Fescigu (II): En casa del enemigo

La alcarreña Raquel Larrosa presentó en su ciudad 'Skeikima', un trabajo documental sobre el conflicto saharaui al que aplica un nuevo enfoque de factura muy profesional. • Historias de amor al volante y propuestas para reflexionar sobre terrorismo coparon parte de la oferta del miércoles.


A veces, el enemigo está en casa. O uno está en casa del enemigo. Les pasa a los jóvenes saharauis obligados a estudiar en las universidades del país que invadió su tierra. Le ocurre también a una madre que es una santa, que sueña con tomar el pasaporte y volar a un mundo mejor, y que aguanta estoicamente las ingratas y plomizas presencias de su marido y sus hijos. Pero otras veces el enemigo somos nosotros mismos, cuando jugamos peligrosamente a ser lo que no somos.

El Festival de Cine Soliario de Guadalajara (Fescigu) ofreció este miércoles en su segunda jornada de proyecciones una serie de situaciones que plantean dilemas morales personales en entornos complejos, por causas domésticas o derivadas de dramas sociales mucho más amplios.

Uno de estos conflictos enormes, tantas veces contado y tan necesitado de seguir siendo recordado, es el de pueblo saharaui. La alcarreña Raquel Salillas ha viajado hasta Marruecos para contar, con un guión escrito a seis manos junto a Lucía Callén y María Alonso, la historia de varios jóvenes saharauis de los territorios ocupados que tienen que estudiar en el mismo país que invadió su tierra (en casa del enemigo) y pugnar allí mismo por construir una identidad que se les niega.

Sostenido en los testimonios de estos jóvenes -especialmente interesante el punto de vista femenino-, la joven realizadora alcarreña demostró ayer ante su público tanto sus cualidades para narrar dramas sociales con tensión periodística y enfoque personal como el salto que ha dado en la factura de su trabajo respecto de los primeros documentales que ya habíamos podido ver, el primero de ellos, por cierto, sobre el propio Fescigu.

Salillas fue uno de los dos directores de la sección oficial de la segunda jornada del Fescigu que quisieron presentar sobre el escenario del Buero Vallejo sus trabajos. También estuvo allí Fernando González-Gómez, director de 'Downunder', un ejercicio de estilo pasado de rosca. De corte tarantiniano, esta 'road movie' friki, agresiva y cómica tiene un protagonista en estado de gracia, Niko Verona, acompañado de un grupo de conocidos actores como Maggie Civantos y Marcial Álvarez que le dan un toque excesivamente caricaturesco a este cortometraje que, inspirado en el cine de serie B, tiene mejores mimbres que acabados.

Soberbia es la actuación de Rosario Pardo en 'Un billete a nunca jamás', que abrió la sección oficial con un excelente retrato de la vida de un ama de casa con unos hombros inmensos para cargar las toneladas de desidia que le arrojan esos tipos distantes con quienes comparte la vida (hay quien lo llamaría familia) y el peso no menor de sus frustraciones. El corto de Jorge Naranjo genera en el público una mezcla de sonrisa y ternura hacia una protagonista que tiene, también a su manera, al enemigo en casa. Sin virguerías, un corto sensacional.

La sección oficial de ayer ofreció otros tres títulos más. 'False flage' del guipuzcuano Asier Urbieta es una breve, intensa y sórdida historia de tipos duros muy bien contada, abierta con un claustrofóbico plano secuencia y cerrada con un magnífico golpe de efecto. Las dos últimas en proyectarse fueron 'Braqueage séreénade' y 'La puta y el cliente'. La primera, firmada por el francés Guillaume de Ginestel, es la delirante historia de amor al borde del precipio entre un ladrón de bancos y su particular Dulcinea. A lo largo de sus escasos 23 minutos atraviesa por algunos momentos de lucidez y otros de absoluto bochorno. Otra historia de pareja al volante, esta vez con la autoría de Hammudi Al-rahmoun Font, cerró la SOC con un drama muy bien interpretado por sus protagonistas pero preso de un guion de evolución muy previsible. Plantea una reflexión en torno al morbo y la confianza, de exploración de límites posiblemente prohibidos, pero no consigue atar al espectador a la butaca.

Presuntos Culpables y Presente Imperfecto

Antes de la sección oficial, el público pudo ver los títulos propuestos en la sección Presuntos Culpables, cuatro cortos sobre las consecuencias de los ataques terroristas en la seguridad ciudadana y la convivencia en la comunidad. El sorprendente planteamiento introspectivo de 'El visitante' de Noelia María fue el primero en desfilar por la gran pantalla, seguido de la inquietante 'Un lugar' de Iván Fernández de Córdoba, de 'Accès privé' -un drama de disidentes políticos ubicado en un distópico París de 2022- y de 'Mute' del austriaco Albin Wildner, una cruda historia de un joven africano en su pavorosa huida hacia un futuro mejor para él y su familia.

El público también tuvo oportunidad de ver cortometrajes sobre la tragedia del bullying en la mirada que ofrecen María Martín Medinilla y Roger Grau Pérez en 'Colgado', el hallazgo que Tomás hace en 'Les autres départs' del director Claude Saussereau o el sorprendente vericueto legal expuesto por Francisco Javier Rubio en 'Dentro del sistema', todos ellos enmarcados en la sección 'Presente Imperfecto'. Para finalizar esta segunda jornada del festival, se proyectaron 'Una china en el zapato' de los directores Adrián Ramos y Oriol Segarra y 'Timelapse' de Aleix Castro. 

 

 

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