“Hay una España vacía real y otra mental”

El escritor Sergio del Molino presentó en el Archivo Provincial su exitoso ensayo sobre la despoblación en el medio rural, hablando del fenómeno que ha supuesto su libro para que se debata sobre un conflicto para el que reclama “un cambio de enfoque”.


El abandono que más duele es el abandono discursivo”. Peor todavía que no tener carreteras o colegios es, parafraseando el título de aquella película, que nadie hable de los pueblos cuando estén muriendo. Y eso es lo que ha venido ocurriendo con la España despoblada a la que un libro, ‘La España vacía’, le ha puesto una etiqueta exitosa y necesaria para que por fin se hable sobre este fenómeno. Ahora se puede debatir si el libro de Sergio del Molino, que ha alcanzado su décima edición, es una voz de alarma para evitar la tragedia o la campanada que nos llama a un funeral. Pero el mérito está ahí: se habla de ello.

El escritor zaragozano estuvo ayer en el Archivo Histórico Provincial, invitado por la institución y por la Asociación de Amigos del Archivo, para hablar de esta España vacía en una provincia que tiene la mayor parte de su territorio despoblado. Lo hizo acompañado del viceconsejero de Administraciones Locales, Fernando Mora, y del periodista alcarreño Raúl Conde, que trazó un resumen del estudio de Del Molino, elogió los principales méritos del libro y planteó algunos temas abiertos a discusión.

Del Molino admitió el acierto que ha tenido con su título: “Lo que no tiene nombre no ha existido”, dijo, en referencia a que hasta ahora el fenómeno de la despoblación, apenas debatido a escala local, ha dado gracias a su libro el salto a las páginas de los diarios nacionales o a un programa de ‘prime time’ como Salvados de La Sexta.

Sin embargo, el suyo no es el primer libro sobre el tema. Hay otros colegas periodistas –no digamos ya expertos en sociología, demografía o economía– que han entrado en la misma materia. Del Molino hace, de hecho, un análisis fundamentalmente cultural, su propuesta pasa más por un cambio de mentalidad que por trazar una estrategia o por apuntar un programa de iniciativas para salvar a la España rural. Pero ha dado con la tecla.

Un cambio generacional

En efecto, y como salió a relucir en algunos momentos de la charla en el Archivo, el ensayo no habla de diputaciones, pasa de puntillas por la importancia que tiene la industria agroalimentaria o la existencia de otros nichos de empleo para fijar población en el campo, se salta el debate sobre el modelo de agricultura y de desarrollo rural que ha incorporado en sus diferentes reformas la PAC... Del Molino habla más de Buñuel o de El Quijote que de los alcaldes de los pueblos o los agentes de desarrollo local. Y, como el propio escritor admitió, en realidad  “el libro no habla de nada nuevo” o de nada que no haya sido abordado por otros. Lo que hay es, fundamentalmente, un modo diferente de mirar y de nombrar el problema, sin subrayados nacionalistas, sin paternalismos ni nostalgias... "no hay condescendencia".

Y hay además un aspecto central que explica la “lectura emocional” que ha tenido este libro y seguramente el éxito entre el público general. “Hay una España vacía real” que se atraviesa observando sus paisajes despoblados -la que seguramente tienen radiografiada demógrafos, economistas y sociólogos-, pero hay además otra “España vacía mental”, que pervive como un territorio mitificado por los hijos y nietos de quienes protagonizaron el éxodo rural –en sus palabras, “el gran trauma”– y que ahora, desde las ciudades, es rememorada por estos con un sentimiento ambiguo de pertenencia y de culpa por el abandono que resulta “determinante para su identidad”.

Del Molino se renoce, de hecho, en una generación de jóvenes que vuelve al campo en busca de una identidad que ha quedado borrada de esas ciudades del mundo globalizado que han perdido su particularidad. En el acto de ayer insistió en esta idea fundamental del último capítulo de su ensayo: “hay una lectura generacional del libro, hay una generación que tiene un interés en descubrir el legado del abuelo”, en reinterpretar el significado de lo rural, que se hace visible en los artistas treintañeros que deshacen a su manera el camino que emprendieron los actores del éxodo rural.

Una Edad Media un poco naif”

El ensayista fue también muy crítico con los enfoques turísticos que intentan subrayar una imagen de renacimiento rural con el folclore al servicio del turismo: “son revitalizaciones ficticias”, aseguró, que resucitan “una Edad Media un poco naif”, porque “la cultura rural como tal ya no existe, en realidad se disfraza” en estas recreaciones.

Del Molino reclamó un cambio de enfoque y apuntó algunos ejemplos en Canadá o Escocia, sin recetas milagrosas pero “con coherencia y coordinación”. Criticó también la creación de una comisionada para el reto demográfico, nombramiento que ha recaído sobre Edelmira Barreira: “Se está sobreestimando a una sola persona de la que se cree que va a conseguir revertir la despoblación”.

El debate abierto al público en la presentación de 'La España vacía' sirvió para intercambiar impresiones de la lectura del libro o discutir propuestas. Como dijo en la presentación el periodista alcarreño Raúl Conde, que presentó al invitado, “hablar de la despoblación es uno de los requisitos para solucionarlo, si es que todavía tiene solución”. El libro de Sergio del Molino ha precipitado ríos de tinta y ha elevado el debate a ‘prime time’. También el Archivo de Guadalajara seguirá hablando de ello. Su director, Rafael de Lucas, anunció que volverá a contar en noviembre con la presencia de este escritor para abordar la misma problemática durante las jornadas de investigación en archivos que celebrarán su XIII edición con el título ‘La Despoblación en España. Pasado, presente y ¿futuro?’.