Sara Baras: La Pepa, a sus pies

Sara Baras encandiló a todo el Buero Vallejo con su espectáculo flamenco 'La Pepa'. • Dos horas donde la gaditana rinde homenaje a su tierra y a la constitución de 1812 a través de siete cuadros flamencos impresionantes. • Esta 'Pepa', encargo para la conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812, se convierte en mujer y en una sucesión de escenas de baile que destilan horror, historia y alegría. • Acompañada de un sobresaliente cuadro de bailarines, con el artista invitado, José Serrano, esta dramaturgia flamenca parte de la Guerra de la Independencia y termina con el triunfo de la libertad.


En La Pepa, la historia se escribe con los pies. Sara Baras engrandeció anoche el Teatro Buero Vallejo con esta dramaturgia flamenca que homenajea a una ciudad, Cadiz, un pueblo y una forma de sentir y creer en que otro mundo era posible cuando apenas empezaba a nacer el siglo XIX. En 1808, la Guerra de la Independencia en España instaló el horror hasta 1814, pero sólo dos años antes, nacería la primera constitución española, 'La Pepa', en el rincón más antiguo de la Europa Occidental, la única bahía libre de la presión napoleónica, que ha tomado el país. En ese puerto, el pueblo bulle, ansía libertad y un futuro mejor: esperanza, serenidad, un horizonte plateado que se destila en cada zapateado.

Sara Baras es una maestra. Primero de rojo, luego de azul y al final, de gris perla, convertida en estatua vida, en mujer libertaria y liberadora. Baras martillea la tarima de forma abrumadora, recorriendo el escenario en horizontal, caminando al ritmo de su zapateo constante y contundente. Los aplausos se repitieron en cada cuadro de este espectáculo, enriquecido con música y cante en directo, con guajiras, fandangos, seguiriyas, martinetes, tangos, soleás y bulerías. Baras responde con un beso que lanza al patio de butacas -lleno hasta la bandera- y continúa percutiendo el suelo.

Engrandecen el espectáculo la deliciosa banda sonora compuesta por Keko Baldomero -en escena, a la guitarra-, los percusionistas Antonio Suárez y Manuel Muñoz 'Pájaro' y las voces de Saúl Quiros, Emilio Florido y Miguel Rosendo, que actúan como un personaje más en esta historia así como el fascinante ejercicio de luz de Oscar Marchena, J. Luis Alegre y la propia Sara, que dirige y coreografía esta Pepa. Dándole réplica, como primer bailarín, su coreógrafo José Serrano, impecable en el zapateado.

Con canciones que hablan de libertad, suspiros, de luz y esperanza -hasta Napoleón Bonaparte sale en uno de los versos-, los bailarines van hilando este teatro flamenco lleno de quejíos, lamentos, sonrisas y juramentos, al que ayuda el bonito vestuario que también baila. Las bailaoras se mecen junto a pañuelos, sombrillas y abanicos, al compás de sus faldas de vuelo amplio.

La Pepa, ya lo dice Sara Baras en un momento del espectáculo, con voz en off, es "un símbolo, un sentimiento, una actitud, una manera de sentir, un carácter, una esperanza...". La Pepa es la voz del pueblo en forma de mujer. Nació hace 200 años, pero ahora regresa renacida.

Se ha convertido ya en uno más de los personajes del imaginario profesional de esta gaditana, que ha sido ya Mariana Pineda, Juana la Loca y la seductora Carmen -su trilogía de mujeres heroínas-.

Sara Baras estaba feliz, feliz de "volver a esta tierra" por primera vez después de haber sido madre -para ello, se retiró durante dos años de los escenarios-, una tierra, dijo, que "siempre me recibe con los brazos abiertos... me encanta".

En el cuadro final, regaló varios bailes, aferrándose a la alegría de la bulería final. Cogiéndose el pico de su falda y sujetándolo en el escote, mostró de nuevo su talento. Y puso punto final con explosión de aplausos y con algunos espectadores en pie. Pidió silencio entonces para bajar al patio de butacas y dirigirse de manera especial a una niña de 12 años Carmela, a quien regaló una muñeca, la Nancy España, "me hace mucha ilusión porque soy una de las primeras españolas en tenerla".

Así fue esta 'Pepa', universal y atemporal, con cuadros flamencos llenos de luz y música, con tintes históricos pero sobre todo, llena de ritmo y fuerza, pero también delicadeza.

Fotos: E.C.

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