Lección magistral de ilusión con Mimirichi

La compañía Mimirichi ofreció en el Teatro Buero Vallejo 'Tiempo de clown', un magistral repaso a sus 20 años de trayectoria mundial.• Hubo números tiernos, inteligentes y bellísimos donde no faltaron pompas de jabón, intercambio de gafas, guerras de papel y sombras. • Bicicletas, una wii fit, un quad eléctrico, muñecas, juegos de mesa o educativos se sortearon tras la función.


Hubiera querido ser de nuevo niña para perderme en las travesuras escénicas de la compañía Mimirichi, una de las más importantes de teatro infantil de Kiev (Ucrania), elegida este año para prologar el sorteo de regalos municipal. Estos cuatro auténticos magos de la pantomima y el gesto -idioma maravilloso y universal- celebran sus 20 años sobre los escenarios y lo hacen con una gira por España bajo el título 'Tiempo de clown', tejido con pequeños sketches que forman parte de algunas de sus producciones mundiales. Desde 'Flotadores' a 'Guerra de papel'.

El Teatro Buero Vallejo registró anoche una buena entrada -tres cuartas partes del patio de butacas- y el público aplaudió y siguió magistralmente el juego de estos cuatro payasos, capaces de convertir un simple rasgado de papel en una auténtica fiesta. Los que mejor se lo pasaron, sin duda, fueron los niños.

Mimirichi son los payasos de siempre, pintados con lo justo para dejar de ser la persona de a pie y meterse en la piel del actor, del titiritero, de un ser que con sólo aparecer por el patio de butacas, escoba en mano, ya arranca la sonrisa. Números tiernos, inteligentes y bellísimos se sucedieron ante los ojos del público. Hubo, cómo no, esa música clave que es un personaje más y que enriquece cada gesto; ese foco de luz que sigue los pasos del payaso. No faltaron intercambios de gafas, caídas gracisoas, esos objetos que frenéticamente buscas aunque se encuentren en tu espalda, los pies de pato que convierten a quien las lleva en una folclórica que baila sevillanas o en una sigilosa bailarina de ballet.

Mimirichi necesita poco para crear universos: una gigante bolsa transparente llena de aire aunque en realidad, ellos hagan ver que está llena de regalos o un panel de papel que igual sirve de pantalla para crear monstruos inexistentes, sombras gigantes y pequeñas o para librar una batalla de bolas blancas con todos los pequeños que asistían a la función.

Estos cuatro grandes payasos, admiradores de Marcel Moureau -rey de la pantomima- y estudiosos de los grandes mimos que fueron Charles Chaplin y Buster Keaton, practican, además, diversas disciplinas. Son músicos, payasos, actores -divertido el número del rodaje de una secuencia de vaqueros-, y también, capaces de crear números bellísimos con pompas de jabón mientras suena la música de 'Amelié' de fondo perfecto.

'Tiempo de clown' resulta un magnífico ejercicio de imaginación constante que demuestra que no hacen faltan grandes cosas para ser feliz. Sólo ilusión.

Tras el espectáculo, hubo sorteo de regalos. El anfiteatro fue la bancada con más suerte en una tarde-noche de juguetes, donde brillaron las bicicletas y un quad eléctrico pero no faltaron muñecas, juegos de mesa, monopatines, juegos electrónicos y educativos.