Buero, ni casa ni museo en su ciudad natal

El más importante escritor nacido en Guadalajara en el siglo XX no tiene ningún museo dedicado a su obra en la ciudad • Una placa recuerda dónde nació y vivió sus primeros años, en Miguel Fluiters • ¿Por qué no cuajó el intento de instalar en la ciudad su fundación?


Una joven morena y de ojos azabache vive ahora de alquiler en la misma casa donde Buero Vallejo nació hace casi 96 años. Su mudanza hasta ese inmueble de Miguel Fluiters, la prolongación de la Calle Mayor, no tuvo ninguna motivación literaria, según confiesa: simplemente le gustó el piso y formalizó el contrato. Apenas sabe nada de los propietarios. Sólo más tarde advirtió que junto al balcón donde tiene unas macetas con flores, una placa instalada hace unos años informa de que en esa casa nació “el ilustre dramaturgo”.

Antonio Buero Vallejo da nombre en Guadalajara a un teatro, a un instituto, a un premio literario y a una calle periférica, y tiene además dos esculturas con su busto, una en el propio auditorio y otra en el Paseo Fernández Iparraguirre, junto a otros guadalajareños también ilustres. Sin embargo, no hay ninguna casa museo, ninguna fundación ni ningún centro consagrado a su vida y su obra en la ciudad en la que nació y vivió su niñez y su primera juventud.

Buero Vallejo no es un escritor cualquiera. Cuando falleció, hace doce años, los críticos y especialistas coincidieron en que la suya era la figura más importante del teatro de la segunda mitad de siglo XX, a la altura de dos nombres de la dramaturgia como Valle-Inclán y García Lorca. No obtuvo el Nobel, como el alcarreño adoptivo Camilo José Cela, pero sí el resto de las glorias literarias: el Cervantes –llamado Nobel de las letras hispanas-, el Nacional de las Letras Españolas en 1996 y, en cuatro ocasiones, el Nacional de Teatro. Y son sólo los más destacados de un interminable serial de laureles.

Al morir el escritor, hubo un consenso respecto a la conveniencia de impulsar una fundación consagrada a su producción literaria y, tal vez, la apertura de una casa museo. Sin embargo, ha caído en el olvido este proyecto relacionado con una figura de las letras que también pasó por la vida sin hacer ruido, con modales austeros, y cuya posición política llevó a muchos a querer enterrarlo en vida.

Reclamos para el turismo cultural

Guadalajara capital, a la que no le sobran precisamente reclamos para atraer turistas, mantiene de momento en el olvido cualquier proyecto relacionado con la posibilidad de abrir un museo consagrado a su hijo más reconocido en el mundo de las letras durante el último siglo. “Tener este centro en Guadalajara es un sueño que habría que intentar que se hiciese realidad. Y a Buero Vallejo, además, es muy fácil venderlo”, reflexiona Antonio González Padrón, presidente de la Asociación de Casas Museo y Fundaciones de Escritores (Acamfe).

¿Qué hacen en estos centros? “No sólo se trata de recordar por recordar”, sino de perseguir un doble objetivo: de un lado, estas fundaciones o entidades culturales reúnen la biblioteca del escritor, su archivo personal o sus manuscritos, los fondos ligados a su tarea como escritor, que hacen de estos centros de estudios un verdadero foco cultural en sí mismos.

Pero, además, hay un componente turístico en el reclamo del nombre de un escritor por parte de una ciudad, por estos centros atienden también el lado “más fetichista” del apasionado lector a quien “le gusta tocar o contemplar lo que el escritor en concreto tocó o vio”. De ahí que el mobiliario o ciertos objetos personales formen parte siempre de estos proyectos, según defiende este canario que está al frente de la Casa de Fernando de León y Castillo en Telde y que mantiene lazos familiares en la localidad guadalajareña de Bujalaro.

La fachada de la casa donde nació el escritor muestra esta placa conmemorativa del nacimiento, instalada en el 75 cumpleaños. / Foto: R.M.

Los datos de visitas turísticas refuerzan esta otra vertiente. En la casa museo de José María Gabriel y Galán, en un pequeño pueblo extremeño, hay cada día entre cuarenta y cincuenta visitantes, aunque la figura literaria no es de primera línea y la localidad no está de paso en los itinerarios turísticos. La casa de Galdós en Gran Canaria tiene 30.000 visitas al año. La de Rosalía, en Padrón, más de 80.000. La que dirige González Padrón en Telde, una localidad de 100.000 habitantes, alcanza incluso las 14.000.

Otro ejemplo, la Casa de los Poetas que homenajea en una ciudad pequeña y alejada de Madrid como Soria a los escritores Antonio Machado, Gerardo Diego y Gustavo Adolfo Bécquer recibió nada menos que 2.500 visitas únicamente durante cuatro días de Semana Santa, la primera desde que abrió.

¿Por qué no cuajó la idea de la fundación?

Hace apenas cinco años, el hijo de Buero Vallejo, Carlos Buero, aseguró públicamente que estaba dispuesto a ceder los fondos de su padre para un proyecto de fundación consagrado no sólo a la figura de este dramaturgo sino al teatro contemporáneo, en general. “Guadalajara, que tiene dos teatros bastante buenos; podría convertirse en lo mismo que Almagro es para el teatro clásico, pero para el teatro contemporáneo”, decía entonces en una entrevista a un bisemanario alcarreño.

Ahora lo reitera: “Yo no tengo la posibilidad de invertir para poner en marcha un museo, pero si pudiese lo haría”, asegura, a la vez que invita a las administraciones a que busquen un espacio suficientemente amplio donde acomodar los fondos documentales y museísticos que estaría dispuesto a ceder para el centro.

El legado de Buero está compuesto, según reconoce, por la correspondencia, la hemeroteca, los manuscritos, los dibujos y obras de arte –cuadros y acuarelas–, las fotografías, los carteles de sus obras, varios fotogramas de las representaciones, nada menos que 200 cintas de entrevistas e incluso una colección de programas de obras de teatro desde 1950 hasta 2000, además de otros objetos personales. “Esos fondos, o su mayor parte, vendrían a Guadalajara si se creara esa Fundación”, aseguraba Carlos Buero entonces. Y no ha cambiado de idea.

¿Qué ha pasado, entonces? Según explica, los contactos iniciales que llevó a cabo con la Junta y la Diputación, sobre todo en 2007, no cristalizaron. Carlos Buero llegó incluso a visitar los bajos del complejo San José, donde finalmente se instaló el museo de arte vanguardista Antonio Pérez.

“Nunca hemos entrado a valorar un proyecto de manera formal; la idea no ha pasado de una charla de café”, subraya. “Cada nuevo consejero de cultura siempre me llama para tratar el tema, pero ahí se queda. Me piden un ‘briefing’, les comento cómo podría ser el proyecto y nada más”. A pesar de que estaría dispuesto a ponerse al frente de la gestión y custodia de los fondos, allí donde se instalasen. 

Las propuestas siguen vigentes

El hijo de Buero asegura que la iniciativa no resultaría excesivamente costosa, aunque reconoce que la situación económica no inclina a nadie a invertir en proyectos culturales. “Caro no es, se trata de habilitar un local de, digamos, 500 metros cuadrados para las exposiciones y cubrir los gastos de personal y seguridad”, opina Buero, que considera que “la idea es bonita y a Guadalajara le convendría”.

El presidente de la asociación de casas museo, González Padrón, considera que Buero Vallejo tiene atractivos suficientes para servir de reclamo turístico y, a la vez, merecer un centro sobre su obra o, más ampliamente, sobre el teatro contemporáneo. Ante la ocupación de la casa natal, propone como alternativa instalar este centro en el propio Teatro Buero Vallejo o en “alguna casa colindante”. Y observa que “en el mundo de la cultura, el dinero hace falta, pero sobre todo hay que tener voluntad”.

De momento, y pese a la existencia de fondos museísticos, el gran dramaturgo español sigue sin fundación, centro de estudios, museo o casa en su ciudad natal. Hay, eso sí, un puñado de libros en la sala que se le dedicó en la biblioteca regional en Toledo, con una colección del escritor. Y queda, como siempre, la placa en el mismo edificio de la popular pastelería a la que acudía, cada vez que visitaba Guadalajara, para comprar bizcochos borrachos , que tanta fama han dado a Guadalajara.


Santuarios de las letras

Interior del museo de la Fundación de Cela en Iria Flavia / Foto: Fundación Camilo José Cela.Alcalá ha sabido explotar hasta la extenuación la carta bautismal y los primeros meses de vida de Cervantes en la ciudad. Hay allí una casa museo en plena calle Mayor y otro rincón, en la Capilla del Oidor, en la misma plaza que lleva el nombre del Príncipe de los Ingenios dedicado a su obra. También en Valladolid, donde vivió su madurez literaria, tiene casa.

Otros dramaturgos de la talla de Buero cuentan con casas-museo similares. Es el caso de los dos únicos con los que se codea a lo largo del siglo pasado: el también poeta Federico García Lorca, que tiene un centro en su pueblo natal, Fuente Vaqueros; y Valle-Inclán, que tiene nada menos que tres: en la coruñesa A Pobra do Cariñal y en Vilanova de Arousa, donde están abiertas de par en par las puertas de la casa donde nació y de la sede de su fundación.

El autor gallego de ‘Luces de bohemia’ no es el único que presume de tener tres edificios consagrados a su obra: los lectores de Saramago, fallecido hace sólo dos años, pueden venerarle ya en tres santuarios: la casa de sus abuelos en su pueblo natal, Azinhaga, está abierta al público, como también la sede de la fundación en Lisboa y la que hasta su muerte fue su propia casa, en Lanzarote, convertida ahora en un museo sobre el escritor.

Cela, que sí puede jactarse incluso de tener un museo dedicado a su ‘Viaje a la Alcarria’ en la torre del Homenaje del Castillo de Torija, también cuenta con un edificio en su pueblo natal, Iria Flavia, que es sede de su fundación y punto de encuentro para los admiradores de la obra y las rarezas del inconfundible marqués.  El centro organiza tertulias y tallares para niños, vende la obra digitalizada del Nobel y acoge un aula de poesía con el nombre de un amigo, José García Nieto.

Orihuela en Alicante con Hernández, Arcentales en Bizkaia con Blas de Otero, Cambados  en Pontevedra con Ramón Cabanillas o Santiago de Compostela con otro contemporáneo de Buero, Torrente Ballester, no han perdido la oportunidad de prolongar la influencia cultural de uno de sus vecinos con un foco de investigación o divulgación de su obra y, a la par, un punto para atraer visitantes. En Valladolid, la familia de Delibes prepara también un centro similar en una casa anexa a la vivienda del escritor. La historia de Buero no se cuenta ni siquiera en el hueco de una escalera.


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Opinión: Cuatro escritores a la sombra de Cela


 Galería fotográfica sobre la vida y la obra de Buero Vallejo: 

1: Buero Vallejo, a mediados de los noventa. / Foto. Biblioteca Virtual Cervantes.
2: El escritor, en la casa museo de otro dramaturgo, Ibsen, en 1981 / Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.
3: primer plano de perfil del escritor, en 1950 / Foto: Herederos de Gyenes (Biblioteca Virtual Cervantes).
4: El dramaturgo, en su despacho en los años setenta / Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.
5: Buero, caracterizado en 1966 durante el rodaje de una película / Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.
6: Representación de ‘Historia de una escalera’, en los años sesenta / Foto: Chicho (Biblioteca Virtual Cervantes).
7: Escena de ‘El sueño de la razón’, en 1984 en Estados Unidos / Foto: Barry Holniker (Biblioteca Virtual Cervantes).
8: Un momento de ‘El concierto de San Ovidio’, en una función de 1986 / Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.
9: Discurso de recepción del Premio Cervantes, en Alcalá de Henares, en 1986 / Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.
10: Busto de Buero Vallejo en el Paseo de las Cruces, la escultura más deteriorada de toda la colección. / Foto: R.M.
11: Dibujo realizado al también escritor Miguel Hernández, con quien compartió prisión / Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.
12: Autorretrato de Buero, de joven. / Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.