Blancanieves, menos cruel y sin enanitos

Unos 700 espectadores, la mayoría pequeños, acudieron ayer a 'Blancanieves, el musical', versión del original de los Hermanos Grimm, que cuenta con un buen elenco de actores-cantantes. • Los niños pudieron fotografiarse con los actores tras el espectáculo, en el hall del teatro. • Destaca en este espectáculo la producción musical, con temas acertados y voces sobresalientes.


En 'Blancanieves, el musical', la historia se reescribe. No hay enanitos, ni manzana envenenada, hay príncipe pero al principio es un cazador y hay madrastra -con espejo-, que es la mala malísima de este cuento alterado, convertido en musical, que guarda cierta semejanza con el original pero se aleja a medida que avanza la historia.

Ayer, reunió a unos 700 espectadores -muchos de ellos, niños- en el Teatro Buero Vallejo, donde precisamente la actriz Dulcinea Juárez estrenaba papel protagonista, tomando el testigo de la que hasta ahora daba vida a la dulce Blancanieves, la actriz Xenia García, que ha abandonado el musical para incorporarse al elenco de 'Sonrisas y lágrimas', en Barcelona.

Juárez, con amplia experiencia en el mundo de los musicales, -debutó con 'La Bella y la Bestia' dando vida a Babette y desde entonces ha participado en 'Queen, we will rock you' o 'El Mikado', de Dagoll Dagom, por citar algunos de ellos-, es la que hila todo este espectáculo de una hora y 20 minutos de duración, que si por algo destaca, es por la producción musical, que dirige Borja Barrigüete.

Perfectas voces para un musical familiar, que homenajea a los cuentos infantiles y va dirigido fundamentalmente a pequeños -hubo muchos disfraces de princesa y blancanieves entre las butacas-. Con notables piezas musicales, acertadamente elegidas en cada escena, el espectáculo está teñido de mucho humor -los niños se rieron en numerosas ocasiones- y tiene agilidad: la historia, de 90 minutos, pasa rápidamente ante los ojos del espectador, al que se le hace corto el espectáculo.

Además de Juárez, mención especial requiere la soprano Amanda Puig, en su doble rol de directora del orfanato y madrastra, la malvada Evelda, que encarna de manera sobresaliente. Aplauso también merece el espejo, un personaje más,virtual pero lleno de vida y de voz, clave y vital para el desarrollo de esta historia.

La escenografía es mínima, pero bella y suficiente, basada en amplios paneles decorados -ya sea un bosque, el interior de una casa de cazadores o la habitación del orfanato donde pasan sus días a la espera de ser adoptadas Blanca y su amiga Daniela, a la que da vida acertadamente la actriz Ruth Ge-.

El argumento -el versionado- puede ser más o menos discutido. Ambientado en 1950, este Blancanieves narra en realidad la historia de dos príncipes -ella, de Belovia, él, de Surkistan, dos países imaginarios del este de Europa- que resultarán ser en realidad Blanca y Pedro, el cazador. Las criadas de los respectivos reyes salvan a los dos pequeños, rescatándoles del Palacio y dejándoles frente a dos puertas, firmando un destino incierto pero más seguro para los dos bebés. Blanca crece en el orfanato y Pedro, en casa de un humilde y simpático campesino. Sus destinos se unen en el bosque, adonde Zote, el servidor de la madrastra, la llevará para matarla sin éxito. Y con el tiempo, se enamoran.

La historia, en su parte clave, es similar al original que escribieron los Hermanos Grimm. No falta la madrastra ni el espejo -si no, no habría cuento- pero sí se echa en falta la dulzura y simpatía de los siete enanitos de la historia primitiva.

La manzana envenenada tampoco existe, siendo sustituida por un brebaje envenenado que la madrastra, enfundada en su papel de directora de orfanato -el Palacio de Lohr- sirve en una bebida que tomará Blancanieves.

El musical tiene un final feliz de príncipes y princesas, enfundados ya en trajes principescos y con beso incluido, el mejor final que puede tener un cuento infantil. Es verdad que no es la Blancanieves de siempre -es un poco menos cruel que la original y un poco más pastelosa- pero la versión -teniendo en cuenta a quién va dirigido- tampoco chirría tanto. Todo se debe al elenco de buenos actores-cantantes, que por cierto, a la salida, estaban esperando a los espectadores más jóvenes para hacerse fotos y regalarles una sonrisa. Los niños, tan contentos.

Fotos: E.C.

 

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