La Guadalajara de "las gestas"

El historiador Pedro José Pradillo ofreció este martes la última conferencia del ciclo de patrimonio industrial, organizado la Asociación Amigos de la Biblioteca. • Ante un salón de actos lleno de público reivindicó que "hay que intentar que el pasado sea reconocible". 


Guadalajara también tuvo sus gestas: el Parque de la Aeroestacion, el Tyce y la Hispano. Fueron años que hoy se antojan fugaces, pero que dejaron su impronta, aunque apenas nada o poco quede en pie de todo aquel patrimonio automovilístico y militar que se construyó. De todo ello habló este martes el historiador guadalajareño Pedro J. Pradillo en un salón de actos de la Biblioteca que volvió a quedarse pequeño, la tónica de las diferentes conferencias del ciclo de patrimonio industrial, que concluyeron ayer.

La noticia, el pasado 25 de febrero, de que la Junta iniciaba expediente para proteger el Laboratorio de los Ingleses, lo único que queda en pie en Guadalajara capital de la Real Fábrica de Paños, deja abierta una puerta a la esperanza, aunque hay que ser cautos, previno Pradillo, refiriéndose a la Inspección Técnica de Edificios. "A ver si viene un ángel y lo salva", dijo con ironía.

Este sentimiento agridulce tiene su explicación. Basta mirar el pasado y ver cómo "a pesar de la Ley de Patrimonio de Castilla-La Mancha" ha habido derribos. Basta ver fotografías, como las de la Torre de Avistamiento del Parque de la Aeroestación, todavía en pie aunque ciertamente deteriorada, y que espera aún un proyecto prometido para reconvertirse en Centro de la Memoria de la Aeroestación; basta ver una esplendorosa Hispano que no se ha reconvertido en museo sino en Centro de Familia con un nombre -'Cuartel del Henares'- que nada tiene que ver con su pasado -"aquí no hubo cuartel sino Taller de Globos"-.  

Basta también ver valiosas máquinas pesadas, prensas, martillos pilones de grandes dimensiones que fueron parte de una exposición de maquinaria industrial en el Tyce hasta 2006 y que "milagrosamente no terminaron vendiéndose en una subasta" pero hoy "están desmanteladas cuando eran un lujo" porque la nave ha terminado reconvertida en "almacén y plató ocasional para producciones cinematográficas".

Guadalajara tuvo buenos ejemplos de patrimonio industrial en un tiempo en el que la ciudad fue testigo del "germen del desarrollo de la aeronáutica española", en una época en la que fue escenario, con los dirigibles construidos, de la observación de eclipses solares, de la toma de cientos de fotografías aéreas que hoy ayudan a entender cómo era Guadalajara desde el cielo. Esos aerostatos fueron usados en actuaciones de espionaje y 'sirvieron', incluso, en la guerra del Rif, estampa que fotografíó el alcarreño Ortiz Echagüe, pionero de la fotografía española, para el que Pradillo pidió "más reconocimiento. "Iniciamos la conquista del espacio desde las terrazas del río Henares", señaló. Eran tiempos en los que había un interés y una filosofía científica en todo lo que se hacía. Tanto, que era imposible no dejar huella.

Llegan los ingenieros

El repaso de Pradillo por los años de esplendor industrial comenzó con el establecimiento de la Academia de Ingenieros en Guadalajara en 1883, que permitió la instalación de una Maestranza y posteriormente, de lo que entre 1945 y 1999 funcionó y se conoció como TYCE, una serie de edificios donde brilló especialmente por su diseño un gran taller de forja, "construido como una catedral", aunque "lamentablemente no se sabe quién la diseñó". Las naves diáfanas fueron almacenes de carruajes, talleres de hélices para dirigibles y también de barcas, utilizadas para salvar los ríos en aquellas zonas donde la guerra había destruido los puentes. Ya no se puede admirar bien el patrimonio que dejó aquella industria. Hoy el taller de forja se usa para rodajes de series y cine y otra de las naves se ha reconvertido, tras "una actuación arquitectónica digna", en la sala de conciertos Espacio Tyce. 

El historiador alcarreño también recordó el glorioso pasado del Servicio de Aeroestación, que llegó a Guadalajara en 1896. A ambos lados del río Henares se fijó el gran campo de maniobras y en 1913, se construyó el aeródromo de la ciudad, en el llamado Campo de la Verdad. El cielo de Guadalajara fue testigo de las primeras pruebas con dirigibles, dirigidas por Torres Quevedo y Alfredo Kindelán en el verano de 1908, en el Parque de la Aeroestación.

Finalizó su charla Pradillo con la instalación de la fábrica La Hispano en la ciudad, donde se instaló en 1916. Comenzó construyendo automóviles y aeroplanos para el ejército francés, además de unos ómnibus, una especie de "autobuses tercermundistas".

"En Guadalajara no se llegaron a construir coches de lujo como sí ocurría en Barcelona", afirmó Pradillo. Fundamentalmente, se fabricaron camiones para el Ejército y grandes empresas como Correos o Campsa, así como el primer prototipo de un caza, el Hispano-Barrón. En 1999, la Hispano ampliaría negocio incluso con el proyecto de la Hispano Aircraft.    

Todo este desarrollo industrial propició también la creación de una Escuela de Artes Industriales y Oficios, para que se formaran jóvenes que después entrarían a trabajar en la Hispano. De manera paralela, el Ayuntamiento creó otra Escuela de Artes y Oficios, para que se cultivaran los hijos de familias pobres y poco acomodadas, aunque nunca entró en funcionamiento. No se sabe por qué. 

La Hispano terminó trasladándose a Sevilla "por orden de Franco" y la ruina de esta factoría llegó el 20 de marzo de 1990 cuando el Pleno del Ayuntamiento aprobó un estudio de detalle donde se incluían las actuaciones que podían realizarse y las que no sobre este complejo industrial. Finalmente, se permitió la demolición de todas las naves para talleres y edificios auxiliares y se obligó a conservar y restaurar las construcciones de ladrillo de la fachada principal de la factoría. La Ley de Patrimonio de Castilla-La Mancha que protege el patrimonio industrial, entró en vigor medio año después.

A juicio de Pradillo, hay que hacer que "el pasado sea reconocible, mantener, restaurar... para poder recordar las gestas". De todo ello se hablará en el último acto del ciclo, una mesa redonda con expertos que reflexionarán sobre la recuperación y el uso sostenible del patrimonio industrial en Guadalajara el próximo 11 de mayo. 

Sal, cemento, plata...

El ciclo de patrimonio industrial arrancó el pasado 27 de octubre, con una conferencia sobre el patrimonio salinero, a cargo de Jesús F. Carrasco y Katia Hueso; le siguió otra en noviembre sobre las Minas de Hiendelaencina, con la profesora Angeles Layuno y otra más en enero, con el ingeniero Francisco Fernández Izquierdo, que habló sobre el Salto de Bolarque, como ejemplo de patrimonio de la ingeniería hidráulica.

Un siglo largo de arquitectura industrial y ferroviaria recorrió el arquitecto José Antonio Herce Inés en su conferencia sobre el trazado de la línea férrea de MZA a la central nuclear de Zorita el pasado 17 de febrero. Y el profesor de Sociología Pablo López Calle recordó la vida y el trabajo en la colonia industrial de la fábrica de cementos en Matillas, en marzo. 

Para saber más: Guadalajara, ciudad industrial.