Marina: "Antes de la educación, no hay talento"

El salón de actos del Brianda de Mendoza se llenó anoche de profesores, alumnos e interesados en el mundo educativo para escuchar al filósofo José Antonio Marina, autor de éxitos como 'Etica para náufragos'. • Su charla 'La movilidad educativa', organizada por la Fundación Siglo Futuro, se incluía en el ciclo de conferencias del 175º aniversario del Brianda de Mendoza. • "Hemos entrado en la sociedad del aprendizaje continuo", sostuvo Marina, que animó al profesorado a formarse más y a demostrar que "somos nosotros los que sabemos de esto y nos tienen que escuchar".


"Necesitamos sentir que progresamos, no sentirnos insignificantes y estar satisfechos, pasarlo bien". Son tres reglas de oro para vivir inteligentemente, para vivir felices. Tres máximas, tres recetas poderosas que el profesor José Antonio Marina aplica tanto a las relaciones amorosas como a la educación. "La astucia pedagógica es enlazar una de estas tres cosas con las ecuaciones de segundo grado" y entonces, un profesor será capaz de que sus alumnos, adolescentes, estén "motivados" para aprender este acertijo matemático. Una pareja, por su parte, podrá garantizar que durará para siempre.

Fue la moraleja de su conferencia 'La movilidad educativa', que salpicó de humor y anécdotas. Basó su ponencia en dar respuesta a tres preguntas: ¿qué hay que enseñar, quién debe enseñar y cómo hay que enseñar? "Tengo una visión animosa de la educación", dijo, "hoy sabemos más cosas para educar y los docentes somos la conciencia educativa de la sociedad... hemos de demostrar que somos los que sabemos de esto y que nos tienen que escuchar".

La educación hoy se entiende de otra manera. Hay recortes sí, "que perjudican a los más desfavorecidos", dijo, pero en el plano educativo "hemos entrado en la sociedad del aprendizaje continuo". Al profesor le interesa no tanto "enseñar" sino "que los alumnos aprendan", el problema es que aprendan lo que "nosotros queremos y no lo que ellos quieran". Y se ha de enseñar con la idea clara de que vivimos "en un mundo globalizado, basado en una tecnología y ciencia muy avanzadas", lo que supondrá "grandes oportunidades" pero también un escenario "feroz, para quien no las haya aprovechado".

"Ni los políticos, ni los sacerdotes deben enseñar"

"La filosofía es la única disciplina que fomenta el pensamiento crítico", afirmó el profesor Marina. Sin ese pensamiento, "os tomarán el pelo... ni los políticos, ni los científicos, ni los sacerdotes, ni los padres son los que deben decidir qué enseñar". La filosofía "hace el planteamiento teórico y la educación lo pone en práctica", reflexionó.

Y ¿qué hay que enseñar? "El talento", que no es sino "la inteligencia triunfante, capaz de gestionar las emociones para elegir las buenas metas". El talento, prosiguió, "no está antes sino después de la educación. Esta es, por tanto, la generadora de talento porque antes no lo hay y después, puede haberlo".

Recordó que la primera época dorada del desarrollo cognitivo es de 0 a 4 años mientras que existe una más, entre los 14 y 18 años, "donde el cerebro del adolescente se rediseña por completo. No aumenta su potencia pero sí su eficacia". Es, por tanto, mucho más complejo que lo que se creía antes: que las hormonas estaban revueltas.

En la etapa educativa no sólo los alumnos conocen y aprenden, también "van adquiriendo hábitos afectivos". De ahí, que el profesor Marina ahondara en el mundo de los sentimientos y en la importancia de enseñar "a nuestros alumnos a decir que no", y eliminar o superar miedos. También la agresividad, que hay que atajar antes de Secundaria: "hay que instruir pero ayudar también a formar una personalidad armónica", afirmó.

Durante esta etapa, añadió, también se forma la voluntad, "que se ha sustituido por el concepto de motivación, aunque no es lo mismo".

"La tecnología ayuda a ajustar la velocidad de aprendizaje"

¿Cómo hay que enseñar? Las tecnologías y sus posibilidades abren un mundo diferente en la educación. Lo bueno es que "los malos alumnos pueden motivarse con las tecnologías" y los profesores "pueden ajustar la velocidad a su capacidad de aprendizaje. Si se hacen programas curriculares adaptados, resolvemos el problema". Lo que más preocupa es cómo motivar. El éxito merecido, sentirse importantes y pasarlo bien son la clave.

Y ¿quién debe enseñar? Los padres, la sociedad y los profesores son el triángulo de este reto. Los primeros "deben mantener una buena relación con la escuela", dijo; el profesor actual "debe ser un solucionador de conflictos" y hay que trabajar en equipo para ello: "se ha terminado el tiempo del profesor aislado. El que educa es todo el centro educativo", señaló. Desde el conserje al que lleva la cafetería del instituto.

El excatedrático de filosofía admitió también que los recortes están haciendo daño: "¿qué pasa con las actividades de apoyo, imprescindibles para que todo esto funcione?", se preguntó. O "con el problemón que para muchas familias supone el tema de los comedores escolares". Y animó a superar el fracaso escolar -"el único país donde se habla de fracaso es en España; en Europa, se denomina deserción o abandono", precisó-. Se les tiene que dar recursos a los centros para poder recuperar a los que un día abandonaron el sistema educativo: "vamos a recuperarlos porque quien no tenga formación estará completamente marginado... Necesitamos departamentos de orientación psicológica y estar en contacto con las familias".

Marina terminó haciendo  autocrítica: "hemos de formarnos más y debemos ganarnos la confianza para demostrar que somos quienes sabemos de esto". "Tenemos la mejor escuela que hemos tenido nunca pero no progresamos... hemos de dar a conocer lo bien que lo estamos haciendo pero comunicándolo bien y sin estar aislados".