La MAC da con la fórmula: ED+C

El Cineclub Alcarreño revitaliza la muestra de cine local con la proyección enmarcada en El Día Más Corto, que llenó el Teatro Moderno. • La muestra, dirigida sobre el escenario por una fantástica Marta Marco, ofreció ocho trabajos de realizadores guadalajareños.  Guiños al cine mudo, mucho drama pegado a la realidad y dos simpáticos cortos rodados en Villarejo ofrecieron una sesión equilibrada en tono y contenidos.


ED+C ha sido igual a éxito. El Cineclub Alcarreño ha dado con la fórmula para revitalizar la Muestra Alcarreña de Cortometarjes (MAC), que recuperó su protagonismo este miércoles con una proyección de ocho cortometrajes en el Teatro Moderno, por cuya reapertura tanto batalló esta asociación, y enmarcada en El Día Más Corto (de ahí esas siglas: ED+C), la cita mundial que aprovecha el solsticio de invierno para reivindicar el género chico del séptimo arte.

La gran cita del cine local volvió a ser este jueves precisamente eso mismo, una celebración del cortometraje alcarreño en todas sus dimensiones, con el público llenando el Teatro Moderno y con ocho trabajos muy dispares que conformaron una sesión polifónica y equilibrada, muy entretenida, donde la gran pantalla del cine hecho en casa ofreció destellos de cine popular, reivindicativo, fresco y muy pegado a la realidad. Con mucho nombre de mujer –otra buena noticia– y con guiños al cine más auténtico: el clásico en blanco y negro, y el que siempre está dispuesto a montar el plató de rodaje en la plaza del pueblo.

Reubicada como en 2013 en la iniciativa mundial El Día Más Corto, la proyección de la MAC, que cumplía 14 ediciones, fue una de las 342 que en todo el país invitaron al público a sentarse en la butaca para ver cortometrajes. En Guadalajara lo hizo dejando una espléndida sensación de plenitud en el aforo del Moderno, prácticamente lleno.

La gran pantalla rural

Esta vez con ocho títulos en vez de los cuatro del año pasado, dos rasgos llamaron especialmente la atención en el menú para la noche: había más realizadoras que directores. La noche tuvo mirada femenina con Elvira Ongil, Adela Burgos, Susana Martínez, Montse de la Cal, Inés Espinosa y Raquel Salillas. Las dos últimas se encargaron de abirr y cerrar la muestra, con sendos documentales, género que también ha ganado en protagonismo.

Pese a saludar la sesión, la de ‘El canto de la reina’ de Espinosa fue una despedida: la última proyección en festivales y muestras, según dijo su directora sobre el escenario. Sobre el tema que aborda, la despoblación rural, mantuvo que “queda mucho por luchar”. En su documental, la reivindicación se hace con una mezcla perfecta de costumbrismo y lirismo, con tres testimonios cosidos con una magnífica voz en off para hablarnos de Villanueva de Argecilla, un pueblo con apenas 14 vecinos. Hay una ternura exquisita en esta reivindicación tranquila pero rotunda de la vida en el medio rural.

Resulta redundante decir que el cine nos abre una enorme ventana al mundo. Pero en el caso de la MAC, la muestra de cine con factura alcarreña, es oportuno subrayar que ejerce como un pequeño tragaluz por el que asoma nuestro propio mundo, la realidad tan próxima -pero a veces tan olvidada- de pueblos como Villanueva de Argecilla o como Villarejo de Medina, que ayer se reivindicó como "pueblo de cine": sus vecinos se apropiaron de buena parte del protagonismo de la cita y de los aplausos más entregados. 

A veces una peliculita con poco metraje y menos pretensiones expone con toda la fuerza la pasión por el cine y el amor por el terruño. En la magnífica ‘Buenas migas’, hecha en un taller exprés de cine durante una jornada de agosto, todo el pueblo participa para contar una historia de segundas oportunidades, como las que quisieran buscar Villarejo o Villanueva de Argecilla.

Este corto de Contrapicado Films en Villarejo, dirigido al alimón por Susana Martínez y Elvira Ongil cuenta con las herramientas del cine mudo de siempre una historia de las que pueden marcar un verano en un pueblo como este: la llegada de un nuevo panadero a la aldea. Todo un acontecimiento. “En el pueblo somos pocos y cabemos todos en un corto”, bromeó Martínez. El resultado como ejemplo de cine popular es magnífico.

La misma iniciativa de este pueblo con Contrapicado ya apuntó maneras el verano anterior, con un corto que también se pudo ver en la muestra de ayer, ‘Lo que el agua esconde’, dirigido en este caso por Adela Burgos, y con el que culminó el taller, inventando una historia de unos superhéroes que acuden al pueblo en busca de los superpoderes que habría en una de sus fuentes, aunque tienen que descubrir en cuál. Y la cinta resulta también ‘superdivertida’, con el paisanaje desenvolviéndose con desigual resultado en las labores actorales. Y, puestos a ser ‘súper’, no faltan efectos especiales en la última escena, como en una superproducción, para demostrar las consecuencias milagrosas del agua del pueblo. “Es sólo un divertimento”, dijo al presentarlo sobre el escenario Martínez. Le parecerá poco…

Café sólo’ y ‘Barras’

Entre las propuestas de ficción, también Isra Calzado y Mariam Useros tiraron de tono clásico en ‘Café sólo’, un proyecto esperado que transita en muy pocos minutos del drama al humor y que relata una historia de soledades y amor de usar y tirar con un doble golpe de humor final. Durante todo el corto se puede escuchar de fondo, junto a la música de piano, el sonido de un viejo proyector, remarcando el guiño al cine mudo. “El mejor premio para este corto ha sido poder presentarlo aquí, no había mejor escenario”, subrayó Calzado, otra de las voces de la cultura local más implicadas en la reapertura del teatro.

Barras’ puso el primer acento dramático de la tarde. El corto juega con las situaciones en las que se puede encontrar una misma persona en una ‘barra’ y los excesos. La película es una bofetada de realidad en tres tiempos. Es, por cierto, el último título que lleva el sello de la asociación Baidefeis, y no hay noticias de futuros proyectos entre manos. El director, Jesús Alonso, recordó que la idea original es de Manuel Ródenas, que estaba entre el público pero no pudo acompañarle sobre el escenario por problemas físicos.

Otra nota de dramatismo la puso Elvira Ongil con su corto ‘Don Federico’, que ya ha podido verse en la gran pantalla en varias citas alcarreñas y que en el Moderno volvió a demostrar la capacidad de suscitar una reflexión profunda gracias a un desarrollo mínimo, de menos de un minuto, absolutamente sobrecogedor. En realidad es el retrato de una explosión tremenda que sucede en un escenario infantil, lo que refuerza todavía más la sensación de impacto. La realizadora criticó que “la sociedad tiene parte de la culpa al intentar normalizar lo que no es normal”.

Como ‘Don Federico’, también el corto documental ‘La vergüenza de Europa’ pudo verse en octubre en el Festival de Cine Solidario de Guadalajara (Fescigu) y ofreció un nuevo pase en el Moderno. Se trata de uno de los tres trabajos con que la organización del festival, la asociación Cinefilia, ha regresado a la gran pantalla tras seis años de silencio, y en primera ocasión –pero por partida triple– con el género documental.

A partir de más de media docena de entrevistas, la cinta ofrece los testimonios de solicitantes de asilo en España y de profesionales que conocen esta realidad –desde una periodista freelance hasta trabajadoras de ACCEM–. “Es nuestro punto de vista sobre el drama de los refugiados, lo importante es que toque la conciencia”, aseguró Luis Moreno, realizador de la cinta con Montse de la Cal. La cinta denuncia, tirando de argumentos sólidos y realidades incontestables.

Por su parte, Raquel Salillas presentó al público otro de sus trabajos documentales –ya tiene cuatro–, ‘Número F’, un retrato de una artista, Eva García, cuya pasión por la fotografía analógica encierra una visión de la vida a contracorriente. El trabajo de Salillas, que demuestra el gran salto de calidad que ha dado desde sus primeros documentales, se completó con un vídeo de otros tres minutos, a modo de epílogo cargado de poesía: “No es documental, no es ficción, no sé muy bien qué es”, dijo sobre el escenario al presentar esta propuesta añadida a la de un trabajo sobre una fotógrafa que calificó de “maravillosa” y de quien leyó unas palabras.   

Para sacar pecho”

El presidente del Cineclub Alcarreño, Alberto Sanz, aseguró en una breve intervención sobre el escenario que los cerca de 150 cortos proyectados a lo largo de 14 ediciones son una cifra elocuente, “para sacar pecho”, aunque también confesó que la asociación se encontraba “algo decaída” por el bajon de títulos en las dos últimas ediciones de la MAC, de las que los 8 de ayer han supuesto un repunte.

Sanz auguró “muchas alegrías” al cine guadalajareño gracias al creciente número de alcarreñas que se han puesto a rodar y criticó que el Gobierno central “no ha reservado ni un solo céntimo” para ayudas al cortometraje en 2017, a pesar de que este formato está dando unos resultados impresionantes en España, para lo que puso como ejemplo el éxito en Cannes de ‘Timecode’ –ganadora del Fescigu, nominada también a los Óscar- o el Récord Guinness del alcarreño Pedro Solís con ‘Cuerdas’, por sus innumerables premios en todo el mundo.

La 14 MAC fue una gala del cine local entre colegas, fantásticamente dirigida sobre el escenario por la actriz alcarreña Marta Marco, que incluso se dirigió al ministro –que andaría en el patio de butacas, por supuesto– para reprocharle el IVA cultural del 21% a las 21:21 horas del día 21. La conductora de la muestra leyó haikus, micropoemas, cuentos breves, estrofas de Gloria Fuertes y fragmentos del ‘Libro de los abrazos’ del uruguayo Eduardo Galeano, tiró de ironía y de cariño, según para quién, y reivindicó el talento de los artistas locales. “Qué sería de Guadalajara sin sus asociaciones”, se había arrancado nada más salir a escena, y citó expresamente al Cineclub y también a Amigos del Moderno, que reivindicó la apertura de un teatro que tiene todas las papeletas para ser la sede de las próximas muestras. “Si no, de qué íbamos a estar aquí”, recordó provocando una espontánea ovación en el patio de butacas. Marta Marco fue el complemento ideal a la gran pantalla. La MAC dio con la fórmula, pero también con su particular hada madrina.

 

 

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