Caricaturas del sufrimiento

 Teatro del Duende representó ‘Matrioska’, su trabajada adaptación de tres cuentos de Chéjov, en un salón de actos del San José con poco público. • Los actores acentúan el sentido del humor de unos relatos que censuran los comportamientos humanos falsos y serviles.


Los personajes de ‘Matrioska’ son muñecos rusos –no podía ser de otro modo– que sobre el escenario se comportan como muñecos rotos por el dolor, despojos humanos que han perdido su dignidad, caricaturas de lo que debiera ser un hombre (o una mujer), pero no es. La compañía madrileña Teatro del Duende no sólo se apropia del fino sentido del humor de la literatura de Chejov, sino que en algunos momentos lo acentúa para disponer sobre las tablas tres piezas que nos denuncian, sin perder la sonrisa, diferentes comportamientos que acrecentan el sufrimiento humano.

La función llegó a Guadalajara de la mano del Centro Asociado de la UNED, que celebra su Primavera Cultural, y se representó este lunes por la tarde en el salón de actos del San José ante medio aforo. Los tres actores de la compañía madrileña le sacaron partido al escenario, que no es el mejor de los posibles, y demostraron, durante algo más de una hora, el intenso trabajo actoral (pero también de vestuario o atrezzo) que acompaña a esta adaptación de tres cuentos del clásico ruso Chéjov que dirige Jesús Salgado.

‘Matrioska’ lo conforman tres piezas, cada una de ellas para lucimiento de uno de los tres actores, precedidas de una cantinela de fuerte acento eslavo. Javier Lago es en la primera, ‘Cirujía’, un zapatero que se afana más mal que bien en sacar una muela a un sufrido paciente, en una farsa a la que asiste el público con una sonrisa perenne y sin olvidar el soniquete y el verso más directo de la canción entonada: “zapatero a tus zapatos”.

En la segunda pieza, ‘Una enigmática naturaleza’, hilada de nuevo por la misma canción, esta vez una dama de alta sociedad experimenta en un tren un caluroso encuentro con un joven escritor al que relata los sinsabores de una vida atada a un compromiso matrimonial de conveniencia que no la satisface. Esta vez la ironía es más aguda todavía, el protagonismo es (canto incluido) para Marina Blanco y la puesta en escena aprovecha con mucho humor los chiflidos y los vaivenes del vagón.

Cerraba la función la pieza más larga, ‘Trágico a la fuerza’, en la que un hombre atormentado llega al estudio de fotografía de un amigo para pedirle una pistola. No es para menos:  su situación resulta patética. Aun cuando su sufrimiento tiene motivos tan nimios como las cargas familiares, se le hace insoportable, hasta el punto de arrebatarle el sentido. En esta ocasión el actor José Rubio se adueña, con todos sus aparejos a cuestas, del escenario.

Las tres piezas fueron de menos a más, con tres actores que demostraron su versatilidad al transformarse ante el público en tres personajes muy diferentes y su capacidad para servir un desarrollo cómico, desde luego, que contiene una fuerte censura contra farsantes, siervos del dinero o esclavos de su propia cotidianidad. A buen seguro que el espectador que así lo entendiera salió con la sonrisa congelada.

Artículos Relacionados