Fescigu, una historia de fuerzas de voluntad

Raquel Salillas estrenó el documental ‘Fescigu, detrás de la pantalla’, que muestra el trabajo voluntario que en la última edición hubo para que saliese adelante un festival menguado en presupuesto. • La directora del cortometraje moderó en el San José un debate con otras voces del cine alcarreño para hablar sobre la financiación del festival.


No hay un Fescigu, sino dos. Uno es el que se ve: el que viene ofreciendo desde hace doce años cortometrajes de calidad y cine de contenido social, siempre con alguna cara conocida en el jurado y con los premiados felices recogiendo sus galardones en la última jornada. Otro es el que no se ve. La sala de máquinas: el de esa treintena de personas que echa una mano para que todo salga adelante, el de quienes curraban por amor al arte cuando había 90.000 euros de ayudas en el presupuesto y lo siguen haciendo ahora más todavía cuando, con apenas 30.000, tienen que obrar el milagro de sostener una nueva edición.

Esta otra es la historia de fuerzas de voluntad que cuenta Raquel Salillas en ‘Fescigu, detrás de la pantalla’, el documental que estrenó este miércoles ante medio centenar de espectadores en el Salón de Actos del centro San José y al que siguió un debate entre algunas voces representativas del séptimo arte en Guadalajara.

La joven realizadora, que precisamente colaboró como voluntaria en la edición del año pasado, intercala en su cinta pasajes grabados del festival con entrevistas al director y sus ayudantes, así como a numerosos voluntarios, y escenas de películas. Logra así un equilibrado relato con el que recrea de manera emotiva el ambiente que viven quienes organizan el que seguramente sea uno de los tres eventos más importantes del panorama cultural arriacense.

Este documental de 17 minutos, que recuerda cómo surgió el Fescigu, se detiene en las dificultades de producción de cada edición y acaba respondiendo de manera coral –no podía ser de otra forma– a la pregunta de para qué sirve el cine. Pero, en realidad, la pregunta que subyace en todo momento es otra, muy directa: ¿Cómo es posible que el Festival de Cine Solidario de Guadalajara (Fescigu), que siempre tiene cada próxima edición en vilo, salga finalmente adelante? La fórmula combina tesón y amor al arte. No es gratuito que el último fotografama del documental muestre los nombres y apellidos de cuantos desinteresadamente participaron en la última edición.

Un festival de puta madre”

De la categoría del festival en el panorama general, aun con su acento social y su metraje reducido en su sección oficial, hablaron ayer en la mesa redonda casi todos los invitados, desde el director Luis Moreno hasta Pedro Solís. El director de animación, doble Goya por ‘La Bruxa’ y ‘Cuerdas’, bromeó con su gira por certámenes y muestras, donde ésta última ha recibido más de 130 premios. “He hecho este año un master en festivales y ya sé que el de Guadalajara está de puta madre”. Y subrayó: “Además es un festival en el que los cortometrajistas nos encontramos muy a gusto; yo sólo oigo cosas buenas del Fescigu”.

La misma impresión tiene el realizador de cortos y crítico de cine Isra Calzado, expresidente de Baidefeis: “Ya es un festival de referencia, nos queda terminar de creérnoslo”. E insistió en varias ocasiones en que sean las instituciones de la ciudad las que en primer lugar lo hagan, fomentando la promoción del evento, buscando sinergias –por ejemplo con el turismo– y aumentando el apoyo económico: “Cada año tenemos más contenidos, más calidad, pero las ayudas menguan más”.

La joven cortometrajista Elvira Ongil, de Contrapicado Films, recordó que fueron las primeras ediciones en el Infantado, cuando ella tenía 14 años, las que la inclinaron a pasar de ver a hacer cine. Y sobre el tema central del debate, denunció como “paradójico” que quienes llevan a cabo iniciativas culturales tengan que ‘mendigar’ el respaldo de las administraciones: “Notamos una falta de interés y te sientes molesto pidiendo ayudas, cuando deberíamos sentirnos orgullosos. También las instituciones deberían sentirse orgullosas”.

Ampliando las vías de financiación

Tarde o temprano, el debate sobre el Fescigu desemboca siempre en el presupuesto. También ocurrió en la mesa. El director del festival, Luis Moreno, se extendió al recordar que “el presupuesto esta mañana a las nueve era de cero euros” y admitió, más allá del reproche generalizado y habitual de falta de más apoyos de la administración, que “también el sector privado tiene que dar ese paso y tenemos que hacerle atractivo para que invierta en el Fescigu”, abriendo aquí otra de las vías que pueden contribuir a sostener el evento.

El Fescigu está impulsando, de hecho, otras alternativas, como el ‘micromecenazgo’ o la subida de la entrada de 0,5 a 2,5 euros, que colabora en la financiación aunque sin hacer excluyente el pase para todo tipo de públicos, pero Moreno admite que la petición de colaboración tiene un techo: “no podemos pedir constantemente a los ciudadanos que nos estén dando dinero”.

Ocurre con el Maratón de los Cuentos, con el Tenorio Mendocino y también con el Fescigu: son los voluntarios quienes sostienen a estos gigantes que tienen el bolsillo vacío pero el alma henchida. Salillas ha tenido el mérito de situar ahí mismo los focos. “Pensé que si la gente veía todo ese trabajo que había detrás del Fescigu, se valoraría más”. Así que misión cumplida.


Aquí puede ver el documental de Raquel Salillas:

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