Bella lección de teatro y solidaridad

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La compañía de comediantes La Baldufa presentó este viernes en el Buero Vallejo su adaptación teatral del cuento 'El príncipe feliz'. • Resultó una bella propuesta de espíritu clásico y envoltorio contemporáneo, con múltiples recursos teatrales como las sombras, las proyecciones y las voces en off, además de interpretaciones en directo. •  Asistieron a la obra unas 200 personas, que al final pudieron saludar en persona a los tres intérpretes a la salida del patio de butacas.


La compañía ilerdense de comediantes La Baldufa cumple 15 años y lo celebra con una adaptación del clásico cuento de ‘El príncipe feliz’, de Oscar Wilde, montaje creado en 2011 con el que hace dos años consiguieron el Premio a la Mejor Adaptación Teatral, en la Feria de Feten, en Gijón y el Premio al Mejor Espectáculo en Titeremurcia.

Con él, llegaron este viernes al Teatro Buero Vallejo, ante unas 200 personas, consiguiendo emocionar con su propuesta, aunque quizás el mérito también resida en la estupenda elección de esta historia. Oscar Wilde ideó un príncipe que mientras gobernó lo hizo como si tuviera un muro enfrente de sus ojos, sin conocer realmente a los ciudadanos a quienes gobernaba y que sólo cuando fue estatua, se enteró de las desgracias y la pobreza que sufrían los ciudadanos. Desde lo alto, lo vio todo mucho mejor. El, recubierto de oro y con dos rubíes por ojos, divisiba las miserias de su ciudad sin poder hacer nada. Pero una golondrina, en su camino hacia Egipto en busca del calor, decide pararse ante la estatua y ayudar a contarle quién sufre verdaderamente y a despojarle del oro que recubre su ‘piel y de sus rubíes hasta quedarse ciego con tal de ayudar ahora y facilitar la vida a los que un día fueron sus súbditos.

La Baldufa elige esta fantástica lección de generosidad y humanidad que es también crítica a los poderosos que viven enfundados en su mundo, alejados de las preocupaciones de los ciudadanos, y lo transforma en un precioso cuento teatral dirigido a toda la familia, fundamentalmente a los más pequeños –el montaje se recomendaba para mayores de 6 años- dotándolo de belleza y teatralidad superlativa. No sólo hay dos actores -estupendos Enric Blasi y Carles Pijuan- que encarnan a los protagonistas de la historia, sino también sombras que ellos producen y hablan y van hilando la historia. Y voces perfectas que son a la vez narradores y personajes. Y objetos que se transforman. Y castillos, que también son pantallas. Y proyectores. Y un técnico en escena, que maneja el ordenador y persigue al protagonista dándole luz a la historia y se mete en el montaje como un personaje más.

Muchísimos recursos teatrales, puestos al servicio de la representación -también con interacción con el público, al que se dirigieron de cerca bajando hasta el patio de butacas, en un momento mucho más real y exento de la poética que habían regalado hasta ese momento- y que logran conformar un espectáculo de espíritu clásico pero puesta en escena contemporánea, que en 50 minutos consigue llegar al corazón. Sin digerir todavía el triste pero conmovedor final de este ejercicio teatral -que no fue aplaudido como se merecía-, los actores esperaban al público fuera del patio de butacas para saludarles personalmente. Un placer.