Splash, ahogados de risa

La compañía Yllana abre la XXXI Muestra Nacional de Teatro ‘Espìga de Oro’ de Azuqueca con un desternillante montaje protagonizado por tres marineros que bucean en un océano de sketches. • Con todas las entradas vendidas, la compañía consiguió el aplauso y la interacción constante del público. • El pasacalles de Globus Clown inauguró un día antes este festival teatral, que en esta edición vuelve a incluir actividades artísticas complementarias.


No es un espectáculo nuevo pero la refrescante ‘Splash’ sigue provocando la risa desde 2002. Ocurre con los montajes perfectos que se adecúan bien al tiempo y a la vida. Porque de eso también va esta producción de los Yllana, madrileños pero también un poco alcarreños –detrás y delante del telón hay talento guadalajareño-. Este pequeño hilo umbilical deja un poso de admiración que no está reñido con la profesionalidad incuestionable de los tres actores que se subieron al escenario de la Casa de Cultura de Azuqueca, un día después de haberlo hecho en Iriépal, entregando el primero de los cuatro montajes que se verán dentro de la XXXI edición de la Muestra Nacional de Teatro ‘Espiga de Oro’. 

Decía que de situaciones vitales va este ‘Splash’, sólo que Yllana pone en esta vida una vuelta de tuerca más y siempre para arrancar la carcajada. Lo consiguen en la escena ‘masterchef’, donde un genial Antonio De la Fuente empieza cocinando una tortilla de varios huevos y termina a sartenazo limpio con sus compañeros de escenario, en una simpática escena a cámara lenta. Lo consiguen también en las vacaciones en el mar que finalizan por sorpresa (serpentinas incluidas) con el actor guadalajareño César Maroto, convertido cual John Travolta en ‘Fiebre de sábado noche’ cantando la inolvidable banda sonora de la serie de televisión.

La música -también la luz- es un arma infalible en este montaje: suenan los Beach Boys y todo el mundo entiende que es hora de surfear; con ‘In the navy’, de los Village People, el personal comprende que es hora de fiesta; y con ‘Tiburón’ se intuye que un escuálido está a punto de aparecer por la espalda, aunque al final se haga un giro burlesco y el pez se convierta en un caballo cabalgando a galope en pleno Oeste americano. 

‘Splash’ es también teatro desinhibidor y no sólo porque Maroto protagonizara el 'streptease' más simpático de la obra –un pequeño espectador consiguió arrancar la risa al propio actor cuando a punto de abrirse el albornoz, le espetó: “bueno, verás”-. Sino porque el montaje tiene una continua interacción con el público. Todo en realidad está hecho para que el patio de butacas se ría, pero además consiga olvidar su papel de ‘voyager’ y participe de la fiesta. No en vano así termina esta historia: recreando un juego de feria donde varios pájaros pasan por una cinta y, para conseguir premio, hay que derrumbarlos a bolazos. 

 

‘Splash’ es para niños pero también para mayores. Los gags, los diálogos gestuales perfectamente entendibles con tan sólo frases hechas, eslóganes repetidos, onomatopeyas, lugares comunes y mucho clown entran por la boca como si fuera una pócima que te hace cosquillas con sólo tocar el paladar.

Maroto, Susana Cortés y De la Fuente consiguen hacer pasar una hora y cuarto de buenos ratos con sus escenas absurdas e irónicas, convertidos en marineros capaces de vencer naufragios, hacer autostop, pescar sonrisas, poner en práctica ‘buenas ideas’ (“a good idea”, que diría continuamente De la Fuente) o lanzarse una insonora pero fétida flatulencia con la que se ganaron al público desde el primer minuto. 

‘Splash’ tiene también mucho de cine mudo y dibujo animado –así arrancan: con una escena de persecución ridícula y, por eso, desternillante, donde dos corren y el perseguidor, lo hace con muletas-. Yllana no sólo cuenta y lo cuenta bien, sino que es capaz de crear un lenguaje universal pero a la vez personal y una leal sintonía con el público, que es recíproca. “¿Qué pasa, que no tenéis ganas de iros a cenar?”, parecían preguntar desde el escenario. Pues la verdad, sólo de otra ración de Yllana.


GLOBUS CLOWN, ART FOOD Y URBAN ART

Como anticipo del inicio de la XXXI Muestra Nacional de Teatro ‘Espiga de Oro’ de Azuqueca se programó el viernes el pasacalles ‘El Gran Elefante’, de la compañía Globus Clown, que recorrió diferentes espacios del municipio, entre el parque de la Ermita y la Casa de la Cultura.

Entre las actividades complementarias de la muestra, figura también una interesante exposición de máscaras gastronómicas, con diseños artísticos que se realizan a base de alimentos, en su mayoría frutas, encajados como en un puzzle y convertidos en auténticas esculturas que reinterpretan la máscara, elemento muy importante en el teatro. Estará abierta hasta el 20 de noviembre.

Además de ‘food art’, la Espiga de Oro se completa con la exposición de las dos obras seleccionadas en el certamen de Intervenciones Artísticas en espacios públicos. Rubén Bellot y Cristina Carrascal firman las propuestas que se han instalado a las puertas de la Casa de la Cultura.

Anoche, antes de disfrutar de ‘Splash’, hubo quien no dejó pasar la oportunidad de ponerle el rostro a doña Inés y don Juan en un ‘photocall’ de madera que rinde homenaje a las artes escénicas, y quien prefirió dejar sus deseos escritos en ‘El Muro de los Sueños’, una especie de pizarra gigante donde los artistas preguntan al público sobre sus ilusiones a partir de los conocidos versos de Calderón: “¿Qué es la vida? Un frenesí…”. Las respuestas, variadas: desde quien sueña con “tener un grupo de rock” o “ver al Azuqueca CF. jugando en Primera”, a quien sueña con “tener un sueño” o “vivir mirando contigo el mar”. 

El público decidirá con sus votos hasta el 25 de noviembre a través del buzón colocado en la Casa de la Cultura y de las redes sociales -vía Twitter, con el hashtag #IntervencionesAzuqueca y enlazando con el perfil del Ayuntamiento (@AytoAzuqueca), o bien, en facebook, en la página 'Cultura Azuqueca'- cuál es la intervención artística ganadora.