“La Iglesia ha cristianizado muchos rituales de magia”

José Antonio Alonso, popular etnógrafo guadalajareño, está impartiendo este verano una conferencia sobre brujería y magia en algunos pueblos.• Este mismo tema es objeto de un estudio publicado el año pasado y que culturaenguada.es ofrece a sus lectores. • Nuestro colaborador Julio Martíenz charló con Alonso después de una reciente conferencia en Condemios.


El currículum de José Antonio Alonso da vértigo. Es profesor de Primaria, licenciado en Historia, cantautor y etnógrafo de la Diputación. Además, y durante varios lustros, ha dirigido la Escuela de Folklore arriacense y cuenta en su haber con múltiples publicaciones especializadas. En uno de sus artículos, publicado el año pasado, realiza un estudio sobre la magia y la brujería en Guadalajara. Una temática que le ha servido como eje de una conferencia que impartió en Condemios de Arriba hace unos días en el marco de las sesiones de animación etnográfica, impulsadas por el Centro de Cultura Tradicional, dependiente del Servicio de Cultura de la  Institución Provincial.

Brujería y magia en Guadalajara. ¿Cómo surge esta línea de investigación?

Se origina como fruto del trabajo cotidiano. Hay una serie de conceptos que en la provincia de Guadalajara que no estaban lo suficientemente estudiados y de los que, sin embargo, van apareciendo datos muy atractivos. Y creo que es un tema que a la gente le suscita mucho interés.

Alonso firma con un colega un ejemplar de un reciente libro sobre la Sierra Norte.Ha comentado que, este asunto, a pesar de generar un amplio seguimiento entre la población, no se encuentra lo suficientemente estudiado.

El campo de la etnografía es inmenso y en esta provincia [por Guadalajara] hay tanto trabajo que hacer que no siempre se llega a todos los sitios. Pero no es que no se haya estudiado nada. Digamos que no se han compilado los trabajos existentes, pero sí que hay investigaciones, sobre todo a nivel regional. Además, puntualmente también ha habido algunas indagaciones a nivel provincial, como en Atienza, donde el tema ha sido trabajado por el profesor Martín Galán.

En lo referente a Guadalajara, ¿cuáles eran los lugares en los que se desarrollaban prácticas brujeriles?

La provincia se encuentra ubicada geográficamente entre lugares donde teóricamente se reunían las brujas para hacer sus aquelarres. Concretamente, al norte tenemos Barahona, en Soria; al este está la laguna de Gallocanta y al sur se ubica Cuenca, que es un territorio muy brujeril.

En cualquier caso, en los datos que manejamos se deben distinguir dos vertientes. Por un lado, aquellos emplazamientos donde tenemos noticias de procesos de la Inquisición con documentos oficiales y, por otro,  en los que existe tradición oral. En el primero de los casos, las informaciones se centran, sobre todo, en localidades como Pareja, Molina de Aragón, Pastrana…  Los datos de la Inquisición indican que hubo ahí un proceso y luego el investigador debe buscar los antecedentes de la forma más objetiva posible, señalar lo que pasó y relatar los sucesos.

Además, en otros muchos municipios hemos recogido elementos de tradición oral sobre esta temática, como, por ejemplo, en Alustante, La Yunta, Algora o Peñalén, donde se ha llegado a celebrar este año la segunda fiesta de las brujas.

¿Cómo interpreta los datos documentales procedentes de la Inquisición?

Todo hay que contextualizarlo en su momento. En este caso, hay que tener en cuenta que estamos hablando de unos tiempos confusos, en los que muchas veces se buscaban chivos expiatorios para dar explicaciones a sucesos que ocurrían. Yo, al igual que otros autores, pienso que a través del tormento se arrancaban confesiones que, en muchas ocasiones, no eran reales.

Otros de los elementos en que usted se centra son los rituales mágicos. ¿Cuáles son los más llamativos de los que se realizaban en la provincia?

Llaman mucho la atención aquellos rituales que había en torno al ciclo de la vida, que comprendían desde el alumbramiento del bebé hasta el fallecimiento de la persona. Por ejemplo, para que un niño cantara bien, nada más nacer, se le cortaban las uñas detrás de una puerta. Asimismo, en la cuna había un montón de símbolos. Se ponían los cuatro evangelios, amuletos y, en algunos pueblos, dentro de los sonajeros se introducían siete piedrecitas para que los pequeños quedasen protegidos frente a los siete pecados capitales.

Además, cuando una persona fallecía en determinados municipios se recitaban algunos ‘conjuros’ para ayudarle a bien–morir. De la misma forma, también se han recogido rituales de paso de la infancia a la mocedad, de boda… Sin olvidar todo lo que tenía que ver con la agricultura y la ganadería, tan importante para la subsistencia.

Y todos estos rituales, ¿se mantienen o se han perdido tras el abandono del medio rural?

En estos momentos lo que queda latente es la memoria de todo aquello. Sin embargo, hay todavía algunos rituales que siguen vivos. Un ejemplo de ello sería la bendición de los ramos, que aunque está unida a un rito católico, es algo entronca con la religiosidad popular.

En este sentido, destacan también las cruces que se realizan para la bendición de los campos, algo que se sigue haciendo en muchos pueblos el 3 de mayo, que es el día de la Cruz de mayo, o durante la festividad de San Isidro, que tiene lugar el 15 del mismo mes.

Pero hay otras creencias que ya se encuentran perdidas. Es el caso de las piedras del rayo o centellas. Se trata de un ritual que iba unido a la creencia de que cuando había una tormenta, los rayos que caían al suelo se quedaban enterrados durante algún tiempo y con los años salían a la superficie en forma de unas piedras muy especiales. En muchos sitios estos restos líticos coinciden con las piedras neolíticas, como las hachas pulimentadas.

Fiesta de la brujería en Peñalén, en su primera edición, de 2011. / Foto: José M. Alonso.Acaba de comentar que hay algunos rituales, como la bendición de los campos, que han sido asumidos por la Iglesia Católica, pero en relación a otras creencias populares esta institución ha sido más reticente. En no pocos casos censuraba estos rituales.

Hay claras muestras de ello. La Iglesia, en muchos casos, lo que ha hecho con todas estas creencias ha sido cristianizarlas. Por ejemplo, los credos naturalistas que existieron en Guadalajara –muchos de origen celtíbero– dieron lugar al culto de los astros, del agua o de las piedras, pero finalmente acabaron siendo asumidos por el corpus católico. ¿Qué pruebas tenemos de ello? En Guadalajara, sin ir más lejos, hay muchas fuentes que se denominan La Fuensanta, como en Horche o en La Riba de Saelices. Eso fueron creencias en aguas salutíferas que se convirtieron en santas con la llegada del Cristianismo.

Pero una prueba clarísima de este proceso lo tenemos en el Alto Rey, que ya se alzaba como una montaña sagrada antes de de la llegada del credo cristiano y la Iglesia acabó adaptando esta imagen a su ideario. De hecho, en torno a dicha elevación hay una gran cantidad de leyendas que en muchas ocasiones están dejando ver el poso de religiones precristianas.

¿Por ejemplo?

Se pueden distinguir tradiciones orales que nos hablan de tesoros ocultos, de aguas que manan,  del mundo simbólico de los tres hijos separados por la madre porque se llevaban mal y posteriormente fueron convertidos en montañas [una de ellas sería el propio del Alto Rey]… Todo esto nos ofrece datos sobre la historia de estos cultos precristianos, que se remontan muchos años atrás. A todo ello hay que añadir la existencia de las botargas en numerosas fiestas de la provincia, que se alzaban como ‘personajes paganos’ y que posteriormente pasaron a formar parte del universo de la Iglesia. Tal es así que todas las botargas están vinculadas a una fiesta católica, de una u otra manera.

Además, también usted ha estudiado lo concerniente a la simbología mágica. ¿Es un tema que también se encuentra relacionado con la arquitectura?

Si nos paseamos por los pueblos nos encontramos elementos que nos están diciendo cómo la gente se protegía de brujas, del mal de ojo, de enfermedades… En definitiva, de todo lo que les podía afectar. Y ese repertorio es absolutamente inmenso y no tiene desperdicio.

En este sentido, la cruz es un elemento fundamental en relación a la protección. De hecho, aparecen continuamente muchos tipos de cruces en los dinteles de las puertas y de las ventanas. También se pueden observar otros elementos católicos, como el anagrama de Jesús y de María, que aparecen sobre bastantes accesos a casas.

¿Hay más?

También se han observado diferentes símbolos, algunos de los cuales ya sabemos que se daban en la prehistoria, como las rosas de seis puntas, que son de carácter solar. Asimismo, existen otros elementos que no se encuentran en la arquitectura tradicional. Es el caso, por ejemplo, del mismo sonido de las campanas. Ciertos toques protegían contra las tormentas. Sin embargo, no tengo constancia de que a día de hoy se conserven en la provincia los toques de tintilinublo [que era como se llamaba esta forma de protección frente a los sucesos tormentosos].

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