Unas adorables criaturas

Unos 5oo espectadores respondieron a la propuesta de Joglars con ‘VIP’, una caricatura sobre la educación de los niños. • La compañía catalana demostró su maestría para tirar de recursos originales y recrear así el nacimiento y la llegada del hijo al mundo.


De criaturas indefensas por las que darlo todo a tiranos de medio metro que someten a sus padres. Joglars puso sobre las tablas del Buero Vallejo su último montaje, ‘VIP’, la segunda obra bajo la dirección de Ramón Fontserè –tras la salida de Boadella– que aborda durante hora y media el comportamiento de esa pequeña ‘very important person’ (de ahí lo de VIP) que es el niño, esperado y querido, adorado y ¿adorable?, que aprovecha el vacío de autoridad para dar un golpe de estado doméstico e imponer sus comportamientos caprichosos e impertinentes. ¿Por su culpa? ¿O por la nuestra?

Tine Joglars, que este sábado atrajo a medio millar de espectadores en Guadalajara, una formidable manera de contar las cosas, de sacar el máximo partido a los recursos actorales y escenográficos, estos últimos obra de Martina Cabanas. El surtido de técnicas actorales, ingenios musicales y de iluminación y atajos varios que una vez más utilizan está en esta obra muy por encima de un guion que resulta más bien discreto.

En ‘VIP’ escogen lugares comunes del embarazo, de la llegada del retoño al hogar y de los primeros pasos del pequeño y los cuentan de una manera tan original y divertida que componen con apenas un puñado de escenas cotidianas una magnífica parodia –aunque la compañía ha huido de esta calificación–. El modo en que los adultos tienen el primer contacto con el niño o en que los padres son incapaces de enderezar el rumbo de sus pequeños tiene mucho de parodia que se tira al espectador a la cara, pues queda retratado, pero con los rasgos exagerados, como en una caricatura.

De la hora y media de espectáculo, son los episodios más alegóricos y ceremoniales los que surten mejor efecto en el espectador, como ocurre tanto al final como al principio, con un coito con la música de ‘2001 Odisea en el espacio’ en una apoteósica obertura con trazas de ritual sobre los orígenes de la vida. Es el caso también del desternillante momento del parto o de las alucinaciones del grupo de niños, amenazados por los estímulos del mundo de los adultos, después de una sobredosis de pastillas contra la hiperactividad.

La compañía catalana mantiene todavía hoy, y después de tantos años, su mirada corrosiva sobre cualquier aspecto de la vida y en este caso arremete contra la ‘sobreafectación’ que se adueña de los padres cuando justifican el modo de obrar con sus hijos –resulta muy efectivo el uso de micrófono para estas declaraciones más solemnes–, como también ironiza con la educación de corte posmoderno que prescinde del castigo para corregir las impertinencias innatas de los nenes…

Frente al recurso de antaño a arreglarlo todo con un par de hostias bien dadas, estos otros métodos inclinados a la sobreprotección y a la concesión de todos los caprichos descubren demasiado tarde a unos adultos pusilánimes intentando mantener el control de unos mocosos, casi siempre antipáticos, que se les han ido de las manos. Y así se explica, nos subraya Joglars, cómo la deriva de los acontecimientos se aproxima en su crescendo hasta la coronación del tirano en la última escena. A sus fieles siervos sólo les quedará ya encajar el siguiente exabrupto.