Los Ultramarinos más submarinos

La compañía alcarreña Ultramarinos de Lucas representó este viernes en el Buero Vallejo ‘Cosas del mar’, un espectáculo de luces ultravioletas para niños. • Sin voz, pero con música y mucho lirismo, desplegaron una función muy original con un mensaje ecologista.


‘Cosas del mar’ es un concierto de luces y notas musicales que sumergen al espectador en el disfrute de la poesía de uno de los mundos más marcianos que tenemos en nuestro propio planeta: el fondo del mar. Los niños pudieron descubrir sobre el escenario del Buero Vallejo que las profundidades de los mares se parecen mucho más a esa delicada simplificación de las cosas que hace Ultramarinos que al Fondo de Bikini que habitan Bob Esponja y los suyos. Ese era el cometido: descubrir para ellos (redescubrir para nosotros, los adultos) ese paisaje desconocido del que disfrutan los buceadores y los amantes de los documentales del género.

Con una sencillez pasmosa (las ‘cosas del mar’ se presentan con formas esquemáticas) y con una suerte de marionetas de luces ultravioletas, ante la mirada del espectador navegan barquitas de vela, galeras y petroleras, mientras saltan delfines de colores, bucean coloridos bancos de peces o una gran ballena rosa se reivindica como reina de los dominios de Poseidón. Hay también islas desiertas con aborígenes y siempre barcos, barquitas y barquichuelas. La original técnica utilizada quedó al descubierto para niños y mayores al final del espectáculo, gracias a la generosidad de los actores.

Además del cuidado lirismo con que se reproducen las diferentes escenas, Ultramarinos de Lucas deja un mensaje para el público infantil –el espectáculo estaba recomendado especialmente para niños de tres a ocho años-, muy interesante para el debate tras la función. La ‘evolución’ del ser humano (el ser de la superficie) lleva de las barquichuelas a los barcos de guerra y, al final, a surcar los mares con un enorme barco que acaba por vomitar sobre las aguas petróleo, detergentes, basuras y otros vertidos tóxicos, violando el virginal paisaje marino del que el espectador se había enamorado minutos antes, ese mismo mar que, parafraseando los versos de Pío Baroja del programa de mano, en “su infinita monotonía, sus infinitos cambios, su soledad inmensa nos arrastra a la contemplación”.

Una vez más, Ultramarinos ha demostrado en este trabajo de Juam Monedero que sobre la escena despliega con su compañero Juan Berzal, su versatilidad sobre las tablas explorando nuevas técnicas y conceptos y reivindicando como género mayor el teatro infantil, para el que buscan fórmulas a la altura de los pequeños espectadores, sin trivializar por ello el espectáculo. Aunque para algunos adultos pueda hacerse algo largo si no logran sumergirse en el argumento, con los niños funciona a las mil maravillas. Baste decir que la única objeción que puso el pequeño crítico que había en la butaca de al lado fue que no hubiese más fauna marina: echó de menos un tiburón y un pulpo. Es decir, todavía más cosas del mar.