La novia alcarreña de Manolete y la fatalidad

Penélope Cruz da vida a Lupe Sino, la amante del diestro, nacida en Sayatón • La pareja pasó algunas temporadas en esta localidad y en Fuentelencina • La película contribuye a rescatar del olvido a un controvertido personaje, maltratado por la España de la dictadura.


Corre el dato erróneo de que Lupe Sino era mexicana. Tal vez sea porque esta actriz, de la que nadie se acordaría si no fuese por su romance con Manolete, gozó en el país azteca del reconocimiento que España la negó. Pero tal vez sea también porque Antonia Broncalo Lopesino -tal era su nombre verdadero- era de Guadalajara. Es decir, de la provincia española de Guadalajara. Una alcarreña nacida en Sayatón y emigrada a Madrid con  catorce años de edad.

La mexicanidad de Lupe no es una mera anécdota. El error pone de manifiesto la tragedia más profunda, que anida en el retrato de un personaje con una biografía impresionante y que en los últimos tiempos comienza a salir del anonimato en que vivió. Colabora sin duda en esta tarea que el salto del blanco y negro a la gran pantalla en tres dimensiones tenga la mismísima cara de Penélope Cruz. Aunque su aparición también lo ha sido negro sobre blanco, con la biografía que la dedicó hace unos años la periodista Carmen Esteban.

'Manolete' es el título de la película que se estrena esta semana y que bien podría haberse titulado ‘Lupe y Manolete’, porque la película relata el romance entre ambos durante los cuatro años previos a la fatal cogida del torero, en 1947. El filme llega ahora a las salas españolas, aunque fue rodado hace ya seis años -con algunos escenarios de Matarrubia- y con nada menos que una figura de Hollywood, el actor Adrien Brody, metido en la piel y en el traje de luces del diestro, con el que tiene un indudable parecido físico.

Quién era Lupe Sino

“Lupe Sino era una mujer guapísima que llamaba la atención a primera vista”, asegura el periodista Rafael G. Zubieta. “Morena de melena ondulada, estatura media, ojos verdes y boca sensual, tenía una bonita cara redondeada y una mirada preciosa además de un cuerpo bien hecho, sin estridencias en las redondeces que resultaba armonioso y bello y una voz sugerente y agradable”.

Cruz, durante el rodaje de 'Manolete' / Foto: Premium Cine.Un bellezón fuera de dudas, pero un carácter difícil de juzgar. Arrebatadora o misteriosa, una buscona -según la famila de él- y una serpiente -según la cuadrilla del torero, que hoy más bien diría “víbora”-, aunque para otros más bien era una adelantada de su tiempo, como cada vez más la está juzgando el paso del tiempo, la alcarreña Lupe Sino fue en todo caso la  mujer que permaneció al lado del torero Manolete en los años previos a la fatal cornada en Linares. Dicen que Lupe fue, de hecho, el verdadero amor de Manolete, quien no habría tenido a nadie igual a su vera. 

Pero eso fue al cabo de los años. De hecho, Lupe Sino sólo fue Lupe Sino cuando se decidió a iniciar carrera cinematográfica y tomó este nombre artístico de la composición de su segundo apellido, Lopesino. Hasta entonces había sido más conocida como Antoñita, una niña nacida en marzo de 1917 y crecida en Sayatón que a los catorce años emigró con su familia a Madrid para trabajar como criada, en una historia que, por lo demás, ha sido cientos de veces contada por las abuelas guadalajareñas que han protagonizado el éxodo rural.

Incluso en su salto al cine, la joven destacó siempre más por su atractivo que por sus dotes actorales, aunque le alcanzaron para ganarse algún papel secundario en películas importantes de la época. No obstante, la fama con mayúsculas le llegó cuando el torero cordobés Manolete posó sus ojos sobre ella y decidió fijar una cita en la coctelería Chicote. Fue la también actriz Pastora Argentina, amiga de ambos, quien ejerció como celestina. Corría el año 1943, en la más austera posguerra española. Comenzaba para ellos un turbulento romance, con idas y venidas de España a México.

Una relación nada convencional

Carmen Esteban, que dedicó una biografía a la artista, la considera “una mujer adelantada a su tiempo” y “la primera chica ye-yé de los años sesenta”, un carácter opuesto a la constreñida moral católica de entonces sin el que no habría sido posible que formase con Manolete “una pareja moderna, de dos transgresores que, a pesar de sufrir la oposición por parte de la madre del diestro, siguieron adelante”.

La suya tenía todas las trazas para convertirse en una potente historia de amor entre una actriz preciosa y el torero del momento, con todos los ingredientes para el papel couché, pero ocurrió en una España recién salida de una tragedia fraticida, donde todavía resonaban los disparos en las cunetas y en la que el catolicismo más integrista imponía una moral puritana. El romance sin paso por el altar y con la inquebrantable oposición de la madre del torero, doña Angustias, siguió adelante entre obstáculos y censuras. Duró cuatro añós, hasta que Manolete perdió la vida en la enfermería de la plaza de Linares, tras la cornada de Isleño.

La verdadera pareja, en un retrato de la época: Lupe Sino y Manolete.

“A la muerte del torero, caería sobre ella una plaga bíblica de infamias y calumnias. Hoy doña Lupe Sino, la amante de Manolete, hubiera sido la viuda de España y una reina de la prensa del corazón. Pero eran otros tiempos. Y ella, una chica topolino”, ha escrito el periodista García Francés.

A similares conclusiones ha llegado también el importante periodista andaluz Antonio Burgos: “Con su cornada en el triángulo de Scarpa, el toro había roto la vida de Manolete, pero también los lados del triángulo amoroso de su vida. Su novia Lupe Sino nunca pudo entrar a verlo morir en el hospital de Linares”, recuerda el cronista, en referencia a que Manolete prefirió que su novia no pasase a la habitación. “También se quedó fuera del ciclo romancesco de las coplas de la muerte del torero, porque en aquella España nacional y católica no tenía un anillo con una fecha por dentro, era el amor del pecado, y Manolete había ido al cielo”.

El final

Ha pasado el tiempo y Lupe Sino, la actriz nacida en Sayatón de belleza arrebatadora, da protagonismo a una historia de amor -que no de toreo- mostrando uno de los rostros más internacionales del cine español, aunque los rasgos de Penélope no resulten del todo fieles a los retratos en sepia de la alcarreña.

Durante años, en cambio, el nombre de Lupe Sino era un tabú en las coplas, que era el modo en que una figura de la sociedad de su época salía por la puerta grande de una tragedia como la de Manolete. Sólo el Príncipe Gitano cantaba en un tango que “la novia de Manolete / ya no lleva más collares / porque Manolete ha muerto / en la plaza de Linares”.

Penélope Cruz, como Lupe Sino / Foto: Premium Cine.“No lo dejarán que se retire hasta que no lo vean muerto”, dicen que había dicho la actriz de su novio, que efectivamente murió en plena faena y que, al parecer, tenía planes de cortarse la coleta dos meses después y disfrutar de un retiro definitivo con su amante. Quien sabe si su destino no habría sido la Alcarria, donde a menudo la pareja buscaba refugio de las turbulencias de su agitada vida pública. Así había ocurrido durante una larga temporada de 1946 en Fuentelencina, donde vivía una hermana de Lupe, o en Sayatón, donde veranearon los amantes.

No fue así y Lupe ni siquiera se despidió de su querido tras la trágica cornada en el coso de Linares. Según unos, porque el torero agonizante podría haber precipitado una boda in extremis. Según otros, porque el diestro prefirió no verla cuando le preguntaron si quería que ella, que esperaba al otro lado de la habitación, entrase.

Murió Manolete, pasaron los años, Lupe se casó con un abogado mexicano llamado también Manuel Rodríguez, como el torero, se divorció la alcarreña y volvió a Madrid, donde le sobrevino de forma inesperada la muerte en julio de 1947, hace ya nada menos que 65 años. Ya cuando se despidió de este mundo pocos se acordaban de Lupe. “Desde la muerte del torero, cayó sobre ella una maldición de habladurías y maledicencias que la borraron del mapa”, según Zubieta. Tanto olvido cayó sobre su nombre que algunos ahora sólo la recuerdan vagamente. Como la novia mexicana de Manolete.


Un personaje “difícil”

La película que se estrena este fin de semana en varias salas españolas -entre las que no están los Multicines de Guadalajara- intenta trasladar esta tensión dramática a la gran pantalla. “El personaje de Lupe fue el más difícil de crear porque en la película hay una especie de misterio”, aseguraba en una entrevista el director danés, Menno Meyjes.

“Al principio se ve a los dos personajes protagonistas y resulta terrible, uno se pregunta por qué es así, resulta extraño. Sin embargo, a medida que transcurre la película se dan algunas claves para entender esa especie de misterio, por eso para mí era importante explicar muy bien el personaje de Lupe Sino, cómo va cambiando su actitud y sus sentimientos hacia Manolete”, argumentaba Meyjes, consciente de la singularidad de esta figura. “De Manolete se ha escrito mucho, es un personaje conocido, pero el de Lupe ha sido complicado durante mucho tiempo, aunque creo que al final lo hemos conseguido”.

La promoción de la película retrata a Lupe como “una mujer hermosa, de pasado oscuro, descarada, orgullosa y tierna”, capaz de enamorar perdidamente a Manolete para hacer que su éxito “quede en segundo plano”.

Respecto al parecido físico con Penélope, en cambio, los propios productores admiten las diferencias: “Aunque Lupe Sino y Penélope Cruz son ambas mujeres bellísimas, no existe como en el caso de Adrien y Manolete ninguna característica física que las asemejara”, aspecto resuelto con la búsqueda de un referente como Ava Gardner, “una mujer tan guapa, inteligente y problemática como Lupe Sino”. Y con un toque que humaniza la belleza a menudo demasiado perfecta de Penélope: un diente de oro.