Una ‘road movie’ de feminismo gore

Eva Hache y Ángeles Martín protagonizaron ‘Fisterra’ en el Buero Vallejo, que registró media entrada. • Es una delirante y gamberra historia de un viaje inacabable entre Pontevedra y Finisterre que provocó muchas carcajadas en el patio de butacas.  La obra desenmascara los convencionalismos y exhibe el modo radical con el que dos mujeres normales se liberan de una relación matrimonial frustrante.  


Tiene todas las trazas de una historia de camioneros, pero esta vez la protagonizan ellas. ‘Fisterra’ pone en carretera a dos mujeres que tras su aparente normalidad (de señora madura que acaba de enviudar y de afanosa trabajadora del taxi) esconden a dos heroínas del asfalto capaces de todo, que acaban haciendo trizas todos los convencionalismos para liberarse de sus relaciones matrimoniales frustrantes en un delirante ejercicio de descuartizamiento (literal) y despellejamiento de sus maridos.

El texto escrito por Ferrán González se abre paso sin demasiadas estridencias en la primera media hora, donde quedan dibujados dos personajes (caracteres incompatibles) que además servirán de contrapunto a las propias protagonistas cuando se acelere la trama con otros acontecimientos.

Porque sobre las tablas del teatro sólo hay dos rostros (los de Eva Hache y Ángeles Martín), pero en realidad habrá varios personajes: ni la taxista Paz ni su clienta Antonia son dos individuos tan planos como al principio cabría esperar y de hecho asistiremos a una transformación radical a lo largo del montaje. Todo ello con divertidas muecas y gestos y un cuerpo a cuerpo constante entre ambas, más interesante cuando la lucha es dialéctica que física, en un sacrificado trabajo actoral que quedó sobradamente agradecido con las carcajadas del público y con la prolongada ovación final.

Segunda parte muy gamberra

Será en un final muy gamberro, con giros inesperados, referencias muy ‘gores’ y dos protagonistas fuera de sí en su huida hacia ninguna parte (que eso es más bien este fin del mundo al que viajan), cuando el ingreso en la libertad quede descrito en dos pasos: la evasión (esos porros y esos tragos de vino picado) y el arrebato de locura.

La comedia dirigida por Víctor Conde se dispara en esta segunda parte, que alterna pasajes surrealistas, parodias a lo ‘Thelma y Louis’ y arengas violentas al más puro estilo americano (o de película americana de tipos duros). Al final, quedan rotas las cadenas, aunque a un precio desmesurado; pero el público ha asistido a un exorcismo de los dos personajes que le resulta balsámico, pues confraterniza con ellas y acaba por aprobar las crueles venganzas de las que va teniendo noticia. ¿Qué hace el espectador, si no, al liberar sus carcajadas?

Comedia entretenida y disparatada, con un automóvil en todo momento sobre el escenario y gran sobriedad en la puesta en escena, ‘Fisterra’, que este viernes en el Buero Vallejo convocó a la mitad del patio de butacas, ofrecerá para quien se esfuerce alguna moraleja filosófica sobre la represión de la personalidad o los diferentes tipos de violencia existentes en la vida en pareja. Pero, en realidad, lo que hace es desplegar unos cien minutos de teatro puro con un humor sencillo y muy efectivo. No aspira a dar respuestas a ninguna pregunta filosófica, y no lo hace, pero se cuida de caer en lo soez y casi siempre lo consigue. Baste con pasar un buen rato destripando al cabrón del marido.