Lágrimas en la niebla

Concierto: Russian Red.• Lugar: Espacio Tyce.• Público: Unos 500 espectadores.• Música: folk-pop.


Pelo recogido, labios rojos, vestido azul largo transparente. Un haz de luz blanca se proyecta y la enfoca solo a ella. Es Russian Red. Es Lourdes Hernández. La memoria es cruel, canta entonces, sonando lejos del aterciopelado ritmo al que tiene acostumbrado a su público. Canta rabiosa, incluso dolida. Y al final, surgen las lágrimas. Y aparece la niebla. 'I hate you but I love you'. Te odio pero te quiero.

Russian Red arrancó anoche con puntualidad británica su actuación en Guadalajara. Sentimental y enérgica empezó su concierto, segundo de las Ferias, en el Tyce. La banda -Lourdes, Brian Hunt (guitarras) y Pablo Serrano (batería)- salió al ritmo de los aplausos del personal, medio millar de espectadores con la adolescencia superada y entregados por completo a su universo, una burbuja especial que teje gracias a su personalísima voz -rota en algunos momentos- y el sonido retro que imprime a casi todos sus temas. Lástima que tan sólo estuviera una hora en el escenario -incluidos los dos bises-. Casi un suspiro.

La puesta en escena fue sencilla, prácticamente en formato acústico. Sin alardes ni efectismos, la grandeza de su directo es que se versionó a sí misma, revistiendo no sólo canciones sino también voz, dotándolas de una segunda vida. 'Every day, every night' sonó más alegre; 'The sun, the trees' como si Belle&Sebastian estuvieran allí... No faltó 'Tarantino', aterciopelada y triste. Y dedicatorias al respetable, como 'Conquer the world', canción inédita para una fan de Mallorca.

Enseguida vino 'Cigarettes', la canción con la que conquistó los corazones del público por primera vez. La cantó a dúo con Brian Hunt, a las guitarras. Tampoco se olvidó de la versión nana que realiza de 'Girls just wanna have fun', de Cindy Lauper, donde su voz sonó rasgada.

Galería de fotos: Rubén Madrid

Con 'Fuerteventura' se puso simpática. Como si fuera una actriz, por unos segundos metida dentro de un cabaret, dejó la guitarra a un lado y la sustituyó por un micrófono de largo cable en una mano y una baqueta de tambor en otra. Aprovechó entonces para marcarse la setentera 'They don´t believe' a lo Vannesa Paradis en 'Be my baby' y felicitar al público por ser “tan increíble”. Tanto que les dedicó una canción -'January 14th'- y las cámaras brotaron desde las primeras filas. Ella se puso rockera.

Tras cuarenta y cinco minutos puso fin al concierto. Después, los bises:  'No Past Land', donde su voz se creció y la descorazonadora 'Love is strangers'.

Volvió para despedirse. Ella sola. “Esta canción solo la toco en ocasiones especiales”, dijo. Quería agradecer al público -que no paró de decirla ¡guapa!- todo el calor sentido en el concierto. Sonó 'A hat' y los ojos volvieron a llenársele de lágrimas.


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