El 'club gourmet' del cine alcarreño

Con casi 250 socios, el Cineclub Alcarreño sopla 40 velas de cumpleaños, una de las trayectorias más largas del país en este tipo de iniciativas en la que ha atravesado censuras, exilios y riesgos de desaparición, pero volcada sobre todo en el buen cine.


El Cineclub Alcarreño cumple 40 años. Cuatro décadas en las que la pasión por el cine de calidad le ha permitido sobrevivir a intentos de censura y contraprogramación, a asambleas en las que se llegó a plantear su disolución, a exilios y fiestas frikis; una trayectoria con cerca de 1.300 proyecciones en varios lugares de la ciudad, desde el Infantado, el San José y el Centro Cívico hasta otros desaparecidos como el Cine La Prensa o que estuvieron a punto de desaparecer, como el Teatro Moderno. Cuarenta velas que la asociación, una de las más nutridas de la ciudad con casi 250 socios, sopla recuperando una iniciativa para crear cantera de cinéfilos, la Linterna Mágica.

Aunque se constituyó como asociación el 27 de abril de 1977, el Cineclub Alcarreño ha decidido celebrar su 40 aniversario este sábado 18 de marzo porque fue ese mismo día de aquel año cuando proyectó -aunque fuera ilegalmente- su primera película, 'Pocilga' de Pier Paolo Pasolini, en el cine La Prensa de Guadalajara. En realidad, se trataba de la continuación de una iniciativa anterior, puesta en marcha por un sacerdote de Salesianos, el Cineclub Don Bosco, así llamado no sólo por ser el patrón del colegio sino también del cine, y que había iniciado sus sesiones en 1973 nada menos que programando a Truffaut. Ya entonces cierto germen de rebeldía expresado a través del gusto por el cine anidaba entre este club que, si lo fuese de amantes del vino, sería sin duda, el club gourmet. 

Somos los últimos románticos”, asegura Aurora González, vocal de la junta directiva y una de las socias más veteranas del Cineclub, que llegó incluso a ser presidenta entre 1997 y 2002. Según afirma, aunque la actividad ha variado desde finales de los setenta hasta ahora, el espíritu inicial del colectivo, “el sentido y la esencia”, son los mismos que en los primeros años. Y, de algún modo, esta persistencia les ha convertido en uno de los cineclubes en activo con más trayectoria del país: "Hay otros a los que también les llaman clubes pero pertenecen a universidades o colegios mayores, lo cierto es que cineclubes que funcionen como asociación propia y que hagan esta actividad ya no quedan tantos", explica.

"A nivel nacional y casi internacional somos referente por ser de los pocos que además tenemos actividad en internet, nos llegan consultas de muchos sitios para que asesoremos cómo pueden montar un cineclub, con una frecuencia diría que de un mes sí y un mes no", se suma Alberto Sanz, el actual presidente. 

De los clásicos al cine indie

La programación del Cineclub Alcarreño es una de las señas de identidad que más les define como colectivo. En general, acuerdan González y Sanz, un vistazo a los títulos programados refleja también un cambio de intereses: se puede decir que al principio estos cinéfilos se reunían para ver clásicos en la gran pantalla, en aquella época en que esos títulos sólo se podían ver únicamente si los programaba la televisión. En los primeros años de andadura, se proyectaron títulos como 'Cuatro noches de un soñador', de Robert Bresson, 'El conformista', de Bernardo Bertolucci, 'Los olvidados' y 'Viridiana', de Luis Buñuel, 'Alicia en las ciudades', de Wim Wenders, 'El halcón maltés', de John Houston, 'Río grande', de John Ford o 'Pascual Duarte', de Ricardo Franco, además de películas de Chaplin y Buster Keaton, las dos estrellas del cine mudo.

Con el tiempo, el acceso a los clásicos fue más sencillo y el Cineclub ha acabado proyectando películas de mayor actualidad, como 'Janis', el biopic de la cantante Janis Joplin, la estonia 'Mandarinas', la iraní 'Nahid' o 'El rey tuerto', dirigida por Marc Crehuet, aunque siempre sin perder las exigencias del espectador que desea ver cine fuera del circuito comercial, filmes en versión original subtitulada, cine de autor, cine independiente o la mejor cosecha de países que, a veces, tienen incluso una narrativa cinematográfica muy alejada de los usos y costumbres occidentales.

Entre las proyecciones memorables, Alberto Sanz destaca la de 'Un lugar en el mundo', dirigida por Alfonso Aristarain y con Federico Luppi como protagonista. “Tuvo muchísimo público”, recuerda, citando también 'Solas', de Benito Zambrano, ya en el Moderno, cinta “que generó mucha expectación” o 'La pelota vasca', de Julio Medem, que llegó precedida de una gran polémica mediática.

Aunque la historia del Cineclub se escriba en parte a través de las películas exhibidas, Alberto Sanz reconoce que es mucho más que un lugar para ver cine: “A fuerza de verte a lo largo de toda una temporada con gente que tiene la misma afición que tú, acabas hablando con estas personas acerca de lo que has visto, sigues quedando y cuando te quieres dar cuenta tienes ya un círculo de amistades". La propia Aurora González lo sabe por experiencia. Llegó desde Alicante, donde participaba ya en cineclubes así, y reconoce que fue gracias al cine como hizo parte de sus amistades en Guadalajara.

Esa fraternidad también se traduce en el apoyo y explica que hayan remado juntos por salvar en varias ocasiones el Cineclub. Si hay alguna lectura que se puede extraer de estos 40 años es la disposición de gente para tirar del barco, reconocía Alberto Sanz en un artículo titulado 'Pasión por el cine de autor', en la edición impresa de Cultura EnGuada de junio de 2015: “siempre ha habido gente dispuesta a sumar o multiplicar fuerzas para que el Cineclub siguiera adelante, mucha gente interesada en el séptimo arte empujándonos con su apoyo y asistencia a las proyecciones”.

Porque aunque ahora sea un referente, la historia del Cineclub está salpicada de sombras y luces.

Cine con conciencia

En estos 40 años, el Cineclub ha contado con nueve presidentes y su vida ha ido pareja también, de alguna forma, a las circunstancias sociales y políticas del país, como demuestra la lectura del libro que escribieron Ignacio Guerra y Julián de la Fuente con motivo del 30 aniversario. Aún era una asociación ilegal cuando decide proyectar 'Pocilga', de Pasolini, el 18 de marzo de 1976 en el cine La Prensa. El Gobierno Civil tardaba en darles el visto bueno y ellos no se lo pensaron dos veces. La legalización no llegaría hasta abril de 1977 y fue entonces cuando empezaron a buscar socios, películas, distribuidoras que quisieran alquilarlas y preparar la primera Asamblea. En cinco meses, consiguen 147 socios y un presidente: Avelino Sánchez Tapiz, que entre sus objetivos, se planteaba llevar cine a la provincia.

"La supervivencia a lo largo de tantos años ha sido complicada,”, reconoce Sanz. “Ha habido muchos momentos delicados; si los ha habido en esta última década, pues nos podemos imaginar todavía más en los primeros años". 1978 fue un año especialmente catastrófico para el Cineclub. Tenían poco apoyo de las instituciones y un déficit de 50.000 pesetas. La última película en el cine La Prensa fue el 29 de abril de 1978. Era inviable pagar el alquiler. 

Tras casi un año sin proyectar y con deudas, se les ocurrió organizar una 'sangriada' en la Fuente La Niña para recaudar dinero. Intentaron, además, que el San José fuera su sede estable de proyecciones pero la experiencia no cuajó.

También hubo conferencias, una Muestra de cine alternativo en colaboración con la Asociación de Mujeres Alcarreñas, donde apostaron por películas que cuestionasen la realidad y persiguiesen la transformación social, aunque finalmente fue clausurada. Fue “un atentado a la libertad de expresión”, según contaba en junio de 1980 Avelino Sánchez Tapiz en 'Flores y Abejas'. El Gobernador Civil de la época no lo vio igual: fue “anarquía de expresión”, declaró en Nueva Alcarria nueve días después. El episodio vendría marcado por un año de inactividad.

También hubo luces, como la creación de una programación paralela que actualmente continúa y que en los primeros años se tradujo en ciclos de cine; uno de ellos, infantil y otros de humor o de cine español.

Blanca Calvo ha salvado al cineclub en más de una ocasión”, sostiene Alberto Sanz. Una de ellas, siendo Calvo directora de la Biblioteca Pública, al permitir proyectar viernes y sábados en el restaurado Palacio del Infantado, que era sede del centro. Este apoyo y la llegada de Avelino Sánchez, el primer presidente del Cineclub, a la concejalía de Cultura, supuso un antes y un después para el colectivo.

Mudanza al Centro Cívico

El 14 de febrero de 1982 se produce la primera proyección en el Centro Cívico: 'El hombre que pudo reinar', de John Houston. Y en 1983, la primera edición de un Certamen de Cine 'Ciudad de Guadalajara', que tuvo cuatro años de vida. Aquel mismo año, el Patronato de Cultura contraprograma al Cineclub creando otro de gestión y financiación municipal, el Cineclub Universidad Popular Municipal, algo que también ocurriría en marzo de 2015, siendo Isabel Nogueroles concejala de Cultura: no creó un Cineclub, pero sí un ciclo de cine en versión original -con escaso éxito- que tuvo proyecciones los martes, uno de los días en que también el Cineclub Alcarreño tiene proyección, en un gesto que muchos interpretaron como un ajuste de cuentas por el carácter batallador de la asociación durante el cierre del Moderno.

Sanz recuerda, sin embargo, momentos simpáticos y entrañables como la fiesta 'Spaguetti Western' en la plaza de toros un 19 de julio de 1985, con un concurso de disfraces y espaguetis como comida, o la proyección de 'La tía Tula' en 1983, con presencia del propio director, Miguel Picazo. El Cineclub conseguiría, a lo largo de su historia, distribuir incluso una hoja de sala, 'Pantalla', que empezó a editarse en 1984, y proyectar la única copia restaurada que existía en España del film 'La parada de los monstruos', de Tod Brownig (1932) y cuya restauración costearon los propios socios del Cineclub Alcarreño.

Fueron los ochenta unos años de muchísimo tirón por parte de la asociación, que llegó a alcanzar los 600 socios que gozaban de una doble programación: en el Infantado, cine clásico; en el Cívico, las películas en versión original. Pero, sorprendentemente, en cuestión de muy poco tiempo el problema sería precisamente el contrario. En mayo de 1987, el Cineclub se traslada al Ateneo y en 1990, tras un descenso altísimo del número de socios y relevo de presidente, se decidió llevar a asamblea la decisión -que finalmente no se adoptaría- de disolver la asociación. “Fue la más preocupante”, concluye Sanz, pero “finalmente, un grupo de aficionados al cine, entre ellos varios trabajadores de Telefónica, dieron un nuevo impulso que es el que ha durado ya hasta ahora".

El 25 de octubre de 1996 el Cineclub proyectaría por última vez en el Cívico -la película fue 'Dersu Uzala', de Akira Kurosawa- y se trasladó al Teatro Moderno. En el año 2003 surgieron nuevas iniciativas como la Muestra Alcarreña de Cortometrajes (MAC) y la colaboración así con el recién nacido Festival de Cine de Guadalajara (Fescigu).

El cierre del Moderno

El anuncio del cierre del Teatro Moderno para unas obras marca en 2005 una nueva etapa para el Cineclub, que busca salas alternativas donde proyectar en 35mm. Se llega a un acuerdo con la Diputación, que realiza incluso reformas en la cabina de proyección. La llegada de Blanca Calvo a la consejería de Cultura supone la vuelta de Cineclub al Moderno. De nuevo su intervención mediante la adquisición de estos nuevos medios técnicos resulta vital para que la asociación permanezca en este lugar.

A partir de entonces, el espíritu para seleccionar la programación no varía pero la asociación se abre mucho más y apuesta por sinergias con otras asociaciones. Como resultado vendrán colaboraciones con ACCEM, el Festival Panorámico Musical, Arriversos o Mapa de Poesías, el Archivo Histórico, Siglo Futuro, la Biblioteca, la UNED... y en 2006 se pone en marcha el club de cine infantil 'La Linterna Mágica', tras un acuerdo con la Junta de Comunidades. Otro con Diputación permitiría desarrollar una serie de actividades enmarcadas en el proyecto 'Cine Alcarreño de ayer y hoy'. Durante varios veranos, el Cineclub dio el salto a la provincia con una programación de cine para los pueblos.

En la última década, el Cineclub volvió 'sufrir' ciertos contratiempos. El cierre del Moderno les dejó sin sala para proyectar y comenzó entonces una batalla ciudadana por la reapertura, en la que el colectivo cinéfilo estuvo en primera fila. Hubo una temporada en blanco, en que incluso se 'exiliaron' simbólicamente a Alcalá y proyectaron en las paredes de un Moderno cerrado a cal y canto. A la mala relación con el Patronato de Cultura se sumaría además la retirada del convenio que Diputación firmaba con Cineclub para financiar y promocionar la MAC. Además, el Cineclub se quedaría sin sede tras la okupación del Ateneo, una circunstancia que continúa.  

A día de hoy el material acumulado hasta octubre de 2013, cuando la asociación fue desalojada del Ateneo, está “desperdigado” por los domicilios de diferentes socios, recuerda Sanz, que admite que desde que se quedaron sin sede se reúnen “mucho menos que antes”. ¿No hay solución? "El Patronato nos ha dado alternativa para reunirnos, pero no para tener una sede con nuestro propio ordenador, nuestro archivo y nuestras cosas", señala. 

Actualmente, el Cineclub proyecta en una sala de los Multicines, pero hay mucha más actividad. La MAC ha cumplido quince años con el ímpetu de otras ediciones, se han organizado cursos de cine con el crítico Javier Ocaña y reforzado la colaboración con otras asociaciones. "La programación de estos dos meses es un buen ejemplo de esta colaboración", asegura Sanz, que cita las proyecciones con el Rincón Lento, la PAH, Econoplastas, Centro Social Octubre y Econactiva.

En ese mismo espacio, junto a los organizadores del Certamen de Cine de Viajes del Ocejón, Cineclub proyectó la película ganadora 'Bring the Sun Home', de Chiara Andrich; colaborará la próxima semana con el Día Mundial de la Poesía proyectando 'Historia de una pasión', sobre la vida de la poetisa Emily Dickinson, y este mismo sábado, celebra una nueva sesión de la Linterna Mágica, junto con la Uned, un exitoso programa para crear cantera que, hasta los rigores de la crisis con los recortes de las administraciones, difundía entre los niños la pasión por el cine con proyecciones de clásicos comentadas con actores cómicos. Ellos son el público del mañana y quizás, los futuros espectadores del Cineclub. El Cineclub sopla sus velas del 40 cumplaños con ellos como si fuese consciente de que de estos pequeños cinéfilos depende que haya otros cuarenta años más.



DEL CINECLUB ESTUDIO AL DON BOSCO 

Aunque el Cineclub Alcarreño tiene su antecedente directo en el Don Bosco de Salesianos, la tradición guadalajareña de cineclubes es anterior e incluso hay constancia de que el prestigioso cineasta Miguel Picazo, vinculado a Guadalajara durante tres décadas, formó parte de joven de una iniciativa anterior en los años cincuenta, llamada el Cineclub Estudio, junto con otros colegas con inquietudes como el periodista José de Juan.
     El Cineclub Don Bosco seguía el modelo de cine-forum en torno a películas 'de arte y ensayo'. De hecho, inauguró las proyecciones el film 'Jules et Jim' de François Truffaut (1962). Cada sábado del curso escolar se reunían para ver sobre todo películas de la nueva ola francesa, del neorrealismo italiano y del expresionismo ruso. Había coloquios y algunos de los directores asistían a la proyección de sus películas para presentarlas.
     Fue, en cierto modo, un foro y un espacio para la libertad de expresión y reunión. Pero eran tiempos convulsos y el Cineclub se pronunció ante algunos episodios, como los graves sucesos de Vitoria y Montejurra en 1976. Sufrió también la censura. Por ejemplo, invitaron al catedrático de Economía, Ramón Tamames, a impartir una conferencia, pero la policía clausuró el acto. El final no tardaría en venir.
     Ese mismo año, en octubre, el Cineclub Don Bosco fue clausurado por el obispo Laureano Castán, “tras una denuncia sindical contra un empresario antes de una proyección”, como cuentan en el libro del 30º aniversario del Cineclub, Ignacio Guerra y Julián de la Fuente.
     Sin embargo, la experiencia tuvo éxito entre el público. La película 'Cuerno de cabra' (1972), del director búlgaro Metodi Andonov, logró más de 500 espectadores. Y aquel respaldo sirvió para poner un punto y seguido a la iniciativa. O se integraba en las actividades cinematográficas del Ateneo, que estaba a punto de crearse, o se creaba un nuevo Cineclub, con estatutos, independiente y autónomo. Y esta opción fue la más votada. Fue así como nació el CineClub Alcarreño.

 

 

 

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