Orozco, corazón de purpurina

Un escenario de bolas de discoteca, cañones de luz y gran cartel, Ozean´s Club, invitaban la noche del viernes a sumergirse en el universo particular de Antonio Orozco, cuarto concierto de Ferias. • El barcelonés presentó sus 'Dos orillas' en la Fuente La Niña ante más de 7.000 personas, aunque incluyó muchos temas de su disco 'Diez' y algún éxito anterior.


Un escenario decorado con bolas de discoteca, cañones de luz y gran cartel de brillantes colores, Ozean´s Club, invitaban anoche a sumergirse en el universo particular de Antonio Orozco, que presentaba sus 'Dos orillas' en la Fuente La Niña ante más de 7.000 personas -un buen número, sentado en las gradas-. Rockero y potente, abrió con 'Temblando', la canción que inaugura su último disco. Simpático, dejándose fotografiar por los gráficos y agradecido por estar en Guadalajara, el catalán ofreció un concierto que rozó las dos horas y que llenó de temas contundentes que salpicó con sus baladas románticas: "entre una orilla y la otra quedó un oceáno donde nunca nada es lo que parece".

Orozco demostró anoche que no ha dejado de ser el romántico de siempre pero ha imprimido un halo más rock a todas sus canciones -hasta 'Devuélveme la vida' sonó en versión 'dura' al principio del concierto- y parece encontrarse a gusto mezclándolo con sonidos sintéticos, más discotequeros. Ha dado un paso más desde su 'Cadizfornia' aunque, básicamente, no haya demasiada distancia como letrista y cuando se pone baladista.

Cantó con su característica voz rasgada -que a veces, alargaba en algunas notas- e interactuaba constantemente con el público: "¿estáis en Ferias?¿hay encierros?¿y a qué hora son...? Yo soy de las ocho de la mañana, de mi footing, mi yogur con cereales, mi siesta..."

El largo 'speech' dio paso a la interpretación de una nueva canción que ha cantado a dúo con David Bisbal y que anoche sonó sólo con su voz y el piano. Puso un poco más de decibelios con la versión bailable de 'Que me queda', que sirvió para presentar a la banda, entre la que se encontraba su hermano, Marcos Orozco, "el pequeño de mi casa", a la percusión y las voces.

Enlazó entonces 'Siempre imperfectos', 'Lo que tu quieras soy' y 'Llegará' (que enloqueció al foso), con la que se despidió sobre las doce y media de la noche. La vuelta fue sosegada, confesando que estaba muy contento y que "es probable que esta noche nos hayamos sentido tocando como nunca", lo que arrancó el aplauso de sus fans.

"Ha sido un día extraordinario, lleno de sorpresas", añadió para explicar entonces el proyecto solidario que apoya la banda -un hospital de día para San Juan de Dios que, según afirmó, va viento en popa-. Para la causa, pidió que todos los espectadores sacaran sus móviles y enviaran un sms, lo que el cantante agradeció con un aplauso y con la canción 'Voces'.

Llegó entonces una versión para bailar de la balada 'Estoy hecho de pedacitos de ti', con la que se despidió. La banda ya no volvió a salir pero Orozco sí regaló un bis, después de dudar entre irse o quedarse en el escenario. El público pedía "otra, otra" y él no se negó. Guitarra en mano, ofreció un juego musical, que hiló con trocitos de 'Devuélveme la vida', que coreó el público-, de 'Corazón partío' -"acabo de acordarme que esa no es mía", dijo riéndose ante la broma-, un poquito de 'Una y otra vez' y, de nuevo, 'Estoy hecho de pedacitos de ti'. Entonces, sí, ya se marchó dejando en la memoria una breve versión acústica de sí mismo. En el fondo, Orozco no ha dejado de ser lo que era, pese a que últimamente impregne sus canciones con un baño de purpurina.

Fotos: E.C.