoria.

La escenografía creada por Gabriel Carrascal hace viajar hasta el interior de una preciosa casa de verano, con grandes ventanales que dejan ver la maravilla del bosque y permiten imaginar un bonito lago donde la vida natural también es protagonista. A través de los sonidos, imaginamos patos. A través de los prismáticos que comparten los dos personajes, asistimos al primer chapuzón de una cría de ánade.

En realidad, no suceden demasiadas cosas en esta historia, que en varios momentos necesitaría más fluidez. La vida pasa, sin más. Hasta que llega la hija de ambos, Chelsie (Luz Valdenebro). Vive en el extranjero y no viene casi nunca porque mantiene una mala relación con su padre. Ahora quiere presentar a su pareja, Bill (Camilo Rodríguez), un dentista que tiene un hijo adolescente (el joven Adrián Lamana), y de paso celebrar el cumpleaños de Norman.

Es un pequeño contrapunto a la tranquilidad hasta ahora vivida, donde lo más interesante es ocupar el tiempo en buscar fresas salvajes para preparar un pastel, salir a pescar, esperar el correo y mirar los anuncios por palabras en busca de un trabajo para Norman -lo que arranca varias sonrisas-. Los tres personajes ayudan a esclarecer un poco más algunas de las cosas que explican la psicología de los personajes: la mala relación hija/padre, la intimidad lograda, en cambio, entre madre e hija (bofetada incluida) -los dos momentos más dramáticos de la obra-, la ilusión que parece renacer en Norman -y luego se confirma- cuando conoce a su nuevo 'nieto' -con él se va de pesca y rejuvenece hasta en el lenguaje-... esas segundas oportunidades que de vez en cuando, suceden.

La vida, en realidad, es el paso del tiempo. Y eso es, sobre todo, 'En el estanque dorado', un ejercicio de memoria donde se habla de amor, de sexo, de cariño y que, ante los ojos de quien la mira, trasciende más allá del teatro y parece una película. Y en esta película de la vida, donde cada uno coge bien el tono a su papel, sobresalen Lola Herrera y Ernesto Alterio, regalando una complicidad impagable en escena, momentos de ternura, pequeñas dosis de emoción, mucha naturalidad y buen humor. Así logran quitar hierro a ese momento de la existencia donde es inevitable reflexionar sobre la crudeza de la vida y la irreparable muerte y que siempre obliga a recordar qué huella dejaremos, si nos arrepentimos de algo y a pensar si aún es posible reparar los daños. Más aún: si somos capaces de repararlos y si aún hay tiempo para cambiar las cosas. Porque como dice Norman: "hasta que no suena el silbato final, el partido no termina".

Fotos: E.C.