Una ola de cultura femenina y plural

Ellos están al mando en la cultura alcarreña, pero ellas llevan la iniciativa en la práctica. Varios proyectos, con el Colectivo de Mujeres Artistas a la cabeza, sitúan en la vanguardia de la creación en la provincia a las féminas, que se están asociando para ganar la visibilidad que una sociedad machista tradicionalmente les ha negado. • El concepto emergente de ‘sororidad’ casa bien con una forma de hacer cultura cooperativa, crítica y fértil que en Guadalajara ha iniciado una dinámica imparable.  Recuperamos el reportaje principal del dossier del número 18 impreso de Cultura EnGuada.


Una alumna del Grado de Comunicación Audiovisual detiene al transeunte en mitad de la Plaza Mayor de Guadalajara y le pregunta si puede grabarle unos segundos contestando a tres preguntas. El ciudadano asiente y ella enciende la cámara. ¿Cuál es su película favorita? ‘Apocalypse Now’, de Coppola, responde tras dudar entre varias. ¿Puede decir tres nombres de directores? El cuestionado asiente y escoge sin problemas entre un abanico amplio de opciones incluyendo, claro, al propio Coppola. Después, la alumna le formula la misma pregunta, pero con tres nombres de mujeres. El encuestado traga saliva, mira al infinito perdido en el poliuretano del solar y contesta con esfuerzo... Iciar Bollaín... Isabel Coixet... Y... ¡Sophia Coppola! Podría haber dicho otras, pero en ese momento se le ocurren solo esas. No es fácil responder una pregunta a bocajarro mientras te graban. Así que resopla aliviado cuando, para superar la prueba, acude a Sophia, la hija de Francis Ford. La estudiante apaga la cámara y le informa de que ha sido el único en lo que va de mañana que ha logrado citar tres nombres de directoras. Nadie -tampoco él- ha mencionado como su película preferida una dirigida por una mujer. Precisamente de eso trata el trabajo en el que anda enfrascada la estudiante: demostrar lo que cuesta reconocer la labor de las mujeres cineastas.

La anécdota es real. Pero se puede pensar también en citar el nombre de tres pintoras. O de tres escultoras. Incluso de tres escritoras. No digamos ya de tres filósofas o de tres arquitectas. De una, al menos. En esas profundas lagunas reside la invisibilización de las mujeres artistas, uno de los procesos contra el que se revuelve la cultura feminista, en una tarea que pasa por recuperar una larguísima nómina de referentes históricos que han sido borradas de los libros de historia del arte.

Algunas de estas artistas olvidadas desarrollaron su labor en la provincia de Guadalajara: las poetas árabes Hafsa Bini Hamdún y Umm Al-Ala Yusuf; la primera mujer catedrática de universidad de Europa, la atencina Luisa de Medrano; la primera redactora de un periódico, Carmen de Burgos, que fue maestra en la ciudad, como lo fue en Atienza otra pionea que abrió brecha desde numerosos frentes: la astrónoma, periodista, profesora y activista -sobre todo activista- Isabel Muñoz Caravaca... ¿Qué recuerdo tiene la historia de Guadalajara de María de Cazalla o de Mencía de Mendoza? ¿Cuánto le debe la ciudad a las bibliotecarias Luisa Cuesta o Juana Quilez? ¿Por qué resulta tan trabajoso acordarse de ellas? ¿De cuántas otras no sabemos nada? Estas guadalajareñas olvidadas de su cultura son (deben de ser) muchas más. Pero, como en el cuestionario en plena calle grabado por la alumna de Comuicación Audiovisual, sus nombres exigen un esfuerzo extraordinario para ser recordados.

La de visibilizar, por supuesto, no es la única tarea que se ha impuesto la mirada feminista sobre la cultura. Ellas luchan también para potenciar su labor y por ofrecer un discurso alternativo al que han impuesto los hombres en el arte, el cine o la literatura. Todo esto puede verse y tocarse ahora mismo en la Sala Azul del Palacio del Infantado, en la exposición ‘Mujer anuncio, mujer denuncia’, la tercera que ha organizado el Colectivo de Mujeres Artistas de Guadalajara, con nada menos que 23 creadoras nacidas o residentes en Guadalajara. Su discurso coral arroja, desde planteamientos y técnicas plásticas muy diferentes, un mensaje rotundo contra la utilización sexista del cuerpo de la mujer en las portadas de las revistas o los ‘spots’ televisivos. Tras un proceso de reflexión conjunto, han utilizado los mismos mimbres que la publicidad para hacer trizas los moldes machistas, para plantear la necesidad de cambiar el relato, de que la mujer no sea un mero objeto de deseo para el hombre o un maniquí estúpido para sus propias compras. Porque ellas también se han devorado a sí mismas en la espiral del consumismo.

Estos mensajes directos, sexistas y jerarquizados nos imponen un canon de belleza distorsionado, con modelos de esclavitud asumida desde la infancia y la adolescencia, relegadas a patrones de trabajos reproductivos, potencialmente sexualizadas o apartadas de la sociedad simplemente por el hecho de cumplir años, es decir, usadas o desechadas”, denuncian las artistas Inma Haro y Maite Marina en el texto de un panel que recibe al visitante de esta exposición, abierta hasta el 23 de diciembre.

Este colectivo ya había llevado a cabo otras dos muestras. En su estreno en 2015 con ‘Asombras’, que también pasó por el Infantado, las artistas ofrecieron toda una declaración de intenciones con una colección de propuestas feminista, colaborativa, transgeneracional, interdisciplinar e interactiva. Fue el mismo camino que siguieron un año después, en ‘Un pecho y una teta’, planteando reflexiones artísticas en torno a esta zona de la anatomía femenina. “La parte del colectivo que me interesa es la de lucha”, decía en aquella inauguración la ilustradora Ana Ongil. “No es casualidad que se tengan que juntar 19 ó 20 mujeres para hacer una exposición. Es necesario y oportuno. Si no tuviéramos ese tinte, no me interesaría tanto este colectivo”.

El 25 de noviembre

En Guadalajara bulle el arte con mirada de mujer. Especialmente en torno al 8 de marzo o al 25 de noviembre. Por los correos electrónicos, los grupos de Whatsapp y la redes sociales circularon como la pólvora a finales del mes pasado, con motivo de la celebración del ‘Día Internacional en contra de la violencia hacia las mujeres’, los carteles de varias actividades con acento reivindicativo. “Otoño rima con coño”, se podía leer en los mensajes más deslenguados. La cultura convocaba al feminismo durante una semana intensa de actos para reflexionar sobre los caminos que todavía quedan por transitar. Lo hicieron desde la Asociación de la Prensa de Guadalajara, con una mesa redonda con presencia de representantes de asociaciones que trabajan por la igualdad, hasta la Plataforma Feminista de Guadalajara, en su caso con toda una jornada de sábado en la que se dio cabida a un videofórum, la proyección del cortometraje ‘Don Federico’ de Elvira Ongil, un concierto de Ana Iglesias, una ‘jam session’ de poesía y un coloquio sobre los estereotipos de la mujer en el universo audiovisual.

El resto del año la tarea sigue abierta. Las mujeres siguen pergeñando propuestas artísticas, pero la gestión se decide cada mañana a las nueve en despachos que tienen a la entrada el nombre de un señor. Sólo hay una mujer en un puesto de responsabilidad en los organismos públicos alcarreños. El consejero y el viceconsejero de la Junta son hombres. También el diputado provincial del área y su jefe de servicio. Como el concejal del ramo, su gerente del Patronato Muninicipal, el director del Teatro Buero Vallejo o el responsable de la programación del Museo Francisco Sobrino. El Conservatorio Profesional de Música lo dirige un hombre. Otros dos, el Museo de Guadalajara y la Biblioteca Pública. Hombres son el vicerrector de la Universidad de Alcalá y el director del Centro Asociado de la Uned. En la foto de junio de la presentación del Mapa de Bibliotecas del Consejo de la Lectura y Bibliotecas de Castilla-La Mancha aparecían diez hombres y una única mujer. Todos los grandes focos institucionales de la cultura alcarreña, excepto la Escuela de Arte, están en manos masculinas. Los presupuestos -sean muchos o pocos, que ése es otro debate-, también.

Pese a ello, en la práctica de la cultura -y en particular del arte- ellas son mayoría en Guadalajara. En la exposición de ilustraciones del último Maratón de los Cuentos que este mes de diciembre se puede ver en el Palacio de Dávalos, sede de la Biblioteca, hay 31 artistas frente a 12 colegas varones. Ellas son más y llevan la iniciativa. Están en el Maratón, un hervidero de inquietud artística, pero también detrás de iniciativas ambiciosas y sorprendentes que han surgido en los últimos meses como ‘Discípulas de Gea’, donde 36 artistas, todas mujeres del Corredor del Henares, se han unido para crear un libro de 108 páginas de autoría coral, que combina poesía, relato, fotografía e ilustración y que reivindica “un mundo libre, justo e igualitario”. Lo han hecho con fines solidarios, al dedicar los ingresos que obtengan por la venta -de momento de los 600 ejemplares de esta primera tirada- al programa de violencia de género y trata de explotación sexual de Guada Acoge. Para su puesta en marcha la editorial acudió a una campaña de ‘crowdfunding’ en la que consiguieron más de 4.800 euros a través del apoyo de 147 mecenas. “Teníamos la responsabilidad de hacer algo social, pero lo quisimos unir con la creatividad y el trabajo colectivo”, detalla el editor Iván Casuso para explicar los orígenes de la iniciativa. De las 18 artistas con las que inicialmente se puso en marcha el proyecto se ha acabado incluyendo al doble. Existía un enorme riesgo de que el resultado fuese corto de calidad o incongruente en el diálogo entre las obras, pero finalmente ha tenido una coherencia y un acabado que les ha asombrado.

Lo que más me gusta del proyecto es que ha partido precisamente de dos hombres que piensan que es fundamental nuestra labor, con nuestra voz y nuestra forma de crear, cada una en su disciplina. Y lo han hecho dándonos libertad absoluta”, asegura Belén Morata, una de las participantes que antes se sumó a este camino.

Discípulas de Gea’ participa de una dinámica imparable que se ha establecido en algunos ámbitos de la creación en la ciudad de Guadalajara, tejiendo redes y multiplicando, más que sumando, en cada nuevo espacio que se abre y en cada nuevo encuentro que se celebra. “En Guadalajara hay mucha gente inquieta, es el Berlín del Henares”, asegura Morata, medio en broma y medio en serio, acudiendo a un símil acuñado por la cooperativa Los Econoplastas para definir el dinamismo cultural que esiste a este lado del Corredor. “Hay un germen de creatividad en todos los sentidos, de gente que piensa más allá de su propia persona, ya sea en el tema de la mujer o en otros”, dice esta artista.

Cada poco, las creadoras alcarreñas abren un nuevo espacio para la reflexión, la concienciación y la solidaridad. Un ‘comadreo’ -a punto hemos estado de escribir compadreo- entre artistas que tiene ya un concepto de referencia: la sororidad. Esta palabra llegada del otro lado del océano alude, según el Diccionario de Americanismos, a la “agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo”. Desde el Consejo de las Mujeres de Cabanillas quieren que ingrese ya en el diccionario de la Real Academica de la Lengua y han impulsado una campaña de firmas para conseguirlo.

Precisamente Cabanillas del Campo acogió a principios de octubre la primera Feria de la Sororidad, que reunió a una treintena de empresarias, artistas, deportistas, activistas y colectivos con expositores en una plaza en la que se mostraron diversos ejemplos de emprendimiento, asociacionismo, creatividad, literatura o compromiso social y feminista.

Política cultural por la igualdad

Que la cultura es una herramienta clave para concienciar se refleja en uno de los principales centros de operaciones de la lucha por la igualdad, el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha. La agenda pública de su directora, Araceli Martínez, está cargada de presentaciones de películas y libros, inauguraciones de exposiciones, participaciones en mesas redondas o convocatorias de premios. Este organismo dependiente de la Junta ha puesto en marcha diversas líneas de reflexión por la igualdad desde la cultura. Entre ellas destaca el Centro de Documentación y Biblioteca ‘Luisa Sigea’, que impulsa propuestas de lectura como el reciente ‘Anaquel de las lecturas feministas’, con cinco lotes de 15 ejemplares cada uno en los que figuran títulos como ‘Feminismo para principiantes’ de Nuria Varela, ‘La ridícula idea de no volver a verte’ de Rosa Montero o ‘El cuento de la criada’ de Margaret Atwood.

La cultura puede ser conservadora y consolidar los valores que ya existen, que en nuestro caso son los del patriarcado, o puede ofrecernos otros universos, los de una sociedad libre de los valores machistas y por tanto sin sexismo, donde la habilidad de la mujer esté siendo plenamente reconocida”, explica la viceconsejera alcarreña. Trabajar por la igualdad desde el ámbito cultural resulta por tanto un frente imprescindible: “Hay que actuar desde el lado pragmático, desde el lado legislativo, pero también desde el lado simbólico para deconstruir la imagen que nosotras mismas vamos interiorizando en el proceso de socialización; aquí es esencial el papel de la cultura”.

A juicio de Martínez, exposiciones como las tres que ha organizado el Colectivo de Mujeres Artistas resultan admirables por su capacidad para combatir el machismo desde este universo cultural. “La violencia simbólica es una realidad y hay que trabajar desde el mismo plano y con las mismas armas, desde lo simbólico”, asegura, a la vez que valora que esta tarea la estén llevando a cabo las propias artistas alcarreñas con una participación y una implicación muy elevadas: “Me satisface como guadalajareña que tantas artistas sean capaces de unir sus esfuerzos y plantear metas comunes no sólo para sus intereses como artistas sino en favor de la sociedad, porque esto, que no sucede en otras partes de la región, dice mucho del colectivo, de cada una de ellas y de que Guadalajara es una provincia viva luchando contra el machismo”.

Otra forma de hacer cultura

Cuando llegué de Cuenca, donde estudié Bellas Artes, me di cuenta de que aquí no había una cultura tan potente como allí. A pesar de todo, cuando intentaba organizar cosas veía que la gente respondía, que hay un enorme talento”, rememora la jovencísima Sara Arias, que firma sus ilustraciones como Pimpilipausa y que sin levantar demasiado la voz es una de las agitadoras más capaces de la cultura arriacense. Aunque cree que en Guadalara no hay proporcionalmente más mujeres artistas que en otros lugares del país, piensa que en una ciudad pequeña esta “explosión” de iniciativas, algunas tan ambiciosas como el Colectivo de Mujeres Artistas o ‘Discípulas de Gea’, está teniendo en los últimos tiempos una mayor repercusión. Lo que hay, según considera, es un impulso casi inevitable: “Tenemos la necesidad de empoderarnos y darnos visibilidad, porque la mujer en el arte hasta ahora ha aparecido siempre como musa, no como artista a la que hay que valorar”.

Para Sara Arias, la sororidad aporta una forma de hacer las cosas que es útil en muchos niveles de la vida, pero que sitúa a las mujeres en la locomotora del cambio. “Se trata de compartir esa visión que tenemos las mujeres de luchar contra lo que la sociedad nos impone, algo de lo que tal vez nosotras seamos más conscientes”. Lo son a la fuerza, por el hecho mismo de ser mujeres en un mundo diseñado por hombres, pero esta forma de aportar respuestas alternativas a través de un sentimiento de hermandad sirve para muchos otros cometidos: por supuesto, luchar por la igualdad entre géneros, pero también en otros ámbitos en los que la forma de hacer de las artistas guadalajareñas se está poniendo en práctica.

Un ejemplo de todo esto fue la jornada Primavera Caleidoscópica que la plataforma ciudadana Abriendo Fronteras organizó en el Espacio Tyce el pasado mes de mayo, a modo de festival, y que reunió poesía, música, teatro, narración oral y otras manifestaciones artísticas en un mismo escenario y de manera cooperativa y desinteresada. “En Guadalajara hay muchas mujeres con esas ganas de luchar y de abrazarnos”, subraya Arias.

La sororidad alumbra nuevos caminos que cristalizan en iniciativas como el Colectivo de Mujeres Artistas, ‘Discípulas de Gea’ o Solares. Este último proyecto, recién nacido, está impulsado por jóvenes alcarreños e integra a creadores de ambos sexos y de diferentes disciplinas que comparten una visión crítica, sin ánimo de lucro y cooperativa de la cultura. “Desde Manantiales hasta el Alamín, desde el Jarama hasta las Tetas de Viana, incluso allende, hay noticias de seres humanos que hacen cosas”, se presentaban hace apenas unas semanas: “Solares sólo busca agitar un poquito más todo eso. Y ver qué pasa. Porque es necesario que pase algo”.

A día de hoy, lo más probable es que lo que vaya a pasar en Guadalajara sea plural y lleve firma de mujer.