“Se ha caído el interesante movimiento teatral que tuvimos”

Entrevistamos a Fernando Romo, fundador de Fuegos Fatuos y hombre de teatro alcarreño, que este verano ha vuelto al frente del Festival Ducal de Pastrana. • Charlamos sobre esta cita de época, del panorama teatral español y alcarreño y, entre otros temas, sobre el cierre del Teatro Moderno. • “Los mejores espectáculos escénicos han pasado por el Moderno, en el Buero Vallejo se está haciendo una gestión comercial de un espacio público”.


El alcarreño Fernando Romo es ante todo un hombre de teatro. Actor y director escénico, ha sido sobre todo conocido como componente fundador y cabeza visible de Fuegos Fatuos, compañía con la que ha llevado sobre las tablas teatro clásico pero también versiones innovadoras de autores como Molière o Mihura. Protagonista indiscutible de la escena teatral alcarreña hace apenas una década, en los últimos años está casi desaparecido en Guadalajara, como si viviese una suerte de exilio en Madrid. Primer director de la Escuela Municipal de Teatro en 2007, promovió y dirigió también proyectos como el Festival de Teatro Urbano (el FUT) en sus cuatro primeras ediciones. Este verano ha vuelto a Pastrana para ponerse al frente del Festival Ducal, que ya dirigió en sus ediciones de 2004 a 2007.

 

Se deja ver últimamente poco por Guadalajara...

Fundamentalmente es por razones profesionales; personales no porque hay muy buena gente a la que siempre apetece ver. El problema es que Guadalajara no me daba más de sí en lo profesional, el ajo verdaderamente está en Madrid y uno necesita trabajar.

¿Qué anda haciendo ahora mismo?

El año pasado, hasta hace muy poco, hicimos una versión del texto ‘Gaviotas subterráneas’ [de Alfonso Vallejo, dirigida por Carlos Vides y en la que Romo interpretaba un papel protagonista], pero también hemos estado haciendo microteatro, una cosa muy interesante en la que se están moviendo los creativos para buscar alternativas ante el panorama teatral que tenemos, porque tampoco Madrid está para tirar cohetes…

Al final la subida de IVA y la crisis económica afecta por igual…

La subida del 21% en el IVA cultural ha dado al traste con compañías con muchos años de trayectoria porque resulta imposible mantener una estructura empresarial. Pagamos tantos impuestos como si tuviéramos una empresa de chorizos.

Hay que buscar alternativas.

Estamos organizándonos de otra manera: hacemos equipos para proyectos concretos, una vez que ya tenemos garantizada una sala y una salida. Nos ha limitado mucho en la producción: no te puedes plantear una producción grande que antes amortizabas en un año o en año y medio. Ni siquiera lo hacen ya las compañías grandes. Se buscan explotaciones rápidas para tres o cuatro meses… porque además los actores y directores también tienen que hacer más cosas, en televisión, cine y de todo un poco.

Los escenarios están tomados por montajes pequeños o géneros menos costosos como microteatro, monólogo, sesiones de cuentacuentos…

Tienen un valor en sí mismos, son estructuras tan válidas como cualquier otra, pero que proliferen de esta manera demuestra que invertir en teatro ahora mismo resulta algo heroico. 

Frente a eso, a usted le hemos visto volver a Pastrana para ponerse al frente del Festival Ducal, con un concepto completamente diferente: una iniciativa pública, que arrastra a mucha gente, que integra teatro aficionado...

Es un formato distinto. De entrada hay un apoyo del Ayuntamiento absoluto que te permite trabajar, dentro de las limitaciones. Pero es que es un concepto mixto, con una parte popular, por cierto con la entrega total de la Federación de Empresas, pero a la vez con espectáculos profesionales. Se trata de que puedan trabajar juntos para que también las asociaciones crezcan y no se queden ancladas en su propia dinámica, que vean que su actividad tiene sentido y queda reflejada en el Festival.

Ese espíritu ha cuajado bien en la propuesta final, que funde actividades populares que se hacen desde lejos, como los bailes cortesanos y los vestuarios de época, con una profesionalización que extrae más jugo a la tragedia inspirada en la historia de Pastrana.

Es un mestizaje muy interesante. He quedado contento con el resultado. Ha habido un poco de todo, pero sobre todo me parece muy interesante contar con las distintas manifestaciones de las artes escénicas, desde la danza y la música al arte dramático propiamente dicho. En Pastrana tienen cuatro asociaciones culturales que están funcionando todo el año. Por ejemplo la Escuela de Música...

…una iniciativa con un seguimiento tremendo.

¡Acaban de cerrar una escuela de música en Valladolid porque decían que no era rentable! Pero es que esto de la rentabilidad cultural es tan relativo… Depende el modelo de sociedad que quieras tener. Y en Pastrana es muy interesante. ¿Cómo vas a decir que no a colaborar en un festival así, cuando resulta una isla dentro del panorama general? Ves también las damas y caballeros con su taller de costura haciendo una labor social, porque allí la gente se reúne y a la vez que hacen los diseños investigan sobre la historia del traje… O la coral, que actúa por toda España... En Pastrana hay rigor. El Festival Ducal es una actividad que merece la pena que sea apoyada y fomentada.

Y que un Ayuntamiento mediano como Pastrana contase el año pasado con Matienzo y este año con usted, gente de teatro sobradamente contrastada, es toda una declaración de intenciones.

¡Desde luego! Llamar a un director de teatro profesional implica una inquietud y unas ganas por su parte para crecer y hacerlo mejor.

Veo ganas de repetir la experiencia, que le ha encontrado margen de maniobra…

Yo creo que hay un camino por recorrer y que este año hemos creado unos cimientos para un desarrollo mayor del Festival y, con él, de la actividad de las propias asociaciones. Si se puede trabajar, yo estaré allí. Aunque estas cosas nunca se pueden decir, porque la nuestra es una profesión que da muchos bandazos. En Pastrana veo que el apoyo del Ayuntamiento es absoluto. Con mil habitantes hacen mucho y todos trabajan en la misma dirección a favor de su cultura.

En este Festival siguen el modelo de Hita, no en hacer una jornada medieval sino en implicar a todo el pueblo para sacarle partido a su propia historia y buscar la singularidad a través de la teatralización, no sólo la mera ambientación.

Es que a los festivales hay que darlos personalidad para que tengan un componente diferenciador, que lo que se vea en Pastrana no se pueda ver en ningún otro sitio. Y además su historia está muy bien como punto de partida. Es volver sobre el momento de mayor esplendor de Pastrana, el Siglo de Oro y Ana de Mendoza, y a partir de ahí intentamos, por ejemplo, recuperar espacios como el propio palacio para reflexionar sobre el papel de la mujer en un contexto de intrigas palaciegas.

Eso quedó claro en la última edición. Había un trasfondo más allá de los elementos más vistosos…

Hay que hacer esa oferta en la que cada representación tenga dos o tres líneas de lectura, desde la mera anécdota de las luces y las coreografías hasta la estética o el discurso de fondo. En ese sentido hay que ser contemporáneo. No me interesa para nada hacer arqueología teatral.

Ya en Guadalajara capital, tenemos el Moderno cerrado desde hace dos años, desaparecieron el FUT y el Certamen Arcipreste de Hita y el Titiriguada ha sido sustituido por un festival de guiñoles… ¿Cómo vive el retroceso del panorama teatral?

Es todo inexplicable, tenemos un panorama peor que en los años ochenta, en que al menos había un festival por el que pasaron Joglars, Michael Nyman y gente interesante a nivel teatral y musical… Ahora no hay  nada a nivel popular… porque de la programación del Buero Vallejo prefiero no hablar de ella.

Pues le voy a preguntar, porque la concejala de Cultura presume de que en el Buero están los mejores montajes que pasan por Madrid, que llena y que es el principal foco cultural de la ciudad.  

Lo de los mejores espectáculos de Madrid es muy ambiguo… porque hay que saber quién decide eso. Y que sea un referente el Buero tiene su parte de razón: ¡sólo hay eso: lo demás ha desaparecido! Yo creo que los mejores montajes que ha habido en el panorama escénico español han pasado precisamente por el Moderno, con premios nacionales y espectáculos de muchísimo nivel, mucho más interesantes y atractivos desde el punto de vista teatral. La gestión del Buero Vallejo, desde mi humilde punto de vista, es una gestión casi comercial de un espacio público, que no está al servicio de los creadores.

Dice que ha desaparecido casi todo. ¿Por qué?

En Guadalajara ha habido un movimiento teatral muy interesante que prácticamente se ha venido abajo, porque han desaparecido todo tipo de facilidades. Ahí siguen todavía los Ultramarinos de Lucas como héroes, manteniendo el tipo. Nuestros profesionales no tienen una consideración que, sin embargo, sí tienen fuera de Guadalajara.

La asociación regional de compañías, Escenocam, se ha lamentado de la falta de respaldo de la Junta, incluso denuncia discriminación, por ejemplo a la hora de baremar para recibir ayudas estatales para las giras o de programarles en la Red de Teatros.

La Red por ejemplo tenía fallos y la gestión en algunos momentos no era demasiado brillante, pero estructuralmente era correcta. Lo que no se puede hacer es decir: ‘Ahora me lo cargo, me lo han puesto a huevo y, como no es rentable, ¡fuera!’. Hay que reestructurarlo y gestionarlo de otro modo. La red servía para que las producciones pudiesen ser vistas y, a partir de ahí, que el público hiciese la valoración y no una serie de autoridades que en realidad son un señor que se dedica a la astronomía y otro que han puesto ahí porque es de un partido político determinado… eso es muy poco serio.

Y en Guadalajara el cierre del Moderno ha provocado la respuesta ciudadana.

Parece que lo han hecho para que nos dé vergüenza decir que somos de Guadalajara: permitir que un teatro así haya estado abandonado y ahora, en época electoral, se intente abrir de nuevo para decir ‘yo lo he abierto’… cuando ha habido una lucha de los movimientos culturales y de las asociaciones que pretenden que pasen a segundo plano… así no se hacen las cosas. Así es muy difícil crecer. Ocurre por eso que tienen más opciones de crecimiento las asociaciones en Pastrana que en Guadalajara, donde hay una situación de supervivencia pura y dura.

Las asociaciones se quejan de falta de espacios de reunión y de ensayo… está cundiendo la sensación de una cierta inquina hacia la cultura que se hace desde dentro de la ciudad.

Ese es un matiz excelente: la cultura que se hace desde dentro. Pero es que una sociedad sin cultura es una sociedad muerta y sin color.

Hay quien considera que es un modelo de partido, pero otros ayuntamientos del PP mantienen proyectos preocupados por la cultura local.

Así ocurre. Guadalajara es una ciudad que no se quiere a sí misma. Es cierto que la política del PP hace mucho daño a la cultura, como si les molestase que se haga cultura en vez de verlo como algo positivo para una sociedad más sana… pero en Guadalajara el abandono es secular. En Valladolid, Andalucía y Euskadi hay otros modelos. No se hace porque no se quiere, no porque no se pueda. Y aquí tenemos muy buenos profesionales, pero también en las asociaciones con líneas tan excelentes como la del Cineclub Alcarreño. La gente al final se cansa. Guadalajara quema mucho, acabas por aburrirte de hablar contra una pared y de pegarte contra un muro y rebotar. Algunos intentamos mantener unos criterios pero navegamos en mares completamente diferentes a los de los responsables políticos.

¿Habla desde el exilio?

[Risas] Yo estoy encantado de estar en Madrid… estoy feliz. Nunca dejé de tener contacto con Madrid, donde empecé estudiando y con mi carrera profesional en teatro, pero Guadalajara es mi ciudad, he montado una compañía allí, me he intentado mantener… pero cada vez que intentaba avanzar, rebotaba de nuevo para atrás… Llega un momento que dices: ‘hasta aquí hemos llegado’. Sigo manteniendo contacto con la gente que hace cultura, aunque no con la que lo gestiona, y cada vez que sale este tema me duele. Hay iniciativas que mueren prácticamente nada más nacer.

¿Le quedan entonces ganas de volver?

Si me dejan trabajar, sí. Eso es lo que ocurre en Pastrana. El teatro es lo mío y me encanta. Y a nivel de la gente y los colectivos culturales, si me llaman, estoy encantado de colaborar.