“Hay que hablar sin ponerlo todo perdido de palabras”

No hay nada más revolucionario que la fraternidad”, dijo el filósofo y político Ángel Gabilondo, ante un auditorio que doblaba las butacas y al que hizo reflexionar sobre el valor de la palabra en la construcción de espacios comunes. • Fue en la inauguración del ciclo ‘Pensamiento y sociedad’ de Siglo Futuro, en el arranque de su XXV aniversario: “pensamos estar otros 25 años”, dijo su presidente, Juan Garrido.


Lo primero que hizo el filósofo fue cuestionar la presencia del público que abarrotaba la Sala Tragaluz. “¿Qué les ha traído aquí?”, preguntó tal vez el político, por supuesto el profesor y filósofo. “Seguramente les ha traído aquí lo mismo que a mí”, reflexionó, dejando desconcertado al respetable.

En realidad, las primeras palabras de Ángel Gabilondo este viernes en Guadalajara fueron toda una declaración de intenciones. Había ya en ellas curiosidad, humildad y necesidad de comprender al otro, los materiales con los que construyó su discurso durante tres cuartos de hora con los que la Fundación Siglo Futuro inauguró su XXV temporada. Lo hizo fiel a sus esencias, con una conferencia del ciclo de Pensamiento y Sociedad, todo un clásico; con una figura docta y con tirón, y con tanto público en pie como sentado. Como en los mejores tiempos.

El público congregado en la Sala Tragaluz este viernes acudió allí seguramente para escuchar al docente –había mucho maestro–, o para escuchar al sabio –no faltaron los jóvenes–, incluso para buscar el norte político en uno de los compañeros de partido con la mente más lúcida –había mucho cargo y militante socialista–. Seguramente al ver tanto público, e intuyendo unas motivaciones tan diversas para acudir hasta allí un viernes por la tarde, el filósofo Ángel Gabilondo, exrector de la Autónoma de Madrid y actual portavoz del PSOE en la Asamblea de Madrid, empezó con esa pregunta desconcertante: “¿Qué les ha traído aquí?”.

A partir de ahí hiló un discurso magistral en el que defendió el pensamiento sosegado para tender puentes con el otro. Para comprenderle mejor, también en política, donde aludió a la necesidad de alcanzar pactos con quienes tienen otra visión de las cosas. Entre tanto, descargó potentes martillazos (“vivimos en un mundo espantoso”, “hemos perdido la palabra”, “me declaro un ser fastidiado”) y luego levantar un discurso basado en la empatía, en la capacidad de la palabra y en un singular parentesco entre el amor y la política. Hasta llegar adonde quería: “Quienes se ocupan de la política tienen que ser buenas personas”, sentenció. “Yo estoy en la idea de que tenemos que hablar”. Ideas enmarcadas en su frase más audaz: “No hay nada más revolucionario que la fraternidad”.

¿Qué es la filosofía?

Gabilondo defendió que la filosofía, frente a otras formas de conocimiento como el periodismo, está anclada en un modo diferente de fijarse en las cosas: “la filosofía es un trastorno de la mirada”, reveló: “es aprender a ver de otra manera, probablemente también la buena política es eso, incluso la vida es eso: aprender a mirar”. Hay, insistió, “un amor por la pasión por la verdad, que no son bagatelas ni vaciedades”. Por eso, explicó refiriéndose a la Grecia clásica, “la filosofía empezó el día en que algunos empezaron a escucharse hablar”, en un pueblo que sentía que su lengua “era extraña” y que entendió que su tarea fundamental era “la construcción de la polis”.

En todo momento, el profesor defendió que la búsqueda de la verdad se hace a través de la palabra, pero no en solitario, sino junto al otro. “La palabra es la llegada del otro”, aseguró, siempre con un tono poético que mantuvo en toda su lección de metafísica, que aderezó con lirismo y con mucho humor, demostrando tablas en el arte de la conferencia.

Gabilondo reflexionó sobre la coherencia de los hechos con la palabra, vinculada a “la belleza de vivir”, la razón por la que vemos tan feos a los políticos. El pensador denunció con vehemencia que “hemos extraviado la palabra, éramos seres de palabra cuya función era amar y hacer vivir, crear con la palabra y hacer así la ciudad de la palabra compartida”. Y se preguntó “qué es una constitución sin una palabra compartida, qué es un pueblo sin una palabra compartida y qué es realmente la comunidad de los seres humanos sin palabras en común… Y si no tenemos la palabra en común… ¿qué tenemos en común?”.

La disertación pasó por terrenos existencialistas cuando habló de la finitud de la vida y de la insignificancia del ser humano y desembocó en la defensa de una actitud honesta ante la vida, incluyendo la política entendida como una forma de poesía, entendida como el modo de construir en común. ¿Y cómo se hace eso? Con bondad. La ética, que según Gabilondo no debe desvincularse de la política, crea un nuevo espacio con valores virtuosos y compartidos.

La filosofía reivindica la necesidad de la bondad, de la belleza y de la verdad”, dijo justo antes de guiar al público en excursión hacia el banquete de Platón, donde ligó la política al amor, porque “nada une más que luchar con alguien por algo”. Por eso hay que hablar “sin ponerlo perdido todo de palabras”, pero acordando. Algo que sólo es posible comprendiendo al otro. “El acuerdo es el movimiento no de uno hacia otro, sino de ambos en la dirección de algo otro, ponerse a crear algo que no existe, construir ese algo que no existe, y ese algo es un espacio político”. Sin faltar, claro, a la revolucionaria fraternidad, al amor que sólo es posible “cuando nadie es más que nadie”. El filósofo no habló de líneas rojas, pero estaban ahí.

Quienes acudieron a la charla queriendo escuchar también algo acerca del papel de la educación en todo este entramado tuvieron que aguardar al turno de preguntas. Allí Gabilondo, exministro de Educación con Zapatero, dijo que la tarea fundamental es “formar ciudadanos activos y libres” y previno de que la “calidad educativa sin equidad es discriminación”, al defender la igualdad de oportunidades y un conocimiento con valores. Se trata de formar hombres y mujeres capaces de construir. ¿Sencillo? Sí, aseguró, pero no simple.

PRIMER ACTO DEL XXV ANIVERSARIO

Juan Garrido dio la bienvenida a la XXV temporada, haciendo referencia a la inauguración del ciclo ‘Pensamiento y Sociedad. Ética y Filosofía’, en esta ocasión en colaboración con la UNED, cuyo director del centro asociado de Guadalajara, Jesús de Andrés, estuvo en la mesa acompañando a Gabilondo y trazando su perfil de presentación, recordando la trayectoria del invitado y sus libros publicados. Justo antes, Garrido aseguró que “si no falta el apoyo de administraciones, empresas y colaboradores, en la Fundación vamos a seguir al menos otros 25 años más difundiendo la cultura y elevando el nivel de conocimientos de los guadalajareños”.

El acto contó entre el numeroso público con un amplio elenco de cargos públicos, todos ellos socialistas, que acudieron a acompañar a su colega de partido Gabilondo. Entre los asistentes estuvieron la consejera de Fomento, Elena de la Cruz; el delegado de la Junta, Alberto Rojo; la viceconsejera de Educación, Dolores López Sanz; o las parlamentarias Riansares Serrano y Luz Rodríguez, entre otros.

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