Gutiérrez Caba: “No hay papel por el que pierda el seso”

El actor Emilio Gutiérrez Caba, elegido Arcipreste de Hita 2014, cumple medio siglo sobre las tablas. • En esta entrevista, que publicamos en el Especial de diciembre, habla de la huella que dejó el dramaturgo alcarreño Antonio Buero Vallejo, de televisión y cine, de la crisis cultural y de sus inicios como actor.


Acaba de cumplir medio siglo de profesión y es uno de los actores más conocidos por su trabajo en la pequeña y gran pantalla y sobre las tablas. Emilio Gutiérrez Caba también se ha convertido en habitual en Guadalajara: este año ha sido jurado del Fescigu y ha tomado posesión como Arcipreste del Año del Festival Medieval de Hita, recogiendo el testigo de su amigo, el también actor Manuel Galiana. Este verano, visitará la localidad enfundado en su traje de Arcipreste.

Ultimamente le hemos visto mucho por Guadalajara, ¿qué tiene por aquí que no sepamos? 

¿Por ahí? No, no. Haber sido jurado del Fescigu y el nombramiento son absolutamente casualidades. Manuel me explicó en qué consistía ser Arcipreste y las vinculaciones que tenía con el pueblo, con Hita. Como fueron todos muy amables, acepté. Es siempre una cosa muy agradable y sobre todo, llena de sentimiento porque es un sitio muy curioso y muy bonito.

En el acto, se declaró admirador del ‘Libro de Buen Amor’, del Arcipreste. Porque es un libro que marcó mucho nuestra infancia y sobre todo, la forma que teníamos de ver las cosas. En el colegio era muy divertido hablar del libro y de todo lo de don Carnal y doña Cuaresma, esa alegoría… 

Supongo que conocerá el alto componente teatral del Festival Medieval de Hita, ligado a la figura de Manuel Criado de Val.

Sí, aproximadamente es en los años 60 cuando él hace, digamos, esa introducción de lo que es el teatro realmente importante medieval en Hita y lo vincula con el Arcipreste. Me parece una magnífica idea. Precisamente, el otro día mandé una referencia que tenía aquí del primer festival que hubo en Hita y me contestó la concejala de Cultura que no lo tenían y que era estupendo.

¿Hay que reivindicar a nuestros clásicos?¿Por qué están tan asociados al aburrimiento?

Porque en realidad no hay ninguna tradición teatral de verdad asentada en España. Tampoco la hay cultural. Este es un país de aluviones extraños, bastante incomprensible para los extranje-ros y creo que para nosotros mismos ¿no? [risas] En ese sentido, estamos bajo un manto de influencia en algunos casos muy beneficiosa y en otros, muy perjudicial, sobre todo norteamericana. Los actores y actrices españoles, por ejemplo de otra generación, conocen probablamente más a los autores ingleses o norteamericanos que a los españoles. Creo que esa es una mala noticia para la cultura española, para el país en general y para los gestores del país. Los ingleses están constantemente citando en sus conversaciones trozos de obras de Shakespeare y de otros autores porque tienen eso en su ADN. Aquí poquísimas personas te pueden citar alguna frase de un clásico, alguna de Calderón o de Zorrilla.

El gran hombre de teatro para Guadalajara es el dramaturgo Buero Vallejo. Usted lo ha recitado e hizo para Estudio 1 la mítica ‘El Tragaluz’. ¿Está reconocida la aportación del alcarreño?

La aportación de los dramaturgos españoles socialmente no está reconocida. Partimos de una base muy equivocada. Algún energúmeno en las redes sociales en alguna ocasión, creo que a Javier Marías, le dijo que trabajase en vez de escribir. Entendido de esa manera por esos energúmenos que forman un porcentaje plausible dentro del pueblo español es evidente que el peso que tiene la literatura, y la literatura dramática en la sociedad española, es mínimo. Hoy preguntas a una serie de personas quién es Buero Vallejo y no lo sabe... Es muy triste porque ha significado muchísimo para este país.

Para usted, ¿qué huella dejó?

Nos ‘tocó’ a todos con argumentos más o menos interesantes y conocerle nos llenó de satisfacción. Era un hombre muy cercano y muy humano, como su mujer, Victoria Rodríguez. Personalmente, admiro mucho a la gente que escribe porque es algo más que un trabajo. Es una aportación, un regalo a la humanidad. Y cuando hablabas con Buero Vallejo te dabas cuenta de que hablabas con una persona que escribía, que sabía no solo de teatro, sino de la vida, que había sufrido en sus carnes muchas cosas, que incluso la vida le había golpeado cuando le arrebató a su hijo… todas estas cosas son importantes,  marcan mucho la vida de un dramaturgo... no hablo ya sólo de Buero, hablemos de Albert Camus… la influencia que ha tenido su obra para la sociedad mundial y para gentes como yo ha sido extraordinaria. Y Buero lo mismo, no creo que esté jamás lo reconocido que debería estar. Tendría que haber plazas, estatuas, no sólo con el nombre de Buero sino con el de mucha otra gente que se ha significado por lo que son: cerrajeros, herreros, carpinteros… porque esa gente es la que nos ha ennoblecido, la que ha hecho realmente más sociedad y no los políticos, ni los militares, ni siquiera los obispos. 

La crisis ha obligado a replantearse el modelo productivo en la escena. Prolifera el microteatro; se tiende a montar una obra con pocos actores...

El microteatro no es ningún modelo productivo sino una ruina para los actores. Me parece un magnífico ensayo de prácticas teatrales pero no una fuente de ingresos y nosotros necesitamos vivir porque pagamos impuestos. Esa gente que hace microteatro está ahí luchando, seguramente para no ganar siquiera 400 ó 500 euros al mes, una explotación. Las gentes que llevan los bares de los microteatros se están aprovechando del momento y, algo menos, los empresarios de compañía.

La gente sigue acudiendo al teatro y sin embargo, han bajado los cachés, las prestaciones y tardan meses en pagar. En estos momentos, en una debilidad estructural como la nuestra, esto es una ruina absoluta. El teatro no se escapa a la debacle social, a la precarización y eso no es bueno para la cultura de un país ni para nada, ni la sanidad y mucho menos, para la educación. Hablamos de violencia de género, de violencia en la sociedad, y eso hay que erradicarlo con cultura. El otro día un anciano había matado a su mujer, con Alzheimer y luego se había matado él. Eso no es violencia de género, eso es un drama, pero es un drama porque seguramente la mató porque no tenían recursos. La sociedad en este momento está desgarrada y los políticos, sobre todo los que están actualmente al mando de este país, están patéticos. Es mejor que se vayan a su casa.

Al hilo de este asunto, basta ver la cartelera teatral y ver a un ministro, a tipos en busca de crédito, mucho monólogo generacional ¿la gente va sólo al teatro a reirse? 

Sí, la gente no va al teatro a formar o a informarse de lo que pasa o a aumentar su acervo cultural. Van únicamente a pasar el rato. Y pasar el rato está muy bien a ratos pero no siempre (risas). En cierto sentido, también es una cosa preocupante. Eso se ha dado siempre. Las compañías teatrales estaban vinculadas a las fiestas de los pueblos, a las ciudades y eso estaba bien, era el teatro festivo, pero luego había otro, el formativo, que no se terminó de hacer. Y eso en la época predemocrática e, incluso, la no democrática… pero tras 38 años de democracia cabe preguntarse por qué la sociedad no ha llegado a culturizarse de verdad, por qué no ha querido, por qué prefiere los programas de corazón a los programas de música, por qué se va a hacer un selfie al Museo del Louvre en vez de ver las obras del  Louvre. No se dan cuenta de que no importan delante de La Gioconda, que lo importante es La Gioconda. Y ese es el problema, estamos en una sociedad estúpida. Estamos viviendo un momento muy trágico socialmente y eso también se está viendo en el teatro. 

¿Es el 21% de IVA el único lastre del sector?

No, no. En el sector, hay una persecución gigantesca de las multinacionales sobre la Ley de Propiedad Intelectual y ése es uno de los graves problemas porque a las Sociedades de Gestión –a Egeda, a Cedro, no precisamente a la SGAE, que es una de esas multinacionales- nos están recortando. A los políticos ¿quién les está inspirando eso? Las multinaciones. ¿Y qué se llevan de esto? Pues algo cae, no sabemos qué. Y eso también mutila mucho el sector. No hablo de las leyes de protección física del espectáculo porque antes de que ocurriese esta crisis, ya las estábamos pidiendo: se las pedimos a la administración socialista, a la popular, nunca nos han hecho caso y la que sale perjudicada es la sociedad porque cada vez estamos bajando más el listón de calidad y exigiendo un cine que es para tontos ya en algunos casos.

¿El cine español tiene aún complejo?

Tiene que tenerlo, naturalmente. Puede competir en algunas películas, pero ¿estamos hablando de rentabilidad o de calidad? Porque la rentabilidad también la tienen los productos chinos.. Algunos productos suecos y franceses tienen una enorme calidad y en eso no estamos compitiendo en absoluto. Sí lo hacemos en taquilla y como todo va unido a la maldita economía…

¿Dónde quedan las buenas ideas?

Claro. Hay muchísimas cosas que contar, maneras de contarlas y sobre todo, hay que vivir las cosas para contarlas, pero yo veo los programas de televisión o lo que se está haciendo en cine y me echo las manos a la cabeza. Si queremos copiar un modelo de televisión histórico hay que copiar la BBC, y eso no lo copian. ¿Cómo puede dejarse ahora de hacer ‘Isabel’ e irse a la historia de Carlos V y no aprovechar esos escenarios para seguir rodando y abaratar costes? Tiran el dinero porque no es suyo. 

De abaratar costes sí que saben los cortometrajistas, que tiran de crowfunding para rodar ¿por qué es un sector injustamente tratado?

Siempre ha habido una precariedad del cortometraje. Era un poco el hermano menor del cine. Siempre se ha debatido sobre cuál es la duración de un cortometraje ¿40, 30, 20, 3 minutos? Sobre todo, ¿cómo distinguir la calidad entre uno y otro? Hoy estamos llegando también a esa indefinición.  Luego, si a las salas de cine van tres personas, ¿cómo van a ir a ver un corto? La costumbre de ir al cine la hemos perdido todos y para ver cortos, tienes que poner un festival. El corto sería como el I+D del cine, pero si no hay para la investigación de medicamentos, imagínate... (risas). 

¿Qué nota le pone a la ficción española?

 “Técnicamente está perfecta, tiene unos formatos y una calidad de imagen excelente. En el contenido disiento bastante. Las televisiones privadas tienen derecho a contar lo que quieran pero la pública debe cumplir una función. Se acercó en algún momento al modelo ideal pero actualmente es el desastre. Las autonómicas están perdiendo dinero por un tubo, incluso la de Castilla-La Mancha, ejemplo increíble de manipulación informativa”.

Nació en mitad de una gira teatral, pertenece a una dinastía de actores, parecía predestinado... ¿El actor nace o se hace?

No, no creo. Yo he conocido a actores que venían de familias que no se habían dedicado a ningún arte y eran espléndidos. Creo que pueden darse de las dos formas. Hay componentes genéticos pero también otros educacionales, culturales, vocacionales. Ahí está Alfredo Landa, José Luis López Vázquez o Adolfo Marsillach, cuyo padre era periodista. Todos fueron grandísimas figuras de teatro. Luego hay gente que sí ha mantenido la tradición teatral como Amparo Rivelles… lo que pasa es que si tienes unos genes tienes una predisposición. Creo que entre [Antonio] Salieri y Mozart, la diferencia es que Mozart tenía esos genes pero Salieri también era un gran músico (risas).

Su primer papel fue Peter Pan ¿Lo recuerda?

Ya lo creo, eso es inolvidable. Además porque trabajé con grandes compañeros en su momento, con Paco Valladares, con María José Alfonso, con Tina Sainz. Además, fue una etapa de mi vida fantástica. No era tan fantástica porque estaba cumpliendo el servicio militar, pero lo de subirse al escenario los fines de semana a las cuatro y media de la tarde era maravilloso. Llegaba al María Guerrero de Madrid cargado de energía y sobre todo con ganas de ver a las bailarinas, que eran unas chicas monísimas [risas].

¿Qué papel atractivo le queda por interpretar?

He interpretado papeles muy bonitos, como los del don Diego de ‘El sí de las niñas’ o el Marco Bruto de ‘Julio César’, y creo que en este momento no hay papel por el que pierda el seso. Hay papeles de Molière muy bonitos o de Shakespeare, pero en este momento tal y como está el teatro, como no haga un monólogo de las obras de Shakespeare me temo que… [risas] pues que no hay posibilidad de otra cosa.

Bueno, todo es ponerse

Sí, sí, todo es ponerse. Hay retos… yo los retos de Shakespeare como los de Lope de Vega los hago en privado. Como el inolvidable, entre comillas, presidente Aznar, hablaba en catalán en privado.

¿Y en público, qué retos tiene ahora mismo? 

Acabo de terminar la grabación de la película ‘Palmeras en la nieve’ y creo que me iré a Argentina a hacer otra. Y aparte de ‘La mujer de negro’, que es lo que estoy haciendo en teatro, en enero presentaré una lectura de textos españoles de Valle-Inclán o Blasco Ibáñez, sobre la Primera Guerra Mundial que a todos, al menos a mí, me encogió el corazón.