Menopáusicas perdidas

Cinco menopáusicas sin remisión –Lolita, Paz Padilla, Fabiola Toledo, Ana Hurtado y Mª Teresa Campos, aunque ésta en estado virtual- intentan llevar como pueden la llegada de este cambio hormonal a partir de los 50. Los efectos se muestran en ‘Sofocos’, un montaje ligero pero desternillante para el público que agotó las entradas del Buero Vallejo en la noche del sábado.


‘Sofocos’ dista mucho de ser buen teatro. Ni siquiera es un montaje lleno de buenos gags. Si me apuran, no sirve ni para pasar un buen rato, salvo algunos monólogos como el de la humorista y presentadora de ‘Sálvame’ Paz Padilla, subida en el ‘trono’ a la espera de la llegada del ginécologo y el sketch que Ana Hurtado y Lolita escenifican, pasando por dos mujeres en clase de yoga, donde intentan reponer una figura ‘desfigurada’ por los gintonics y los croisants rellenos.

Estereotipos aparte –que los hay y muchos durante las dos horas que dura el espectáculo- la obra es, básicamente, una serie de gags, sketches y monólogos, con unos poquitos números musicales –hasta los dos ovarios cantan y bailan al ritmo de music hall-, donde la menopausia tiene la culpa de todo. El público -sobre todo, femenino- se desternilló de risa durante todo el montaje. Sobre todo, con Lolita y Paz Padilla. 

En 'Sofocos' se habla de la falta de sexo, de la sequedad vaginal, de la terapia hormonal sustitutiva –que viene a ser la sustitución del marido por un amante 20 años más joven-, de la depresión, de la ansiedad… la menopausia las persigue… hasta estando muertas. 

Lolita es la monja, es Juana la Loca, es la amiga que va a yoga contigo. Paz Padilla es la guasona, la pícara, la lesbiana, la mujer de 50 y tantos que no sabe de tecnología pero se ha de familiarizar con el ‘feisbu’ y los ‘tuis’ porque en la oficina donde trabaja, todos son más jóvenes que ella y es lo que se lleva.

Fabiola Toledo es la pija positiva y engreída, es la modista de alta costura Coco Chanel, es una mujer que abandonó su marido hace 10 años pero que ahora, ya sola y con el hijo fuera de casa, se da la ‘gran vida’ con un joven que la llena por completo. Ana Hurtado, con menos peso que las anteriores, es la ejecutiva, la recauchutada de silicona por todas partes y la Gioconda.

Y entre todos estos estereotipos, Teresa Campos aparece como la mujer ciertamente experimentada que ya sabe lo que es la menopausia de sobra y que anima a todas a vivir esta fase como una oportunidad y no como un calvario. También la menopausia tiene su lado bueno. 

El montaje, de dos horas, está dirigido por Juan Luis Iborra, guionista de cine en películas cómicas como ‘¿De qué se ríen las mujeres?’, ‘Todos los hombres sois iguales’ o ‘El amor perjudica seriamente la salud’ y en televisión, director de ‘Escenas de matrimonio’ o ‘La que se avecina’, entre otras.

Los textos los firma Isabel Arranz, que co-dirige esta sucesión de historias, que son fieles al esqueleto de los espectáculos de monólogos del Club de la Comedia y las secuelas teatrales que se originaron con el sexo o la diferencia de géneros como argumento, véase por ejemplo cincohombres.com o los monólogos de la vagina. 

‘Sofocos... que medio siglo no es nada’, bajo la dirección de arte y vestuario del estudio de Agatha Ruiz de la Prada, está diseñado para echarse unas risas a base de humor facilón, textos nada brillantes –especialmente el del último sketch, en el que las cuatro protagonistas viajan en un vagón de tren, rumbo a Guadalajara- y una moraleja positiva: a los 50 y tantos no se acaba la vida, en realidad empieza. Sólo hace falta tomarse a guasa la jodida menopausia.

  

Fotos: E.C.

 

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