El empuje del cine ‘low-cost’

Nos colamos en el último rodaje de la asociación azudense La Quimera en Corto, ‘El hombre de la habitación roja’. • Este grupo produce a bajo coste su décimo quinto cortometraje en apenas cinco años de trayectoria.


Parking. Interior. Noche.

Angustiada, una chica (Cristina Eiriz) huye a través de las sombras. Tiene un enorme moretón en el rostro. Tras ella, a toda velocidad, le persigue… un cámara en monopatín.

“Vale, chicos, cortamos”. Es Víctor, el propio operador, el que da por finalizada la toma al final del recorrido. Aquí no hay grandes alardes técnicos: a medio camino entre el (hoy olvidado) movimiento Dogma y el puro y duro cine ‘low-cost’, la asociación La Quimera en Corto afronta un nuevo rodaje aprovechando la luz natural –en este caso, los fluorescentes del subterráneo– y con un veloz patinete a modo de ‘travelling’, además de tirar de amigos y colaboradores –alrededor de una media docena se ha prestado a esta aventura–, ya sea para protagonizar el casting de la película o para realizar alguna tarea de producción. “Nos gusta rodar en sitios que controlamos y con gente de confianza, para no tener que pagarles”, afirma sonriente Laura Benito, una de las artífices de este nuevo proyecto, ante el abucheo, en tono jocoso, de los miembros del equipo.

No hay tampoco monitor –‘combo’, en argot técnico–. Daniel Ramírez, el director, revisa a posteriori todas las tomas en el pequeño LCD de la Nikon D7000, una cámara fotográfica que permite grabar vídeo Full HD. Un reflector, algunos focos led y un micro conforman el resto del equipamiento; un ejemplo más de la llamada ‘democratización de la tecnología’, donde hoy día es posible adquirir un equipo de grabación semiprofesional a precios realmente interesantes, lejos de los altísimos presupuestos de antaño.

“Para nosotros es muy fácil, porque no dependemos de nadie. Ya disponemos de los materiales, así que cada vez que queremos hacer un corto nos ponemos a ello y ya está. Intentamos también no tener que estar dependiendo de permisos y demás… cuanto más autónomos seamos tanto en la grabación, como en el montaje, como en la postproducción, mejor”.

Un pequeño y acogedor piso en la azudense Avenida de Europa sirve como set principal y centro de producción. Daniel vuelve a revisar lo recién grabado, ahora en la pantalla de un ordenador. El corto se titula ‘El hombre de la habitación roja’, y sigue la estela de ‘La noche más larga’, el corto de terror, suspense y paranoia que estrenaron el pasado año. “Pero no es una secuela propiamente dicha”, aclara, “aunque guarde cierto parecido estéticamente y repitamos ciertos planteamientos: chica sola en un apartamento, de noche… pero es completamente diferente, con otros personajes. Esta vez es algo más sádica, y me apetecía tocar el subgénero del asesino en serie”.

A tres cortos por año

Quince cortos en apenas cinco años de existencia es el tremendo bagaje de esta imparable asociación cultural, “aunque algunos están mejor que otros” se apresura a puntualizar Laura. Su estímulo está claro: contar historias y seguir participando en la Muestra Alcarreña de Cortometrajes, aunque a veces les pica tanto el mono de hacer cine que igual realizan algún nuevo corto “sólo para disfrutar y lanzarlo por YouTube”.

Esta vez la convocatoria les ha pillado con el pie cambiado –el plazo se ha adelantado debido a que la MAC vuelve este año al Fescigu–, pero creen que llegarán a tiempo para poder presentarse. ¿Ellos y cuantos más? “Yo tengo la sensación de que antes se hacían más cortos”, confiesa Daniel; pero aun siendo menor en cantidad la cosecha de cortos alcarreños, “a mí me encantaron todos los cortos que vimos el año pasado en la MAC; creo que sigue saliendo gente nueva y yo me fui con muy buena sensación”.

Más allá de la cita que anualmente organiza el Cineclub Alcarreño, raramente participan en algún otro certamen: “Lo de los festivales nos da mucha pereza: manda copia en DVD allí, inscríbete allá…”. No anhelan grandes ambiciones artísticas. “Sí que nos gustaría comprarnos más equipo, para poder realizar planos más elaborados… pero no pensamos más allá del próximo corto”. Laura se muestra prudente –¿el ‘cholismo’ hecho cine?–, pero Daniel, entre risas, confiesa: “Bueno, algún día haremos la peli, pero es que llevo diez años dándole vueltas al guión”.

Fin del descanso. Los actores se turnan para pasar por maquillaje y el equipo prepara la siguiente secuencia. El final de esta historia lo descubriremos dentro de unos meses en la gran pantalla de la MAC.

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