Los porqués de las cosas

La compañía alcarreña Ultramarinos de Lucas, que celebra su 18 aniversario, ofrece un cuento reivindicativo y un monólogo con una alegoría de la vida. • Ha sido la segunda cita del ciclo ‘En la puñetera calle…’ de Amigos del Moderno, tras el estreno con Quique Meléndez. • “Estamos aquí no para hacer teatro, sino una reivindicación”, recordaron los actores antes de su función.


A veces la gente no entiende los motivos. Los elevados, como la muerte, y los terrenales, como el cierre de un teatro. De lo divino y de lo menos divino ha querido hablar con registros muy diferentes, literatura de batalla, primero, y metafísica poética, después, la compañía alcarreña Ultramarinos de Lucas, que en su 18 aniversario también se ha sumado al ciclo ‘En la puñetera calle’, la programación primaveral que la Asociación Amigos del Moderno ha organizado para abril y mayo con el objetivo de reivindicar a la consejería de Cultura la reapertura del céntrico teatro, a la espera de planes privatizadores.

“Esto que vamos a hacer no es teatro, no estamos aquí para divertirnos, sino para reivindicar”, aseguraron los actores, antes de dar paso a un cuento reivindicativo que sirvió para parodiar la situación de cierre del Moderno y para abrir el telón de este escenario a cielo abierto.

El cuento tenía por referente a un reino dentro de otro reino donde la gente “estaba harta de sus reyes”. Pero, en realidad, la protagonista era otra, una “bruja mala” que casualmente se llamaba María Dolores Cospedal y “comía niños por las noches” y que tenía una serie de “demonios” por consejeros, entre ellos uno llamado Marcial, que decidió cerrar un teatro en la ciudad donde mandaba un señor llamado Antonio Román. ¿Por qué se cerró? Porque los niños se divertían y “porque no querían que los niños y las niñas pensaran”.

Con sarcasmo y tendenciosos parecidos con la realidad, el cuento, en el que Juan López Berzal ha asegurado que “todo es mentira”, sigue teniendo el final abierto.

‘¿Cuándo?’

La compañía eligió para esta participación en el ciclo de Amigos del Moderno una obra que ya había representado por escenarios de todo el país. Le sentó muy bien a este monólogo, que es en realidad mucho más –toda una alegoría de la vida: filosofía dicha con carga poética– la proximidad del público, la improvisación del escenario a las puertas del verdadero teatro y la temperatura ideal para estar a la sombra, aunque esta vez fuese de forma irremediable.

En esta función, Juam es Juan Palomo, porque se lo guisa y se lo come él solo todo: cánticos, efectos especiales, preguntas, respuestas (el texto es suyo)… interactúa con los niños, se convierte él mismo en uno de ellos subido a hombros de su abuelo (qué más que un bastón y una boina) y soporta las interrupciones de unos niños a los que sus padres deberían educar también como espectadores.

La función, poética, teatro de la cabeza a los pies desnudos, reflexiona de una forma delicada sobre la vida y, por tanto, sobre la muerte: los abuelos se van como caen las manzanas maduras y como se secan los árboles viejos. Queda una nostalgia que identificamos con el olor a tierra húmeda. Porque a nosotros, pobres mortales que no alcanzamos la madurez metafísica para acabar de entender las razones de la vida y de la muerte, nos cuesta tanto entender estos asuntos tan elevados. Y a veces, también los otros: lo del Teatro Moderno.


Crónica en imágenes:

Fotos: R.M.

 


El ciclo sigue

El ciclo ‘En la puñetera calle’ se mantiene durante lo que queda de mes (la próxima cita toca cuentacuentos con Pep Bruno y Begoña Perera), después de que quedase inaugurado el domingo anterior con una actuación musical del guitarrista flamenco Quique Meléndez. 

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