Una versión ‘oficial’ de la Perestroika

El viceprimer ministro del gobierno de Yeltsin abrió la temporada de Siglo Futuro con una reflexión sobre la transición de la URRSS . • Burbulis defendió la democratización como “un proceso colectivo”, aunque ahondó más en el papel de la élite del partido único.  “Yeltsin era capaz de tomar decisiones en los momentos críticos”, elogió .  La inauguración del curso contó con el respaldo de Diputación y el Ayuntamiento, mientras que el presidente de la Fundación arremetió contra quienes no apoyan la cultura, en clara alusión a la Junta.


Los periodistas suelen –o solemos– distinguir entre una versión oficial de los hechos y una explicación oficiosa. La primera llega a través de discursos, comunicados de prensa y declaraciones a micrófono abierto. La segunda, que sin embargo suele ajustarse mejor a la realidad de los hechos, llega a través de filtraciones, explicaciones de fuentes anónimas o confesiones a micrófono apagado (el llamado ‘off the record’).

El que fuera viceprimer ministro del gobierno de Boris Yeltsin en la rusia postcomunista, Guennadiy Burbulis, ofreció ayer en la Sala Tragaluz del Buero Vallejo una indudable versión oficial de los tremendos hechos históricos que culminaron el derrumbe de la URSS y abrieron una nueva etapa, que ha pretendido ser democrática, en los países del Este y concretamente en el gigante ruso.

Fue el suyo un relato ameno (a pesar de la traba que suponía la tradución de sus palabras al castellano) en el que ofreció una visión más humana de Yeltsin (a quien los estereotipos, al menos, venían retratando como un tipo duro y sin demasiados escrúpulos) y con un argumento un tanto contradictorio: defendió el exdirigente ruso que la transición rusa fue un ejercicio de “creación colectiva”, pero ahondó con más detalles en lo contrario: la Perestroika como un proceso liderado por parte de la elite del partido único, como Gorbachov, Yeltsin o el propio Burbulis, que sabía “lo que quería el pueblo”, una idea más próxima al despotismo ilustrado o incluso a la teoría de la vanguardia revolucionaria de Lenin.

Para el exviceprimer ministro ruso, la política es “un proceso muy creativo”, comparable a las artes, en el que cada cual participa porque “cada persona tiene su eco en la historia”, pero que en algunos momentos concretos de la historia de un país se encuentra con el cometido de ofrecer “un concepto nuevo de vida” para sus gentes.

“Había que encontrar nuevos horizontes”

Eso fue lo que, a su juicio, tuvieron que afrontar algunos dirigentes del PCUS que interpretaron que había llegado la hora de afrontar la realidad de la gran federación soviética y dar el paso definitivo para acabar con el comunismo real. “Nosotros deseábamos transformar políticamente el país sin conflictos”, aseguró Burbulis, que compartió la visión del momento en que muchos dirigentes eran conscientes de que “había que encontrar nuevos horizontes”. Sin embargo, siempre dio una lectura local de la caída del comunismo y no se refirió Burbulis en ningún momento al contexto en que esto se produjo (caída del muro de Berlín, descomposición del pacto de Varsovia…).

Frente a la figura agigantada de Mijaíl Gorbachov, este otro exdirigente del Este  prefirió ensalzar el papel de quien le sustituyó, Boris Yeltsin, y a la postre se convirtió en primer presidente de Rusia elegido en las urnas. Entre las virtudes del personaje, Burbulis destacó no sólo que “tenía un instinto fuerte del poder, pero capacidad para la compasión”, así como rasgos que le caracterizaban bien como la puntualidad y que evitaba las habituales expresiones duras del idioma ruso, sino sobre todo que “era capaz de tomar decisiones en momentos críticos y de mayor riesgo”, mientras que Gorvachov, en su opinión, padecía cierto inmovilismo: “No tenía voluntad de decisión, buscaba demasiados compromisos y maniobraba demasiado, se apartaba de las soluciones y esperaba más que decidía”.

Presentación del libro

La conferencia era en realidad un escaparate intelectual para la presentación del libro ‘Boris Yeltsin. El hombre de los cambios’, un libro editado por Endymion y escrito a cuatro pares de manos por historiadores, buceando especialmente en la documentación aportada por memorias políticas, documentos oficiales liberados y artículos de prensa. El director de la Fundación Pushkin, Alexander Chernosvitov, presentó el acto y demostró sus dotes para la traducción simultánea.

La aridez del asunto no restó mementos más distendidos durante su exposición: comparó el paisaje de Guadalajara con el de Rusia, se quitó la corbata para estar más desenvuelto y bromeó con la dureza de idioma con el que incluso los rusos pueden trastabillarse. En varios momentos se empeñó en trazar un paralelismo entre el proceso democratizador ruso con el español, buscó similitudes en algunos artículos de ambas constituciones y se metió sin ser consciente en algún charco, como cuando dijo que la dictadura soviética fue “más dura” que la franquista.

Se refirió, ante la única pregunta del público que permitió el poco tiempo disponible, a la famosa imagen que dio la vuelta al mundo con Yeltsin sobre un tanque, que utilizó como enganche para contar su versión del controvertido golpe de Estado y el paso al frente ‘liberador’ de Yeltsin, en otra acción clave en la que Burbulis engrandeció la figura del expresidentes, a pesar de las dudas que los hechos siempre han ofrecido sobre aquellas horas. Pero era, claro, la versión oficial. La que Burbulis habría dado al periodista en un comunicado de prensa aquel mismo día de agosto de 1991. Pero más allá de lo que sucedió, el debate habría dado para largo. Porque la pregunta, hoy, es otra: ¿es la Rusia de la ‘era Putin’, con censura, presos políticos y prácticas en sus instituciones, una democracia fallida?