Luces, cámara... ¿acción?

El número de rodajes de cortometrajes alcarreños ha experimentado una caída significativa en los últimos años, a pesar de estímulos como el fenómeno ‘Cuerdas’ de Pedro Solís. • Analizamos con varias voces del cine local qué causas están detrás de esta circunstancia y la naturaleza del cambio experimentado, donde no todo son sombras: hay más directoras y un repunte del género documental.


Puede resultar anecdótico, pero el último tuit escrito desde la cuenta de la Asociación Cultural Baidefeis tiene fecha del 16 de enero de 2015. La última entrada en su blog, como su rodaje más reciente, son todavía anteriores en el tiempo: septiembre de 2014. El apagón experimentado en la productora de cine aficionado es un hecho. Y Baidefeis no era cualquier asociación cultural: entre 2005 y 2010 rodó nada menos que 21 cortometrajes en Guadalajara, llegó a manejar para alguna de sus películas un presupuesto de 10.000 euros y hace sólo diez años acumulaba tal grado de producción que incluso celebró una proyección exclusivamente con títulos que llevaban su propio sello. Sin noticias desde hace meses de Baidefeis, cunde la sensación de que los guadalajareños ruedan menos que antes. La Muestra Alcarreña de Cortometrajes (MAC) que organiza cada año el Cineclub y que constituye el mejor termómetro de cuánto -y qué- se hace en el cine local, mostró en su edición del año pasado sólo cuatro cintas. Este año la recepción de obras en el marco del Festival de Cine Solidario (Fescigu), donde se iba a haber vuelto a proyectar como sección, llevaba el mismo camino, aunque finalmente ha salido de este marco, se ha ampliado el plazo de recepción y el 21 de diciembre en el Moderno podrán verse nueve títulos reclutados -no sin esfuerzo- entre los cineastas alcarreños. 

¿Hay, entonces, menos rodajes? De los 29 cortos de la historia de Baidefeis, sólo seis han visto la luz en los últimos cinco años. Esa media docena de títulos eran los mismos que hace una década se estrenaban en un único año. Cinefilia, la productora con la que el director del Fescigu, Luis Moreno, realizaba sus cortometrajes, se ha pasado diez años sin desempolvar la claqueta, desde que rodó la accidentada ‘La presa número 7’. La Quimera en Corto, de Azuqueca, ha frenado en seco un ritmo que abastecía con dos o tres títulos a cada edición de la MAC. Y apenas Contrapicado Films parece mantener cierta constancia en Guadalajara, pero lejos de los ritmos de Baidefeis en su época más entusiasta. 

En 2011 el digital El Decano titulaba “El corto de Guadalajara, a toda máquina”. La MAC tuvo en aquella edición 15 cintas y hubo que hacer selección para no tener al público cinco horas frente a la pantalla. El año siguiente hubo otros 14 títulos, diez más que en 2015. ¿Se les han acabado las ganas de rodar a los cineastas alcarreños? Realizadores habituales en otro tiempo como Luis Moreno, Julián de la Fuente o Isra Calzado siguen vinculados al mundo del cine, pero ahora desde otras vertientes como el Fescigu, la universidad o la crítica y el trabajo ‘freelance’. Otros habituales hace una década como Jorge Sánchez, Conrado Berlinches o David Recio han dejado de rodar. 

¿Qué ha sucedido? 

Probablemento no hay una única razón que explique este parón. Y la prueba es que las seis voces consultadas para este reportaje (cinco realizadores: Moreno, Calzado, De la Fuente, Raquel Salillas y Elvira Ongil; más el presidente del Cineclub, Alberto Sanz) exponen media docena de explicaciones, en las que a menudo coinciden unos y otros: la caída de las ayudas de las administraciones, la fuga de talentos alcarreños o la supresión de los talleres que formaban equipos para estos rodajes ‘amateur’ son algunas de ellas. Son, además, puntos negativos que pesan más en la balanza que otros estímulos, entre ellos un acceso cada vez más sencillo a las herramientas para hacer cine o la exitosa trayectoria del cinesta alcarreño Pedro Solís, con dos Goya por ‘La Bruxa’ y ‘Cuerdas’, que recientemente ha logrado el Récord Guinness por ser el corto de animación con más premios en todo el mundo. 

Hay un elemento clave en el que confluyen varias de las causas mencionadas por todos: la dispersión. El talento, antes asociado en torno a la plataforma Baidefeis, que reunía también gran parte de las ayudas públicas, se ha diseminado en los últimos tiempos. Unos se han ido lejos; otros, los que se han quedado, siguen vinculados al cine, pero no siempre desde su faceta creativa. Y quienes ruedan, no siempre lo hacen bajo un mismo paraguas. 

Muchos de quienes hacia 2005 se iniciaban en el cine en Guadalajara eran jóvenes y la crisis económica les ha obligado a emigrar hacia otras latitudes. “Ahora si quieres rodar te das cuenta de que no hay disponibilidad de gente. Todo el que tenía inquietudes se ha ido, están en Chicago, Berlín, Alaska... y es talento que ya no vuelve”, se lamenta Isra Calzado. Incluso quienes no han salido al extranjero, también han buscado que sus inquietudes se desenvuelvan en otras ciudades como Madrid o Barcelona. De modo que aquellos nombres llamados a tomar el relevo de los protagonistas de esa suerte de ‘época dorada’ del cortometraje alcarreño, han desaparecido del panorama local. Álvaro Moro, director de ‘Carlitos’ y habitual entonces en diferentes tareas en las cintas de otros colegas, ha montado una productora en Madrid de cortos y sketches de humor, Wasabi. David Corroto, autor de ‘Jaulas’, vinculado a la productora alcarreña Annus La Negra, tiene su propia firma en la capital, donde también está afincado Mario Lizondo, que trabaja en el sector audiviosual. Y la periodista María José Establés, que presidió Baidefeis, vive ahora en Barcelona, con una trayectoria ligada también en su caso al universo audiovisual, pero desde la universidad. Pareciera que la profesionalización de quienes se han interesado por el cine en Guadalajara haya tenido como consecuencia precisamente su salida hacia ciudades más grandes en busca de otras oportunidades. 

Pero no toda la culpa es de la fuga de talentos. El presidente del Cineclub Alcarreño, Alberto Sanz, observa que “están cambiando los formatos y muchos de los jóvenes hacen ahora otras cosas”, sobre todo vídeos adaptados para el universo digital o las redes sociales, al margen del cortometraje convencional. Porque también los gustos y las inquietudes varían, como comprueba Julián de la Fuente, realizador y profesor en la Facultad de Audiovisuales de la Universidad de Alcalá: cuando cada inicio de curso pregunta en clase, como hicieron en su día con él, cuántos alumnos quieren ser directores de cine, “sólo dos levantan la mano, lo que demuestra que el cine ha dejado de ser un referente creativo, no les interesa igual”. Otra prueba de ello, sin salir del aula, es que al profesor le cuesta acudir a ejemplos de clásicos indiscutibles como ‘El Padrino’ para ilustrar sus explicaciones. 

Pese a todo, hay jóvenes que siguen teniendo pasión por el cine y que se echan a la calle a rodar, aunque se encuentren con algunos obstáculos. Raquel Salillas ha estrenado ya cuatro cortos documentales -el último de ellos, ‘Skeikima’, relacionado con el conflicto saharaui-, pero cree que la dispersión “por la falta de tiempo, por la precariedad laboral y porque no todos estamos siempre aquí” hace que no se consoliden fácilmente los equipos. “Ves los cortos de antes y en los créditos siempre aparecían los mismos”. El director de uno era en el siguiente el encargado de la producción, de la fotografía o del sonido, y al contrario. “Eso ya no ocurre, no hay una asociación donde estemos todos”, subraya ante la falta de un aglutinador como Baidefeis, mientras lamenta que no hayan cuajado tentativas útiles en este sentido como el blog Cineastas de Guadalajara. 

La excepción reside en Contrapicado Films, fundada en 2010. Sigue organizando talleres y rodajes y mantiene una producción continua, dentro de sus posibilidades. Su equipo rodó hace un año dos cintas, una aún en fase de postproducción y la otra, ‘Don Federico’, ya estrenada y proyectada incluso en el Fescigu. Será también una de las obras que se verán en la próxima MAC, cuyo cartel incluye otros dos títulos salidos de los talleres de esta asociación. De estos cursillos surgió además parte del equipo de otra cinta que se pudo ver en el último Certamen de Cine Lento, que organiza precisamente Contrapicado con el Rincón Lento. 

El tema de los talleres merece mención especial. A menudo resulta tentador culpar del descenso de rodajes de factura alcarreña a la escasa colaboración de las administraciones. Casi todos los consultados reconocen que la desaparecida ayuda de 300 euros que ofrecía Diputación a cada corto presentado en la MAC era un incentivo, porque cubría algunos gastos y garantizaba la visibilidad de la obra en una gira estival por la provincia. También echan de menos la plataforma ‘Hecho en Castilla-La Mancha’ de la Junta, que seleccionaba cortos de las cinco provincias, los editaba y los facilitaba a algunos festivales que los integraban como una sección. Por no hablar de las ayudas directas a las asociaciones que producían los cortos. Pero, más allá del dinero contante y sonante, los recortes se hacen notar todavía más en el cese de actividades de formación, especialmente algunas como ‘Cámara y Acción’, también de Diputación: “Te daba mucha cantera y además te garantizaba otros dos rodajes al año”, recuerda Calzado, en referencia a unos cursos de los que salían equipos con ganas de rodar. 

Mi primer contacto con el cine fue en este taller que impartía Julián de la Fuente y cuando dirigí mi primer corto conté con gente que había estado allí conmigo”, reconoce Elvira Ongil, volviendo la vista a 2008 y a su estreno con ‘Stop’. Es un aspecto que Luis Moreno considera fundamental: a él mismo le han llegado jóvenes con un guion y con ilusión por hacer un corto, pero que “están muy perdidos” al adolecer de la formación básica para organizar un rodaje, saber qué medios requeriría y con quién podrían contar. Por eso el director del Fescigu consideraría interesante la puesta en marcha de una Escuela de Cine como la que ha propuesto una moción aprobada a finales de septiembre en el Ayuntamiento de Guadalajara. 

Cambios a mejor 

De la Fuente ha lanzado a un buen puñado de chavales a hacer cine con los cursillos que impartió hace una década. Considera que la formación es esencial porque “el cine es un trabajo en equipo” y, en su reflexión, admite que algunos factores citados como la dispersión de los antiguos miembros de Baidefeis, que él fundó a principios del milenio, ha afectado al ritmo de rodajes. Sin embargo, también rechaza que cualquier tiempo pasado fuese mejor. “Han cambiado muchas cosas, pero no hay que pensar que haya sido necesariamente a peor”. Destaca, por ejemplo, la calidad de los cortometrajes: “No me arrepiento de ningún corto de los que se hizo en Baidefeis, pero en aquella época de efervescencia se hicieron muchos y si alguno no se hubiese rodado tampoco habría pasado nada”, analiza con la perspectiva del tiempo transcurrido. 

A su juicio, el problema preocupante pasaría por que quien quisiera hacer cine no pudiese, pero no cree que sea lo que está ocurriendo. Él sitúa el debate más profundo en que los jóvenes que pueden hacer cine “se van fuera cuando tenemos todos los elementos para que no tuvieran que marcharse”. Por eso este profesor de Comunicación Audiovisual anima a todos los agentes involucrados en el mundo del cine alcarreño a que busquen “sinergias” entre esa industria que desembarca en El Fuerte para rodar películas y series, unas administraciones que intentan aprovechar el tirón de los grandes rodajes creando por ejemplo rutas temáticas, unos jóvenes con inquietudes que no ven atractivos suficientes en su ciudad y una Facultad de Audiovisuales que todos los días mete en sus aulas alcarreñas a 200 muchachos. “Lo más difícil, que era tener todo esto, nos ha caído del cielo”, advierte De la Fuente, que anima ahora a una puesta en común. “Uno intenta hacer lo que puede, pero hay otras instancias que tienen mucha más capacidad para lograrlo”. 

Mientras se trazan planes más ambiciosos, la joven realizadora Elvira Ongil cree que se está volviendo a producir un reagrupamiento de aficionados alcarreños al cine que seguramente se traduzca en un nivel más animado de rodajes. Y esta vez son ellas las que mandan, como demuestra la MAC: por vez primera hay más realizadoras que directores, cuando en las cinco primeras ediciones hubo solo dos cortos con firma femenina. 

La propia Muestra Alcarreña pone tras la pista de otra buena noticia: el repunte del documental, un género menos trabajado antes que ahora. El que abrirá la cita, ‘El canto de la reina’, de Inés Espinosa, es un corto sobre la despoblación que ha recibido varios premios. Cerrará Salillas con un trabajo -más un vídeo- sobre la fotógrafa Eva García Herrero. Entre medias, Cinefilia mostrará uno de los tres documentales que estrenó en la última edición del Fescigu, sobre refugiados: se trata de ‘La vergüenza de Europa’, que ha supuesto, junto a ‘La voz de Zahra’ y ‘Frontera sur’, su regreso tras diez años sin rodar y cuatro sin estrenar. A estos proyectos se le suman los estrenados en otros foros por el equipo del fotógrafo Nacho Izquierdo, ‘Luchando por la dignidad’ y ‘La herradura’, ambos de marcado contenido social. Pero pronto habrá más: algunos directores vuelven a rodar y lo hacen para un documental, como ocurre con David Corroto o Isra Calzado. Éste último prepara un reportaje audiovisual enp profundidad sobre la reapertura del Teatro Moderno. Por vez primera, eso sí, sin el sello de Baidefeis. 

 

Luis Moreno: “Hay falta de recursos económicos, porque Diputación eliminó su ayuda a los cortos de la MAC, que eran un incentivo; el Ayuntamiento tampoco está espléndido y la Junta también cerró el grifo”, apunta Luis Moreno, autor de ‘La presa número 7’ o ‘250 bocadillos de mortadela’. Pero el principal motivo del bajón de producciones pasa, a su juicio, porque “hay gente que quiere hacer cine y está muy perdida, y para ellos es muy importante que haya cursos y talleres que les ofrezcan una formación básica para que sepan cómo se organiza un rodaje”, una atención que, en cambio, se ha descuidado en los últimos años. 

Julián de la Fuente: “Baidefeis fue un modelo que funcionó entonces, pero ahora hay muchas cosas que han cambiado”, asegura De la Fuente, profesor de universidad y director de cortos como ‘Nombre, grado, unidad’ y ‘Un turista entre un millón’. Considera que “ha habido un cambio de paradigma de las inquietudes creativas de la gente” y que tampoco se ha dado un relevo generacional: “los más senior hemos bajado el pedal y no hay renovación por el cambio de gustos y de inquietudes” entre los más jóvenes, por no hablar de que muchos de ellos se han marchado “porque para quedarse aquí hace falta tener más moral que el Alcoyano”. 

Isra Calzado: “No hay el entusiasmo que hubo antes por hacer cine, pero además ha cambiado el asociacionismo cultural de la ciudad, volcado en hacer un gran evento al año: el Maratón de los Cuentos en el caso del Seminario, la Abeja de Oro en la af/G... Y en algunos casos, para llevar adelante un proyecto puntual, se acude a una campaña de crowdfunding”, reflexiona Calzado, director de ‘Díselo tú’, protagonizado por Carlos Hipólito, o ‘Café solo’, que estrena este año. A su juicio, el cine hecho en Guadalajara está “en punto muerto” y quienes podrían recuperarlo, “esa gente que se ha marchado, ya no vuelve”. 

Alberto Sanz: “Hay varias causas que explican que haya menos rodajes, pero una de ellas puede ser la retirada de la subvención de Diputación para los cortos de la MAC, que desde luego ha coincidido en fechas. Aunque eran 300 euros por cortometarje, y no cubría todo, sí nimaba a la gente a sacar la cámara y podía recuperar algunos gastos”, asegura el presidente del Cineclub, que organiza la Muestra Alcarreña de Cortometrajes. ”Pero también es cierto que el descenso de cortos que hubo en las pasadas ediciones coincide con el cambio al Fescigu o con aspectos como que varíen los formatos y lo que graban los jóvenes ahora”. 

Raquel Salillas: “Quienes hacemos cine ahora en Guadalajara y somos más jóvenes estamos todavía conociéndonos, no vamos aún al ritmo que tuvieron otros hace diez años”, asegura Raquel Salillas, con cuatro cortos documentales firmados y algunas colaboraciones en rodajes de otras realizadoras alcarreñas. “En muchos casos, somos gente que estamos fuera de Guadalajara, pero es que además tenemos problemas de tiempo y de precariedad laboral”, alude esta amante del documental, que echa de menos un punto de encuentro como Baidefeis y que descarta que la falta de ayudas sea una causa determinante a la hora de ponerse a rodar. 

Elvira Ongil: “Ha cambiado el modelo de rodaje, antes era más asociativo y ahora depende más de proyectos personales, aunque desde Contrapicado queremos volver a aquello de entonces y en los últimos rodajes ya hemos conseguido un clima parecido al que había”, asegura la joven realizadora. “Ahora es más fácil acceder al material de rodaje y es más sencillo juntarse para rodar sin tanta gente ni tanto presupuesto”, admite, aunque es importante formar equipos: “Yo noto que tengo apoyos, en cuanto necesitas gente o material, hay quien acude, porque nos vamos conociendo poco a poco y en nuestros talleres intentamos hacer red”. 


LA MAC, TERMÓMETRO DEL CINE ALCARREÑO

La Muestra Alcarreña de Cortometrajes nació en 2003 en el Fescigu, entonces en el Palacio del Infantado, como un escaparate de cortometrajes hechos en Guadalajara. Uno de sus impulsores, Julián de la Fuente, recuerda que ya en sus orígenes supuso la herramienta necesaria para mostrar que en la ciudad se hacía cine, ya que había cintas que pasaban desapercibidas. A partir de ahí, el debate sobre su inclusión o no entre la programación del Festival de Cine Solidario, un gigante de programación en comparación con la MAC, sigue vigente, tras varias idas y venidas. La última ha sido su salida de este marco, con cierto éxito: se ha pasado de que sólo hubiese cuatro cortos a proyectar en 2015 a que esta vez sean ocho.

Las razones las analiza el presidente del Cineclub Alcarreño, la asociación organizadora de la cita. “Todos siempre tuvimos muy claro que el Fescigu era el marco en el que tenía que estar la MAC”, pero el descenso de cintas enviadas y de público en su regreso al Fescigu en las dos últimas ediciones ha obligado a reconsiderar la opción de retrasarlo a diciembre, coincidiendo además con la iniciativa estatal El Día Más Corto. “El plazo para recibir las obras se amplía así y permite que lleguen algunas hechas en verano, que es un buen momento, mientras que para el Fescigu tienen que estar enviadas en junio, lo que deja algunas fuera”, reflexiona Sanz. Además, la cita recibe más atención por parte del público: “En el Fescigu, que tiene tanta programación, pasaba un poco de puntillas”. Lo subraya también la realizadora Elvira Ongil: “Es una manera de revitalizarlo, se le da un protagonismo que había perdido en el Fescigu, donde estaba porque parecía el marco adecuado”. 

El presidente del Cineclub también se inclina a hacer “autocrítica”: en la décima edición se sustituyeron los incentivos por participar para todos los participantes por premios a los ganadores. No se repitió más, pero “pudo ser un error” que a algunos habituales les haya hecho desistir de enviar títulos en las siguientes ediciones.


Reportaje publicado originalmente en el número de papel trimestral de Invierno 2016/17 de Cultura EnGuada.

 

 

 

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