Conociendo a Hamlet

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Amigos del Moderno convocó la primera de las tres sesiones de la Escuela del Espectador con la que pretendieron mostrar qué sienten los actores y qué trabajo hay detrás de toda creación artística. • El 8 de mayo y el 5 de junio habrá nuevas sesiones.


La cuestión no es ser o no ser. La cuestión es saber ser espectadores para exigir después qué ver en los teatros de la ciudad, conocer cómo sienten, cómo crean los actores, los autores, aprender que la escenografía es parte vital de un montaje y que la distribución de una obra es fundamental para que esta gire. Aprender a ser críticos y valorar al artista. Establecer, al fin y al cabo, un diálogo que casi siempre es inexistente entre creador y público.

A estas inquietudes intentó responder la primera de las tres sesiones de la Escuela de Espectadores, una nueva iniciativa de la asociación Amigos del Moderno, con la que quieren recordar que el teatro lleva cerrado dos años -"queremos que abra con un proyecto creativo, artístico, pensado"- y con la que quieren dar al público "las herramientas y los argumentos para tener una opinión más crítica y un disfrute más completo" porque "con espectadores más formados para apreciar las artes escénicas podremos demandar espectáculos de mayor calidad", dijo en la presentación Marta Marco, frente a las puertas del Moderno, a un grupo reducido de unas 30 personas.

Como prólogo, una resumida historia del teatro de mano del director teatral azudense Andrés Beladíez, que demostró cómo ha cambiado la mirada del espectador desde que el hombre es hombre.

Reflexiones

"Todos somos espectadores" pero ¿sabemos qué es el teatro?¿qué tipo de espectadores somos?¿creemos que deben existir las artes escénicas? Es parte de los planteamientos lanzados en la primera sesión de la Escuela del Espectador. ¿Qué responsabilidad tiene un espectador? "Es un observador, que a veces hace críticas", señaló José Durán, librero de La Ballena de Cuentos. ¿Realmente el espectador es capaz de mirar con atención?, preguntó Juan López Berzal, de la compañía Ultramarinos de Lucas. "Antes se participaba y ahora voy a lo que me echen, nos aburrimos, existen otras formas de expresar la vida que a Guadalajara no llegan. No llega, por ejemplo, el teatro experiencial, el teatro basado en la naturaleza", dijo Beladíez.

Se sumó Joseba García, distribuidor teatral, director de la productora A Priori Gestión Teatral: "los medios condicionan bastante. La programación es calcada en Murcia y en Santiago de Compostela ¿cómo es posible?", haciendo alusión a que no todos los públicos son iguales. ¿Cuánto puedes elegir como espectador?, se preguntó. Algunos creyeron que poco; otros como el propio García que "existe la responsabilidad. Cuando no vaya nadie al teatro, te traerán otra cosa". "Antes existía el pataleo, los tomates y las sillas. Ahora somos más educados", apostilló Juam Monedero, de Ultramarinos. "El espectador ha de ser activo. Tiene que preocuparle lo que ocurre en el escenario", añadió su compañero López Berzal. ¿Y el silencio? ¿Estamos capacitados para él? Porque como dijo Kevin Spacey, recordó, "el mejor regalo no es el aplauso".

"Falta cultivarse", dijo Enrique, uno de los asistenes. "Falta que nos enseñen las claves para aprender". Y es importante, porque pocos saben que "poner en pie una función es como construir una casa pero en dos o tres meses", dijo García.

Beladíez: "En el Barroco, el teatro era el telediario"

"Partimos del rito", dijo Beladíez, al inicio de su notable resumen de la historia del teatro. En la prehistoria, se generaron lenguajes a partir del reconocimiento del cuerpo; después llegó el teatro griego, con "gran cantidad de actores, recintos con 50.000 espectadores, espectáculos que duraban dos o tres días, que hablaban de los dioses, del destino". Fue un viaje del rito al mito. Los romanos intentaron, sin éxito, imitar a los griegos. Pensaron que "pueden usar las artes escénicas para que el espectador no piense sino que se relaje", añadió. Así "nació el show, los gladiadores, ¿pero qué quedo del armazón de los griegos? Muy poco". Los cristianos continuaron el rito y en la Edad Media, apareció la figura del juglar, un bufón, y el trovador, que "contaba historias para perpetuar el conocimiento, era un teatro más lírico, más de texto".

Beladíez citó también el teatro renacentista -donde las artes escénicas se usaron para demostrar el poder-, el teatro basado en la improvisación (la comedia de´ll arte, controlable y censurable) y el nacimiento del 3D tras la creación de la perspectiva en el Renacimiento, que dio "más posibilidades de juego".

En este sentido, el director azudense sostuvo que "nos hemos olvidado de las estructuras circulares, se empieza a prestigiar más el teatro de calle y los espectáculos con texto adquieren una importancia tremenda". Como sucedió en el Barroco, donde el público llenaba los corrales de comedia. Entonces "el teatro era un acto social, el teatro era el telediario".

También hubo tiempo para recordar el nacimiento de los -ismos, a raíz de la fotografía y del teatro en las cárceles, en las empresas, el teatro reivindicativo, que no habla de dioses, ni reyes sino de obreros. Es "el arte proletario, para la clase media". Del rito al mito y del mito al individuo.

"Nos encontramos en un momento en el que las artes son mulitidisciplinares y donde nos replanteamos ¿qué le interesa al espectador? De alguna manera, volvemos al rito. Pero en el fondo, seguimos contando lo mismo de siempre: historias".