El payaso, el artista total

El versátil actor de Teatro Des Clos ofreció una sucesión de números interactivos en el segundo pase callejero del V ciclo de Amigos del Moderno. • Después de divertir a los niños haciendo la gallina, malabares con una bolsa o dando el biberón a un bebé dinosaurio, se desnudó en un final estremecedor en el que reclamó, en calzoncillos, la dignidad de la figura del payaso.


Para el público que asistió este domingo a las puertas del Moderno al enésimo espectáculo callejero, un payaso ya no será nunca más un tipo que hace tonterías. Para todos ellos, para quien esto escribe, un payaso es un señor respetable capaz de hacer lo imposible: un salto mortal, malabares con cuatro bolsas de plástico, quedarse en paños menores delante del público para abrirse el alma en canal y ofrecer toda una lección de dignidad.

La segunda actuación del ciclo ‘En la puñetera calle’ organizado por Amigos del Moderno permitió al numeroso público que este domingo respondió a la convocatoria conocer a un artista versátil, divertido y conmovedor que, llegado desde Logroño y aprovechando que tenía actuación en Alcalá, se aproximó hasta Guadalajara para hacer fuerza en esta causa ciudadana.

El actor de Teatro Des Clos, Fernando Moreno, mezcló en su recital ‘interactivo’ diferentes números, para cuya elección, antes de empezar, pidió al público que escribiese sus preferencias en unos papelitos que luego metió en un bote. Después de que el respetable asistiese a la transformación del payaso (le vio vestirse y maquillarse), comenzó su divertida exhibición.

Diez números

El payaso, al que –como algunos niños le espetaban– tenemos por un señor que se dedica a hacer tonterías, demostró su habilidad infinita para improvisar y hacer cuanto le pedían: llorar –a su manera–, dibujar una risa gorda como un globo, bailar como una bailarina con zapatones, dibujar en el aire una insuperable acrobacia mortal, bajarse los pantalones sin asomar ni un centímetro de pantorrilla y darle un biberón a un dinosaurio. Casi siempre con el payaso subido en una banqueta que hacía más difícil todavía cada número.

No faltaron animaladas como hacer el perro boca abajo a modo de pino puente de toda la vida –eso pedía nada menos el papelito del supuesto espectador– o convertirse por unos minutos en una gallina que incuba un huevo. Pero fue la sesión de malabares con bolsas de plástico la que, sin abandonar nunca las carcajadas, dejó completamente pasmado al público.

Después de eso el payaso podía dar por perfectamente amortizada su visita: el público había reído y a estas alturas había caído rendido a las habilidades del artista total. Así que sólo quedaba recoger los bártulos y marcharse con las maletas a otro lado, que esa es la vida de estos nómadas del humor. Sonó la ‘Bomba’ de King Africa y el payaso se marcó unos movimientos sexis.

Un final delicado

Pero el público quería más. Y el payaso, para qué nos vamos a engañar, también. Así que volcó todo el bote con el resto de los papelitos, escogió uno de ellos y leyó: “El payaso tiene que desnudarse”. Hubo risas, incluso nerviosas, voces auxiliadoras previniéndole del frío, espectadores menos caritativos animándole a cumplir con la última misión… Y el clown, que había demostrado que sabía retorcer su anatomía y su fantasía hasta lo imposible para hacer reír a niños y mayores, resolvió la incertidumbre demostrando que era capaz de hacer lo más difícil de la tarde: desvestirse en público.

Sonó entonces una delicada música soul y, con un refinamiento que puso la sensibilidad del público a flor de piel, se quitó los zapatones y la nariz de payaso, retiró la peluca y la corbata, se desabotonó la camisa y se bajó los pantalones, se deshizo de los calzones rojos de payaso y se quedó a solas con sus slips ante el pasmo generalizado. El payaso al desnudo: un hombre, tan solo.

Pero fue cuando cogió el micrófono cuando se desnudó de veras: confesó que era un tonto que hacía de gallina o que hacía malabares con bolsas, que ha escuchado que es un tonto desde pequeño, que se ha pasado la vida “haciendo piruetas para estar vivo”, un tonto que cree en la risa y en la compasión… Un tipo –tomen nota de la moraleja, que esta vez es para adultos– que se sabe “un tonto en un mundo lleno de listos”.

Para que luego digan que los payasos sólo dicen tonterías.


Galería de imágenes del espectáculo:

Fotos: R.M. 

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