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El Apostolado del Greco, para siempre ya en Almadrones

Inaugurada en la iglesia del pueblo la exposición de las réplicas con un acto oficial y poético. • Los cuadros, que se pudieron ver en Guadalajara, restituyen el expolio de los originales, diseminados en el Prado y en Estados Unidos. • Recordamos en este reportaje la misteriosa llegada de las obras originales al pueblo, su traumática salida hace 75 años y la iniciativa que ahora se ha impulsado en pleno Año Greco.


Almadrones vuelve a tener su apostolado del Greco, confiando en que esta vez sea para siempre. El expolio que tuvo su origen en la salida de los cuadros originales durante la Guerra Civil queda de algún modo paliado con la llegada, tras ser expuestos en Guadalajara, de unas réplicas de los nueve cuadros, elaboradas por encargo en un taller de Córdoba.

Este fin de semana tenía lugar la inauguración de la exposición permanente de estas réplicas en la iglesia parroquial de Almadrones, donde en su día estuvieron los originales pintados por el Greco. El acto estuvo dirigido por el párroco de la localidad, Álvaro Ruiz, y en su vertiente poética intervenían José Antonio Suárez de Puga, José María Sanz y Fernando López, con la asistencia de autoridades de la provincia como el subdelegado del Gobierno en Guadalajara, Juan Pablo Sánchez Sánchez-Seco, el delegado de la Junta, José Luis Condado y alcaldes de la zona.  

Los ‘hombres feos’

Los ‘hombres feos’ desaparecieron de Almadrones durante la guerra y sin que nadie en el pueblo sospechara de su ilustre paternidad. Los tipos de aspecto siniestro que había detrás de una capa gruesa de polvo –tal vez por eso fueron apodados por su horrendo aspecto– eran, pero eso se supo después, ocho apóstoles y El Salvador, nueve de las trece figuras de un apostolado salido del pincel –o al menos, del taller– del universal pintor Domenikos Theotocopoulos, más conocido como El Greco.

Cómo fueron a parar a este pueblo alcarreño resulta todavía hoy un misterio. Cómo marcharon de allí es, sin duda, un episodio más, como tantos en la provincia, de los increíbles expolios cometidos con muchas obras de arte de los pueblos. Una injusticia histórica que ahora, en pleno Año de El Greco, han pretendido paliar un grupo de vecinos con el encargo de unas copias que supone el regreso de estos ‘hombres feos’ a la iglesia de Almadrones. Aunque no sean los originales.

La historia es la siguiente: los nueve cuadros pintados entre los años 1610 y 1614 colgaron durante siglos en lo alto de los muros del presbiterio de la iglesia de esta localidad situada en la senda de la actual autovía de Barcelona. En julio de 1936, al inicio de la Guerra Civil, las milicias entraron en el pueblo precisamente por la antigua nacional y convirtieron el templo en un almacén. Los cuadros fueron trasladados al Fuerte de San Francisco de Guadalajara. Pasarían una larga temporada enrollados en un armario del convento arriacense.

Fue en el año 1944 cuando, acabada ya la guerra, se dio a conocer el verdadero alcance de la colección. El primero en poner a todos tras la pista de El Greco fue el Marqués de Lozoya. Al analizarlos, se descubrieron la pincelada y la firma del pintor cretense. Trasladados al Museo del Prado, fueron restaurados e inventariados, con una descripción de Lafuente Ferraria. Dos cosas habían cambiado: los hombres feos dejaban atrás su tez grisácea, que les concedía un aspecto tan poco amigable, y su valor artístico, pero también económico, acababa de dar un salto al adjudicarse la autoría a El Greco, pintor que en el siglo XX -a diferencia de lo ocurrido en los precedentes- comenzaba a recibir el reconocimiento que definitivamente ha merecido.

Un apostolado disperso por el mundo

La colección regresó dos años después a la comarca, reclamada por el Obispado de Sigüenza. Corrían tiempos de hambre y pocos recursos, o al menos así intentan justificar los historiadores que los nueve cuadros fuesen vendidos por un millón de pesetas: una cantidad considerable, pero ridícula para una colección así. La operación fraguada por el obispo trillano Luis Alonso Muñoyerro supuso la segunda -y esta vez definitiva- salida de los cuadros de la provincia: cuatro marcharon rumbo al Prado, donde El Salvador, San Pablo, Santiago y Santo Tomás se exponen al menos con el nombre de ‘Apostolado de Almadrones’. Otros cinco, en cambio, cruzaron el Atlántico y han ido a parar al Country Museum de Los Ángeles (caso de San Andrés), a la Clowes Foundation de Indianápolis (San Simón, San Lucas y San Mateo) y a la colección privada de la Kimbell Art Foundation de Fort Worth en Texas (el retrato de San Juan Evangelista), en algunos de estos casos después de que un primer comprador, un marchante norteamericano, los incluyese en diferentes subastas entre los años 1952 y 1972.

Fueron vendidos por un precio irrisorio, cuando hoy podrían ser emblemas del patrimonio de la provincia”, ha asegurado Laura Lara, historiadora alcarreña que recientemente ofreció una conferencia en el Museo Provincial y que enmarca estos lienzos en la última etapa de la producción artística del pintor, en “el ocaso de su vida”.

Según el experto José Gudiol, autor del catálogo del pintor de 1982, en algunas de estas obras el cretense preludia con casi tres siglos de antelación los trazos propios de Van Gogh y del expresionismo. Lo decía también en abril, en otra conferencia, la jefa de pintura española hasta 1700 del Prado, Leticia Ruiz: en el Apostolado, pero de manera particular en los retratos de Santiago, San Pablo o San Mateo, hay elementos casi de vanguardia, sobre todo si lo comparamos con los cánones de su época. Lo son “los temblores” de los rostros y las manos, con sus “gestos retóricos”, las “pinceladas de luz relampagueante” en algunas túnicas o los “fondos inconcretos”, que no inacabados, probablemente porque en estos momentos de “radicalización de su idea de pintura” ya consideraba que “no hacía falta pintar más para no contar nada más”.

Misterios sin resolver

De la llegada de esta colección tan representativa de El Greco más innovador a Almadrones, así como de los lienzos que estarían desaparecidos, no hay tantas pistas. Se sabe que El Salvador y los ocho apóstoles estaban en los muros de la iglesia alcarreña en el siglo XVIII –cuando aparecen en un primer inventario–, quizá como regalo de Miguel del Olmo, un obispo de Cuenca natural de la localidad, influyente figura del siglo XVII. Un documento aportado por la historiadora Laura Lara hace referencia a un donativo de nueve cuadros a la iglesia, aunque seguiría sin despejarse la incógnita de dónde estarían -si es que se pintaron- los otros cuatro restantes.

Que se perdiera la huella de la autoría tampoco resulta tan extraño, si seguimos las lecciones de esta misma historiada, que recuerda que El Greco fue un pintor olvidado, cuando no ridiculizado, durante las tres centurias posteriores a su muerte.

Según escribió en su día el profesor José Luis García de Paz, los ‘hombres feos’ ni siquiera fueron incluidos en su extensa relación de patrimonio por el cronista oficial de la provincia Juan Catalina, aunque sí fueron reconocidos y valorados por su sucesor, Layna Serrano, que apenas dispuso ya de tiempo para estudiarlos por la irrupción de la guerra y el inicio del periplo de la colección entre Almadrones, Guadalajara y Madrid. Lo que sí hay es un testimonio gráfico de aquellos tiempos, en una fotografía de la iglesia tomada por Tomás Camarillo: los cuadros aparecen, tal como recuerdan también los más viejos, a gran altura.

Antonio Redondo Paredes, artista de Almadrones afincado en Fuenlabrada, ha sido otro de los interesados en esta historia y admite que debe su curiosidad a su madre y su abuela. Ha escrito largo y tendido en su blog sobre el expolio. Confiesa que le hubiera gustado hacer a él mismo las copias y cree que el pueblo jamás habría podido retener unos cuadros tan importantes: “No nos equivoquemos, tarde o temprano nos los habrían quitado; pero lo peor, claro está, fueron las maneras en que lo hicieron, aunque hubo una guerra”. Pese a todo, cree que el hecho de que el Prado exponga  al mundo cuatro de ellos con la nominación de Almadrones supone “el mejor regalo” en toda esta turbia historia.

Reparación del expolio

La injusticia histórica sufrida por Almadrones  tiene sin embargo un atisbo de reparación: hasta la localidad han llegado ya las copias de los nueve cuadros que hubo en su iglesia, gracias a una iniciativa impulsada en 2010 por un grupo de vecinos, al frente de los cuales han estado el actual alcalde, Luis Miguel Sanz, y el arqueólogo Ricardo Barbas, que ha defendido esta iniciativa como “ejemplo de recuperación de patrimonio”.

En un principio se barajó la opción de recuperar los originales, pero ante la inviabilidad económica se apostó por la solución adoptada. “Fue entonces cuando nos planteamos que, al menos las imágenes, volviesen a la iglesia. Pensamos entonces en cómo reproducirlas, optando en última instancia por las réplicas pictóricas”. De ello se ha encargado el taller del cordobés Clemente Rivas.

En marzo el pueblo celebró este esperado acontecimiento, en pleno Año de El Greco, aunque aquel inicial era un reencuentro fugaz, porque las obras salían muy pronto rumbo a Guadalajara capital, donde han estado expuestas durante dos meses en la Sala Multiusos del complejo San José. Ahora por fin los ‘hombres feos’ han retornado definitivamente a Almadrones.

La localidad espera atraer a los turistas con las copias del Apostolado, a las que ha preparado unos paneles explicativos para el visitante. Quien, pese a todo, quiera admirar juntos los nueve originales, lo podrá hacer en el Museo de Santa Cruz de Toledo en una exposición entre septiembre y diciembre de este mismo año, coincidiendo con el IV Centenario del pintor.

“El pueblo merece un reencuentro con los cuadros después de que quedase abierta esta herida”, ha asegurado la historiadora Lara. La emoción que, según los testigos, demostraron los más mayores del pueblo el día en que la copia del Apostolado llegó a la iglesia dice mucho del modo en que estos alcarreños han sentido como propios los cuadros que fueron arrebatados de las paredes. Pero esta vez los hijos de Almadrones vuelven para quedarse.