Cómo ser mujer y no morir en el intento

  • Imprimir

Más de medio aforo del Buero Vallejo disfrutó la noche del viernes de 'El Manual de la Buena Esposa', interpretado por las actrices Berta Ojea, Mariola Fuentes y Concha Delgado. • A lo largo de hora y media trazan un retrato cómico lleno de necesaria ironía de la mujer, madre y esposa abnegada que pregonaba la dictadura. 


Hazlo sentir a sus anchas, ten lista la cena, luce hermosa, sé dulce e interesante, arregla tu casa porque debe lucir impecable, hazlo sentir en el paraíso, prepara a los niños, minimiza el ruido, ponte en sus zapatos, escúchalo, no te quejes y procura verte feliz. Consejos nada extrarrestres y sí reales de un tiempo pasado, una guía de la buena esposa que anoche pusieron sobre las tablas del Buero Vallejo las actrices Berta Ojea, Mariola Fuentes y Concha Delgado, en un montaje cargado de comicidad y necesaria ironía para realizar una radiografía de la mujer española entre 1934 y 1977.

Ante unos 600 espectadores Fuentes, Ojea y Delgado fueron niñas, adolescentes, aspirantes a la Sección Femenina, futuras esposas, sirvientas, folclóricas y hasta bailarinas de un grupo de coros y danzas.

Las doce situaciones que presentan estas tres buenas intérpretes, que velozmente -hay que aplaudirlo- se transforman en diferentes personajes, podrían titularse 'Como ser una mujer en el franquismo y no morir en el intento' o 'La perfecta casada'. En 'El Manual de la Buena Esposa' se retrata a la mujer de aquellos tiempos en los que en España imperaban las reglas y la educación católica, apostólica y romana.

Es una simpática radiografía, aunque quizás ciertamente estereotipada y, en algunas escenas, exagerada para arrancar la risa -como en la de la esposa que debe limpiar la casa a la vez que cuidar del bebé, a ritmo de salsa- pero está lejos de ser una obra banal reducida a la carcajada fácil y consigue finalmente ser un montaje que intenta también, con la creación de ciertos personajes antagónicos, reflejar lo absurdo -incluso, humillante- de aquel rol, del que parecían querer escapar aunque aceptaban las futuras esposas y madres abnegadas. Es la verdadera riqueza de la obra. La ironía es un ingrediente clave y necesario, para arrancar la sonrisa ante tanta estupidez de fondo y, en definitiva, tanta ridiculez.

Hora y media y tres buenas actrices bastan para hacer una foto fija de una mujer que tenía que ser sumisa, sacrificada y servicial. Ojea, Fuentes y Delgado se convierten en esta especie de 'Florido Pensil' en femenino, en niñas a punto de hacer la Comunión, en adolescentes que aspiran a entrar en la Sección Femenina -fantástica la frase "Danos una aguja y nosotras moveremos el mundo", que suelta Concha Delgado- o en novias que preparan su boda aunque aún no tengan novio.

También son falangistas que consideran a las alemanas "nazis y fascistas", todo un modelo de organización hasta que las ven ducharse juntas y en cueros y se les cae el mito -aunque en el fondo, terminan haciendo lo mismo-; en jóvenes que 'pecan' por comprarse una minifalda roja para recibir a los Beatles a Barajas -fantástica Berta Ojea en el monólogo de esta escena- o en mujeres hartas de las mentiras que se vertían desde la radio, cuando no se podía hablar de anticonceptivos, la censura era férrea y la libertad, una utopía que cantaba maravillosamente Aretha Franklin -estupenda Mariola Fuentes en este scketch tragicómico que comparte con Concha Delgado, de vitalidad apabullante sobre las tablas-.

La España de los dos rombos, la de "Dios aprieta pero no ahoga", la de la represión sexual -el público se rió mucho con la escena de la enfermera y la paciente que acude a ginecología por unos picores vaginales-, la de las que tienen que servir y hasta la de las folclóricas que actuaban ante los gerenalísimos con coplas demasiado picantes, se reproduce en este montaje bien hilado en general, con un guión que persigue la risa y lo consigue -hay escenas más acertadas que otras- y estupendos intermedios musicales. A tenor de los aplausos finales, este manual gustó mucho al público.

Fotos: E.C.