“La mayor alegría ha sido darle el Goya a mi peque”

“Ganar un Goya es muy difícil, que nadie piense que esto es como ver ganar a Nadal”. • El flamante ganador de un Goya por ‘Cuerdas’, el alcarreño Pedro Solís, comenta para Cultura EnGuada sus sensaciones durante la ceremonia. • “Tenía la espina clavada del premio por ‘La Bruxa’ de no olvidarme de la gente de Guadalajara”. • El director galardonado confía en que el premio dé un nuevo impulso al corto para que gire más con su “vocación educativa”.


Dos citas inexcusables tenía hoy Pedro Solís, después de ganar un Goya anoche. La primera, burocrática: renovar el DNI. Así que a las nueve de la mañana del día de ‘resaca’ de los galardones ha acudido a la comisaría, donde le han reconocido sus paisanos, y ha cumplido con el trámite. Por cierto, ha estado a punto de dejar el cabezón del pintor aragonés metido en el maletero mientras se renovaba el carné, aunque al final lo ha dejado temporalmente custodiado en casa de sus padres.

La segunda cita ineludible ha sido mucho más emotiva: mostrarle el ‘cabezón’ a su hijo Nicolás, en quien se inspira uno de los tiernos personajes de la emotiva historia de ‘Cuerdas’. “He tenido muchas felicitaciones [en las últimas horas], las más emotivas las de la familia, pero la mayor alegría ha sido ver esta mañana a mi peque [Nicolás] y llevar el Goya a su colegio”, el centro de educación especial  donde está matriculado y con cuyos trabajadores ha compartido el galardón: “Son una gente extraordinaria que está hecha de otra pasta”.

Así ha comenzado la jornada de lunes para Pedro Solís, el cineasta alcarreño que ha vuelto a obtener el máximo galardón de su categoría (mejor corto de animación) por el segundo trabajo que firma, después de que en 2011 lo ganase con ‘La Bruxa’.

La experiencia en la ceremonia

¿Cómo ha vivido esta nueva experiencia? ¿Más relajada, al repetir? Todo lo contrario. “Estaba emocionadísimo” y más inquieto en los instantes previos: “He estado igual de nervioso que la otra vez o incluso más”, aunque en esta ocasión, avisado por la experiencia, se ha hecho con la escaleta y conocía de antemano que su momento, de llegar, sería en la quinta entrega de premios de la noche. “Aún así, en los minutos previos estaba muy nervioso, pero fue escuchar el nombre del corto y mi nombre y se me pasó, me relajé”.

Fue entonces cuando saltó al escenario, dedicó el premio a todo el equipo, a la “gente de Guadalajara” y, de manera muy especial, a su familia. La dedicatoria a los amigos alcarreños, tan bien recibida en la ciudad, tiene su explicación más allá de lo evidente: “Lo tenía también pensado cuando salí a recoger el Goya por ‘La Bruxa’, pero entonces se me olvidó con los nervios,  me había quedado con esa espinita clavada”. Esta vez le parecía imperdonable no recordarlo y lo hizo: “Me tenía que acordar de los amigos y también de esas otras personas que sin tener una relación tan directa estaban muy pendientes”.

Compartió la gala con su mujer, aunque también estaba su hija Alejandra a unos metros,  y dejó esta vez el teléfono apagado hasta que ya tuvo el Goya en sus manos. Los minutos posteriores ya comenzaron a ser un incesante intercambio de mensajes que se ha prolongado durante estas horas. “Me perdí parte de la gala”, reconoce. Su proximidad al pasillo, para los más curiosos, no era síntoma de su seguridad a la hora de resultar ganador: “A todos los nominados nos ponen cerca del pasillo y, además, nos asignan un asiento concreto para que nos enfoque la cámara cuando nos citan como nominados”.

Para quienes consideren que ganar un Goya es coser y cantar al ver que Solís lo ha obtenido con los dos trabajos que ha dirigido, el propio cineasta alcarreño avisa: “Puede parecer que esto es tan fácil como ver ganar a Nadal, pero nada de eso: ganar un Goya es muy difícil”. De hecho, es un trabajo tremendamente agotador y cuando acabó 'La Bruxa' pensó que no volvería a hacer otro. Se opuso a este propósito la idea de la nueva historia, que se le ocurrió haciendo ejercicio en la llamada Ruta del Colesterol, como relataba en la entrevista de julio de 2012 en Cultura EnGuada.

Estar en los colegios

El alcarreño, nacido en Barcelona, confía en que el premio dé un reimpulso a la exhibición del corto sobre todo en los colegios. Aunque ya cuenta con la recomendación especial del Ministerio de Educación para que sea proyectado en los centros educativos, cree que el premio puede empujar en la misma dirección: “Este corto tiene una vocación educativa clara para ser pasado en los colegios y que sirva, en su medida, para sensibilizar sobre los niños que no lo tienen tan fácil”, así como que, en general, el público admita que a menudo sobredimensiona los problemas que cree tener cuando no se enfrenta a realidades como la que muestra la cinta, la parálisis cerebral, que Solís y su familia viven a diario.

Todo esto lo hace, en el caso de ‘Cuerdas’, conmoviendo al espectador y sin renunciar a una narrativa que busca entretener “y que no deje a nadie indiferente”. Solís tenía algunas dudas sobre si la maquinaria publicitaria de su película había logrado difundir en condiciones las virtudes del corto. Márketing aparte, Solís este lunes bromea feliz: “¡Creo que al final cada uno vota lo que le da la gana!”. Está exultante.

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