El viejo truco de Groucho

Cierra la primera edición del ciclo ATAquilla con la representación de Tres Tristres Trigres. • ‘Groucho’s’ es una ácida mirada a las consecuencias de la crisis económica, con un divertido e inesperado desenlace.


A base de sufrir las consecuencias de la crisis, hay quien puede llegar a pensar que el problema es él mismo. O hay quien, incluso, prefiere que así lo piensen en casa. De algún modo, ese planteamiento revive sobre el escenario a Groucho Marx en un entorno familiar, donde su surrealismo canta más que nunca, para denunciar con un humor ácido (y por tanto, corrosivo) las crueles consecuencias que está teniendo la crisis sobre aquellas familias cuyo único pecado fue vivir por encima de las posibilidades: es decir, trabajar para pagar una hipoteca.

La ya veterana compañía alcarreña Tres Tristes Trigres obtuvo una buena entrada en la última de las cuatro funciones del miniciclo ATAquilla de la Asociación Teatral Alcarreña, con esta obra más irónica que cómica que mantiene el tipo durante más de una hora para desembocar en un desenlace tan inesperado como divertido.

Cuando el joven Adolfo regresa desde Madrid a su casa de una capital de provincias han cambiado muchas cosas: no sólo la familia se enfrenta a ahogos económicos, sino que el padre parece haberse evadido de esta realidad mediante una curiosa actitud: disfrazarse de Groucho Marx y andar todo el día con el puro, leyendo el periódico, y rescatando algunas de las ingeniosas frases de sus películas, muy bien traídas siempre a la situación concreta.

Con trabajos actorales de diferente factura, Fernando Catalán borda a Groucho, sobre todo en los momentos en que lo resucita de forma más auténtica. Con una deliciosa música de violín y guitarra en las transiciones de escena, y un enredo ágil y muy bien construido, esta entretenida pieza oscila entre la amargura y la risa, aunque siempre es el tono cómico el que más divierte y mejor sirve al propósito indudable de denuncia social que encierra el mensaje de la obra. Es aquí donde el doctor farsante interpretado por Luis Miguel García y el hipócrita interventor del banco, encarnado por Raúl Cristóbal, dan en el clavo.

No ha de ser casual (y si lo es, resulta aún así todo un acierto) que la reencarnación del padre sea en Groucho, personaje que no sólo ofrece el surrealismo ideal para esta situación doméstica sino que representa, además, la cara más demoledora de la moral de ese otro desastre que ahora nos es tan familiar, la crisis del 29. Tan irreverente, pero mucho menos efectivo, habría sido que saliese disfrazado de Chaplin o de Espinete.

Cargado de reflexiones amenas sobre el mejor modo de afrontar las consecuencias de la crisis (con filosofía de andar por casa, con pastillas con efecto placebo, huyendo disfrazados de la realidad, cogiendo el toro por los cuernos…) el sorprendente final acabará por decantarse, cuando todos menos lo esperaban, por el triunfo del marxismo. Entiéndase: el de Groucho.

Galería de fotos del espectáculo:

Fotos: R.M. 

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