"Rodar el Quijote es un atrevimiento; hoy no lo haría"

El director de cine Manuel Gutiérrez Aragón, invitado este jueves en el ciclo 'El autor y su obra' de la Fundación Siglo Futuro, defendió por qué la segunda parte del Quijote, que él hizo película, "sí es la buena" y contó anécdotas y vericuetos sobre el rodaje de la primera parte, en la que dirigió a Fernando Rey como el ingenioso hidalgo.


Jamás Cervantes pensó en que su Quijote fuera cinematográfico, que las aventuras de aquel ingenioso hidalgo de La Mancha y su escudero Sancho, gobernador de la ficticia ínsula de Barataria fueran revividas por actores de carne y hueso, que los sueños y las ilusiones convertidas en guerra de molinos y lucha de gigantes o en una deliciosa mujer llamada Dulcinea del Toboso, pudieran trasladarse a la gran pantalla.

No lo pensó pero el personaje más universal de nuestra literatura traspasó las páginas de la novela en un ejercicio de "atrevimiento", confesó este jueves el director de cine Manuel Gutiérrez Aragón ante una sala Tragaluz llena de público, dentro del ciclo 'El autor y su obra', organizado por la Fundación Siglo Futuro. "Porque todo el mundo tiene una idea del personaje y de una novela que todos creen haber leído" y aunque "fue un best-seller en su tiempo, se nos ha vendido como una obra divertida pero es difícil".

Había razones para no aceptar el encargo. Gutiérrez Aragón nunca quiso hacer series de televisión y su familia lo veía "como un lío del que nadie sale bien parado". Pero tanta insistencia le hizo pensar: ¿por qué no? Así empezó una aventura 'caballeresca' no exenta de retos, admitió el cineasta, que dirigió en 1979 para la televisión una serie que desglosa la primera parte de las aventuras del hidalgo y que contó con el guión del Nobel 'alcarreño' Camilo José Cela.

Por encima de los problemas de adaptación lógicos frente a una obra clásica y teniendo en cuenta "el respeto que tengo hacia la literatura y que no me gustan demasiado las adaptaciones", lo más complicado fue la elección de actor. Se buscaba a un intérprete que hablara claro y muy bien el castellano -su lenguaje iba a ser "pomposo"-, que supiera montar a caballo y que aguantara bien un rodaje "bajo un sol tórrido... no es tan fácil, se necesita un gran actor". Se fichó finalmente a Fernando Rey, que aguantó como pudo el tipo pero que cuando la cámara dejaba de filmar pedía insistentemente que le bajaran del caballo: "bajadme de aquí inmediatamente, este animal me va a tirar, me va a matar", recordaba el cineasta. No hubo tanto problema con el papel de Sancho, dijo: "España está lleno de ellos a pesar de ser un país de Quijotes".

El director cántabro compartió durante hora y media anécdotas y vericuetos sobre el rodaje de la película 'Don Quijote' (2002), que relata la segunda parte de la novela, donde fue "menos fiel" y que califica de "la buena" porque le permitió, dijo, rodar algo fascinante: el encuentro entre el genuino don Quijote de Cervantes -interpretado por el actor Juan Luis Galiardo, a quien pidió que "adelgazara más" para el papel- y don Álvaro Tarfe, el Quijote apócrifo de Avellaneda, una secuencia que el público asistente a la conferencia pudo disfrutar en pantalla grande.

Si algo tiene de especial también la segunda parte del Quijote -que ahora celebra su IV Centenario- es que a Cervantes le sirvió no sólo para ganarse la vida sino también defenderse del plagio, contó Gutiérrez Aragón. Mientras don Miguel escribía la segunda parte de las aventuras de su famoso personaje, se publicó el llamado Quijote de Avellaneda y ante tal copia, a Cervantes no se le ocurrió otra cosa que incluir el personaje de este falso Quijote en la segunda parte de su libro, propiciando el encuentro de ambos. Una jugada "astuta", la definió Gutiérrez Aragón, en una época donde el delito de plagio no se juzgaba.

Quijotes "malditos"

El Quijote se ha ganado al público -"ha sido traducido hasta al esperanto y hasta latín, que también son ganas", recordó el cineasta-. Y se lo ha ganador por su indiscutible protagonista, capaz, como "Pinocho o Drácula" de salir "enseguida del libro porque es un personaje que se puede visualizar". Recordó en este punto, que se han hecho, por ejemplo, versiones actualizadas, donde Sancho y Quijote salían "en una vespa" o luchaban contra "bombas atómicas" y que incluso hay visiones, como la que defendió Gustavo Doré con sus dibujos, que no son del gusto de "los cervantistas porque piensan que es una versión romántica, nórdica". Citó también el director las maldiciones que persiguieron a adaptaciones del Quijote como la que Orson Welles dejó sin acabar y la que protagonizó el actor francés Jean Rochefort, que se vino abajo porque el intérprete "no resistió al caballo y se destrozó la columna vertebral".

Gutiérrez Aragón habló también de la calidad de las series de ficción en el coloquio: "Ahora la principal ficción nacional se ha pasado a la televisión. Así es la vida. El cine de Hollywood ahora es menos interesante que la ficción televisiva norteamericana" y confesó que "no volvería a hacer de nuevo el Quijote de ninguna manera. Ya se cerró el cupo".

Artículos Relacionados