“Cada año pensamos que no podremos hacer otro festival”

El Festival de Cine Solidario de Guadalajara (Fescigu) celebra su XV edición. El sueño de un festival de cortometrajes y cine social se mantiene vivo, pese a sobrevivir financieramente siempre en la cuerda floja. • En esta entrevista, que publicamos también en nuestro número de papel de otoño, charlamos sobre estos tres lustros de trayectoria con Luis Moreno y Montse de la Cal, director y directora adjunta del festival que se celebra del 3 al 7 de octubre en el Buero.


Quince años en un festival de cine dan para muchos momentos. “Quince momentos de subidón”, dice entre risas Montse de la Cal, con quien quedamos para charlar sobre la trayectoria y los entresijos de una cita que este año invita a reflexionar sobre los alimentos que comemos y que estrena premio -una estatuílla del director de cine Miguel Picazo, tan vinculado a Guadalajara-. A su lado, Luis Moreno, director de una cita que nació siendo un Festival Nacional de Cine al aire libre y que desde su tercera edición es solidario y se disfruta en el Teatro Auditorio Buero Vallejo.

¿Sienten que en este tiempo el Fescigu ha crecido bien?

LUIS MORENO: Ahora se hacen trabajos mejor acabados, con ideas muy frescas y más cortos. El primer año no llegaron a 300 y éste han sido 965, así que la aceptación de nuestra convocatoria ha ido en aumento. Todo esto hace que la calidad de nuestra programación, incluidas las secciones, sea tremenda.

MONTSE DE LA CAL: Se nota la experiencia en el equipo. Al principio, todos hacíamos de todo. Ahora, aunque todos seguimos siendo ‘pluris’, todo está más profesionalizado y somos más eficaces. L.M.: Cuando empezamos, queríamos hacer un festival de cine pero no teníamos definida la idea. El hecho de haber especializado las secciones lo ha hecho más atractivo. Crecen las actividades paralelas, cada vez hay más público...

¿Se sienten respaldados?

L.M.: El festival empezó con una respuesta muy potente. El primer año al Infantado nos llevaron 600 sillas. Dijimos: ‘¡Si a lo mejor no viene nadie!’ Empezamos a retirar sillas y dejamos 200 pero empezó a venir gente y se nos llenó. En el Buero Vallejo ha habido sesiones con ‘overbooking’.

M.C.: Teníamos miedo de llevarlo de la calle al interior. Fue bien, aunque quizás no como al principio en que el verano era una fiesta, y el Buero cada vez ha ido funcionando mejor.

¿Creen que el respaldo de las administraciones y las empresas ha ido parejo a ese éxito de público?

L.M.: En absoluto. Lamentablemente, el presupuesto de este año es menor al de hace diez. Estos dos últimos años aumentó un poco -volvimos a las cuotas de 2008- pero este año ha caído al 50%. La respuesta de las instituciones siempre ha sido muy tibia y las subvenciones, raquíticas. Con la crisis se bajó el presupuesto, durante el período de Cospedal estuvimos cuatro años sin subvención de la Junta. Con el cambio de gobierno hemos recuperado las subvenciones pero no al nivel de antes. El patrocinio privado cambia mucho de unos años a otros. Y hemos tenido el apoyo de la campaña de crowdfunding, pero este año creíamos que no merecía la pena pedir siempre el esfuerzo a los ciudadanos que en su mayoría son amigos, familia...

M.C.: Pero ha sido muy bonito porque hay gente que ha llamado para aportar...

L.M.: Y de hecho, al final hemos conseguido casi tanto dinero como el año pasado con la campaña de crowdfunding.

M.C.: Estos quince años han servido porque las instituciones tienen claro que quieren apoyar. De hecho, la Junta en Guadalajara se vuelca.

L.M.: Con la Junta hemos conseguido lo que nunca: tener un convenio. Por parte del Ayuntamiento, no se nos están facilitando las cosas. Le hemos pedido que nos dejen mudarnos de la cuarta a la primera planta del Cívico [el edificio donde tienen su sede, afectado por goteras, humedades y otros desperfectos], pero no nos han autorizado. Cuando hemos pedido un local para organizar el festival de cine de su ciudad, que les debería de interesar, lo único que hemos recibido han sido largas.

M.C.: Ellos dicen que aportan muchísimo. Para nosotros, que hemos visto muchos otros festivales, vemos que la ayuda es muy escasa. Hay ayuntamientos de 5.000 habitantes que ponen 30.000 euros para su festival.

L.M.: Este alcalde jamás ha venido ni a la inauguración ni a la clausura y eso es muy significativo. Concejales que han venido, lo han hecho en contadas ocasiones. Me queda claro que no hay interés más allá de cubrir el expediente...

M.C.: Bueno, siguen ahí apoyando...

L.M.: ...Es que sería muy grave que dejaran de apoyar.

La selección de los cortos es una tarea que hacen junto a Alberto Sanz, presidente del Cineclub Alcarreño. ¿Qué les decanta a la hora de elegirlos?

L.M.: Su calidad cinematográfica, que lo que nos cuente sea algo que nos interesa y de forma original, que las actuaciones y el guion sean creíbles...

M.C.: Aunque muchas veces no importa que no tenga tanta calidad si luego el mensaje es muy potente o innovador.

De estos quince años, ¿qué corto se les viene a la cabeza ahora?

L.M.: Cuando celebramos los diez años del Fescigu hicimos un resumen y nos dejamos muchos fuera... es complicado.

M.C.: Pero sí tenemos directores que son reincidentes y que han estado en los Goya y los Óscars, como Esteban Crespo, Daniel Sáchez Arévalo...

L.M.: ...David Muñoz.

¿Cuál ha sido el miembro del jurado que más les impactó?

L.M.: A pesar de su aspecto de cascarrabias, el director de cine Vicente Aranda fue muy accesible, muy cercano y entrañable. Otra persona que me sorprendió fue la actriz Mercedes Sampietro. Muy

accesible también y eso que lo tenía complicado para venir. Me sorprendió que durante dos o tres años estuvo aportando dinero a la campaña de crowdfunding.

M.C.: Terele Pávez [fallecida en agosto] se había ofrecido a colaborar en el anuncio de esta

edición... y no ha podido ser.

¿Se quedan con algún momento en especial?

L.M.: Cada año pensamos que no podremos hacer otro festival sin local, con poco presupuesto y poca gente, pero llega, todo va funcionando y te vas creciendo. Y dices: ha merecido el esfuerzo.

M.C.: Bueno, estás de subidón pero la mayoría, ha caído enferma y durante quince días, duermes quince horas. Luego, los directores salen encantados, los políticos vienen a apoyarte y es maravilloso, aunque ese subidón luego baja.

¿Por qué han decidido que este año el Fescigu reflexione sobre la alimentación?

M.C.: Hace dos años me tocó mucho lo del aceite de palma y la deforestación de selvas por este tema. Hay gente que se muere de hambre, pero hay mucho problema con la obesidad.

¿Somos lo que comemos?

L.M.: Nos estamos comiendo el planeta, contribuyendo a una deforestación tremenda y dejando vacíos los océanos, teniendo una capacidad de maltrato animal como nunca se ha visto; cogemos una bandeja, llegamos a casa y nos la comemos... ¿Y el sufrimiento que ha habido detrás? Los consumidores no lo saben. Es tortura industrial.

M.C.: Somos como comemos.

¿Qué influye a la hora de fijar las secciones paralelas del festival?

M.C.: Son los temas que les interesa contar a los cineastas. Hay muchos cortos de la tercera edad y, últimamente, de adolescencia. Este año han venido muchos de memoria histórica, pero no con la suficiente calidad como para hacer una sección... y es una pena. Otro asunto que preocupa en Europa es el terrorismo y lo hemos incluido.

En la última edición, hubo producción propia de Cinefilia, la asociación que presiden y que organiza el festival. ¿Repiten este año?

M.C.: Este año no hemos hecho documentales, pero sí hemos extraído píldoras de las entrevistas que hemos realizado [a expertos sobre alimentación] para compartirlas en Facebook y están funcionando muy bien. Es otra forma de trabajo audiovisual.

L.M.: Pero a nosotros nos gusta más la gran pantalla. Lo bueno de un festival de cine es que es una experiencia colectiva.

M.C.: Aunque la vertiente social es muy interesante porque llega a otro público que no irá al cine.

¿Creen que hay interés por el cortometraje en Guadalajara?¿Está equilibrada con la alta oferta de certámenes de cortos que hay: desde cine lento a cortos de viajes, la MAC, ahora de ciencia-ficción en Yebes...

L.M.: Organizar un festival de cortos es más fácil que de largometrajes. Además, los cortos no tienen recorrido más allá de los festivales, así que que haya festivales es bueno porque significa que se van a producir. Que además, cada festival tenga una temática, los hace diferentes unos de otros y eso siempre es bueno.

M.C.: Creo que hay gente en Guadalajara interesada en la imagen y el sonido y haciendo audiovisuales. Otra cosa es cómo te ganas la vida con eso y más, cómo llegas a la fama [risas].

¿Consideran que ser un festival de cortometrajes y de cine social les pesa en su proyección fuera de la provincia de Guadalajara?

L.M.: No lo creo. Hay muchos festivales de cortos que son muy conocidos. Tampoco creo que la temática social sea un género maldito. Puede que haya quien crea que es propagandístico, aburrido y pastelón pero en general, no creo que sea la idea mayoritaria. No sé... para mí sigue siendo un misterio por qué no se nos conoce más fuera porque el intento es constante y enorme.

M.C.: El festival de cortos de Alcalá [Alcine] se conoce porque lleva 40 años y el dinero que tiene Alcalá es otra historia. Los festivales de 15 años con nuestro presupuesto no se conocen. Lo bueno es cuando se mezclan [cortos y largometrajes], pero ya hablamos de la Seminci o el Festival de Málaga. El Fescigu sí se conoce entre directores.

L.M.: Y es valorado entre lo mejor. Entre el público... me sorprende que todavía en Guadalajara haya gente que no lo conozca porque hemos hecho una promoción tremenda.

¿Qué retos de futuro hay para el Fescigu?

L.M.: Lo primero que se necesita es una estabilidad en el presupuesto. A los festivales, si no se les mete chicha, se mueren. Y ahora estamos en una situación algo crítica porque este año vamos a entrar en pérdidas bastante importantes. Si el año que viene no recuperamos estaríamos ante un posible final o ante una edición muy raquítica. Ahora hay que ver que haya patrocinadores que se interesen, que las instituciones apuesten por él.

M.C.: El público se ha acostumbrado a la calidad del festival. Tenemos el mejor proyector, un departamento de audiovisual buenísimo y las instituciones deberían valorarlo. Deberían ver que el Fescigu no es un festival más y es una pena que no se valore como una gran joya que tenemos en Guadalajara. Año tras año, hay un esfuerzo... al final, te dejas la salud, los ojos, la vida... todo.

L.M.: No creo que haya muchos festivales de cine que se organicen en la casa del director. No creo que ocurra.


 Pueden consultar la información sobre esta edición en una completa previa y la programación de cada jornada en nuestra agenda.

 

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